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Cheesecake con costra caramelizada: el cruce que enamora a primera cuchara

Un cheesecake horneado en baño maría que termina con la firma crujiente de la crème brûlée, una preparación con reposo nocturno y un final a soplete que cambia todo.

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Diego RobertsTurismo · 28 DE AGO DE 2026 · 2 min de lectura

Les confieso algo: cuando vi esta receta por primera vez, me sonó a herejía. El cheesecake ya tiene su personalidad cremosa y la crème brûlée su costra inconfundible, y mezclarlos parecía un experimento de laboratorio. Sin embargo, después de probar el resultado, entendí por qué la combinación funciona tan bien: la base de galleta y el baño maría hacen el trabajo silencioso, y el soplete se encarga de cerrar el postre con un crujido que invita a repetir.

La base, un clásico que siempre funciona

  • Triturar galletitas y mezclarlas con una pizca de sal y mantequilla derretida.
  • Presionar la mezcla en el fondo y los laterales de un molde desmontable de 20 centímetros.
  • Llevar el molde a la heladera mientras se prepara el relleno, para que la base se compacte.

Para el relleno batimos queso crema a temperatura ambiente con azúcar, huevos, yemas, crema de leche, vainilla y apenas un toque de harina. La idea es integrar todo sin airear de más, porque las burbujas son enemigas de la textura lisa que después vamos a buscar.

Horno en baño maría y paciencia de heladera

El molde, forrado con papel aluminio para que no le entre agua, se apoya dentro de una asadera con agua hirviente hasta la mitad de su altura. A 160 grados, el cheesecake se cocina durante una hora y cuarto. Al apagar el horno conviene dejar la puerta entreabierta y dejarlo enfriar adentro, un paso clave para que la superficie no se agriete. Después, sí o sí, una noche entera en la heladera: la textura se termina de armar en frío.

Justo antes de servir llega el momento más divertido. Se espolvorea azúcar impalpable en la superficie y se pasa el soplete de cocina hasta conseguir una costra dorada y crujiente, igual a la de la crème brûlée clásica. Sin soplete ese paso no se reemplaza con el horno, porque lo que necesitamos es calor muy concentrado y rápido, algo que solo logra la llama directa.

Cómo acompañarlo y dónde disfrutarlo

Las frambuesas y los arándanos le van de maravillas, porque la acidez de las frutas rojas corta el dulzor de la costra. Una bocha de helado de vainilla también funciona como contrapunto frío, sobre todo si lo servimos al lado de la porción todavía tibia del caramelo.

Si están en Buenos Aires y no quieren prender el horno un domingo a la tarde, les recomiendo pasar por Café Martínez de la Avenida Corrientes al 3000: el ambiente es cálido, la atención rápida y tienen una cheesecake casera que se banca la comparación. Y para sumar un cierre goloso, en el mismo barrio, sobre la calle Montevideo, queda Rapa Nui: el helado de crema americana con un toque de vainilla es el acompañamiento perfecto para una porción de este cheesecake con costra caramelizada. Un lujo de sobremesa, sin necesidad de esperar una fecha especial para darse el gusto.

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Diego RobertsTurismo

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