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Actividad física y vida sexual: los beneficios posibles del movimiento moderado y los riesgos de pasarse de rosca

La fisioterapeuta Erika Lydon repasó los mecanismos por los cuales el ejercicio puede colaborar con la función sexual y advirtió que el sobreentrenamiento, la mala alimentación y la falta de recuperación pueden ir en contra del deseo. Pautas generales para empezar de a poco y atender las molestias antes de sumar rutinas específicas.

FP
Florencia PereyraSociedad y educación · · 3 min de lectura
Actividad física y vida sexual: los beneficios posibles del movimiento moderado y los riesgos de pasarse de rosca

La actividad física moderada puede convertirse en una aliada del bienestar sexual cuando se practica de manera sostenida y se ajusta a las posibilidades de cada persona, según explicó la fisioterapeuta especializada en suelo pélvico Erika Lydon. A la inversa, entrenar de más, sin una alimentación adecuada ni el descanso correspondiente, puede terminar afectando la libido, advirtió la profesional.

Qué cambia

El ejercicio aeróbico favorece la circulación y la llegada de sangre a los órganos sexuales, un proceso que interviene tanto en la erección como en la excitación y la función sexual femenina, de acuerdo con la explicación brindada por Lydon. El movimiento también puede colaborar con el descanso y con el manejo del estrés, dos factores que pesan sobre el interés sexual: la tensión acumulada tiende a dificultarlo, mientras que la mejora del ánimo y la relajación que puede traer la actividad física abren una puerta en sentido contrario.

Además, el entrenamiento de fuerza, agregó la especialista, puede asociarse con procesos vinculados a la energía, al estrés y al equilibrio hormonal. Los primeros efectos advertibles, como dormir mejor o sentirse menos estresado, suelen aparecer antes que eventuales cambios en la propia función sexual.

A quién alcanza

La referencia general que plantea Lydon para la mayoría de las personas apunta a reunir 150 minutos de ejercicio aeróbico moderado o 75 minutos de actividad intensa por semana, junto con dos jornadas de trabajo de fuerza. Esa pauta, aclaró la fisioterapeuta, está pensada para la salud general y de ninguna manera constituye un tratamiento para el bajo deseo ni garantiza modificaciones en la libido, ya que la salud y el estado emocional de cada persona también intervienen en la respuesta sexual.

La recomendación es empezar con movimientos que resulten agradables y posibles de sostener en el tiempo. Una de las sugerencias concretas de Lydon consiste en iniciar con caminatas de 15 minutos para aumentar el esfuerzo de manera gradual.

Antes de sumar ejercicios específicos, conviene atender las molestias existentes. Lydon recomendó consultar a un profesional de salud o a un fisioterapeuta especializado en suelo pélvico ante la presencia de dolor o cualquier preocupación por el desempeño sexual. Esa musculatura sostiene estructuras de la pelvis y participa en la función sexual, pero no siempre necesita fortalecerse: los ejercicios de Kegel, por ejemplo, pueden servir en algunos casos y aumentar la tensión en otros. Cuando los músculos permanecen contraídos o presentan dificultades para relajarse, las relaciones pueden volverse dolorosas.

Desde cuándo y cómo incorporarlo

La puesta en marcha del hábito físico, según la lógica descripta por la especialista, puede organizarse a partir de pasos simples: elegir una actividad que resulte agradable, sostenerla en el tiempo y escalar progresivamente el esfuerzo. Al mismo tiempo, la atención profesional aparece como condición previa a la incorporación de rutinas específicas en la zona del suelo pélvico, sobre todo si existen molestias o dudas sobre el desempeño.

  • Reunir, como referencia general, 150 minutos semanales de ejercicio aeróbico moderado o 75 minutos de actividad intensa, más dos jornadas de fuerza.
  • Comenzar con caminatas de 15 minutos y aumentar el esfuerzo de forma gradual, eligiendo movimientos que resulten agradables y posibles de sostener.
  • Consultar a un profesional de salud o de fisioterapia de suelo pélvico ante dolor o preocupaciones por el desempeño sexual antes de sumar ejercicios específicos.
  • Descartar los ejercicios de Kegel como una rutina automática, ya que pueden servir en algunos casos y aumentar la tensión en otros, con relaciones dolorosas si el suelo pélvico permanece contraído.
  • Evitar el sobreentrenamiento, ya que entrenar demasiado, sin alimentarse adecuadamente ni recuperarse lo suficiente, puede afectar el deseo.

En definitiva, la mirada de la fisioterapeuta combina el reconocimiento de los mecanismos por los cuales la actividad física puede favorecer la función sexual con la advertencia de que los excesos y la falta de atención individual pueden ir en la dirección opuesta. La construcción de una rutina razonable y la consulta profesional ante cualquier molestia aparecen como los dos ejes centrales de su planteo.

FP
Florencia PereyraSociedad y educación

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