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Aaron Sorkin otra vez dueño de la imagen: cuando el guionista se dirige a sí mismo y la película lo sufre

El esperado regreso al universo de "La red social" confirma lo que el propio filme admite en una línea de Bill Burr: el libretista necesita a un director que lo frene, y sin esa mano externa la historia pierde peso, luz y urgencia.

EH
Elena HughesCultura y herencia galesa · · 4 min de lectura
Aaron Sorkin otra vez dueño de la imagen: cuando el guionista se dirige a sí mismo y la película lo sufre

Cada vez que mi viejo me llevaba de chico al valle, yo me quedaba mirando cómo los gallos cantaban en cualquier momento del día sin que nadie les marcara un horario, y algo de eso me quedó: la idea de que quien escribe también necesita a alguien que le marque el ritmo. Por eso, cuando uno se sienta a ver "El precio de la red" ("pris y rhwyd", el precio de la red, como dirían los que aún hablan galés en el sur), aparece esa sensación de asistir a un talento enorme que se quedó solo en el escenario, con un megáfono y sin nadie que le diga cuándo bajar el volumen. Aaron Sorkin vuelve a poner sus manos sobre el mundo que construyó Mark Zuckerberg en "La red social" de 2010, pero esta vez no hay un David Fincher del otro lado de la cámara, y la diferencia se nota desde el primer plano.

La película llega como secuela espiritual del film que lanzó a Jesse Eisenberg y compañía, y también recoge cosas que Sorkin venía arrastrando: los aires de "The Newsroom" y un proyecto nunca terminado sobre el 6 de enero, que el guionista y director norteño lleva años intentando levantar sin que nadie lo termine de financiar. La expectativa era enorme, porque el reencuentro con ese universo prometía una revisión de qué pasó con Facebook en la última década. Lo que llega, según la crítica especializada que ya pudo ver el material, es un recordatorio de algo que se sabía: los libretos de Sorkin funcionan mejor cuando otros los filman.

El patrón que se repite

  • "La red social" (2010), dirigida por David Fincher, obtuvo ocho nominaciones al Oscar y ganó tres, y es el techo creativo de Sorkin como guionista.
  • "Steve Jobs" (2015), con Danny Boyle en la dirección, mantuvo la intensidad dialéctica del libreto en un envoltorio visual cuidado.
  • "Algunos hombres buenos" (1992), dirigida por Rob Reiner, sigue siendo el ejemplo perfecto de cómo contener al Sorkin más verborrágico.
  • "Molly's Game" (2017), su debut como director, fue recibida con benevolencia tibia por la crítica.
  • "El precio de la red" sería, según las primeras reseñas, el paso siguiente de ese descenso como realizador.

Sin esa mano externa, la película muestra lo que ocurre cuando el autor tiene el control total. Aparecen largas secuencias de diálogo que existen porque suenan bien leídas en voz alta, no porque la historia las necesite. Las escenas de interiores, muchas y muy conversadas, presentan problemas de iluminación llamativos, algo que llama la atención porque el director de fotografía es el mismo de "La red social". No hay urgencia en el montaje ni una sola imagen que trascienda lo funcional, y el idealismo que ya asomaba en sus trabajos anteriores, ese del tipo de diálogo donde todo el mundo termina diciendo la frase justa sobre el funcionamiento del mundo, se vuelve pesado cuando nadie lo disciplina.

“Sorkin es un guardia de tráfico con los brazos caídos mientras los autos derrapan y atropellan todo.”Personaje interpretado por Bill Burr, en una frase de la película ya visible en los tráileres

Esa línea, atribuida al personaje que interpreta el comediante y actor Bill Burr, funciona como una autocrítica involuntaria del propio director, una manera de decir, adentro del filme, lo que la crítica viene señalando afuera. Cuando un guion contiene su propia advertencia sobre sus defectos, lo que queda es preguntarse si el autor lo hizo a propósito o si simplemente no pudo evitarlo.

Yo, honestamente, coincido con la lectura mayoritaria: un guion de Sorkin en manos de un director con peso propio es una de las grandes joyitas que dio el cine de los últimos treinta años; un guion de Sorkin dirigido por Sorkin tiende a convertirse en un monólogo largo, lúcido y un poco arrogante, donde los personajes suenan más a ensayos sobre el funcionamiento de la Justicia o de la prensa que a personas de carne y hueso. No es que no haya nada valioso en su control total: lo hay en la coherencia de su mirada, en esa idea persistente de que el diálogo es acción, y en la valentía de defender sus obsesiones. Pero esa valentía, justamente, es la que pide a gritos a alguien en la silla de director que la contenga.

Si tienen la posibilidad de acercarse al cine a ver "El precio de la red", vayan igual, aunque sea para discutirla después tomando un café en cualquier confitería del barrio. No es una película mala: es una película que deja ver muy claramente los límites de un autor cuando nadie lo frena, y eso, para quienes nos interesan las historias y también los oficios que las hacen posibles, también enseña. Quedan en la sala, esperándolos, los ecos de una pregunta que la película misma se hace sin contestarla del todo: cuánta libertad necesita un genio para crear y cuánta estructura necesita para no perder el rumbo en la propia película que está contando.

EH
Elena HughesCultura y herencia galesa

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