Cinco prácticas concretas para salir del piloto automático cuando la fatiga se vuelve crónica
La coach especializada en gestión del estrés Marta Cereceda propone una hoja de ruta basada en pausas cortas, metas medibles y revisión de la relación personal con la exigencia, con el respaldo de criterios de la Organización Internacional del Trabajo y la Organización Mundial de la Salud.

Cuando la jornada se transforma en una cadena de tareas sin orden claro, el problema no siempre reside en la cantidad de trabajo acumulado sino en la ausencia de paradas intencionales que permitan recuperar perspectiva. En ese escenario, la coach especializada en gestión del estrés Marta Cereceda identificó cinco prácticas que, según difundió, posibilitan salir del piloto automático sin reclamar una reorganización total de la rutina.
Qué cambia: cinco hábitos para reencuadrar el ritmo diario
Qué cambia
El primer hábito consiste en destinar unos minutos al inicio o al cierre de la jornada a observar el propio estado, sin repasar pendientes. La propuesta apunta a responder preguntas simples: cómo se encuentra uno, qué necesita en ese momento y qué tareas siguen teniendo sentido. De acuerdo con Cereceda, esa pausa devuelve perspectiva cuando el trabajo se realiza por inercia.
Ante el bloqueo, el segundo hábito recomienda alejarse brevemente de la pantalla, respirar o cambiar de espacio antes de retomar la actividad. La iniciativa busca reducir el número de decisiones inmediatas para evitar que la planificación se convierta en una fuente adicional de presión. La Organización Internacional del Trabajo (OIT) señaló que los descansos deben ajustarse en tiempo y frecuencia a la carga de cada actividad.
El tercer paso invita a identificar qué se esconde detrás de la resistencia a detenerse. Cereceda propuso preguntarse si el impulso de continuar responde al miedo de no llegar, de perder el control o de decepcionar a terceros. Ese reconocimiento desplaza el foco desde la organización pura hacia la relación personal con la exigencia y el rendimiento. La OIT vinculó las jornadas extensas y la falta de pausas con el estrés laboral.
El cuarto hábito propone reemplazar objetivos vagos por acciones específicas y observables. En lugar de proponerse "desconectar más", la sugerencia pasa por definir conductas medibles, como caminar dos tardes por semana, reservar una noche sin trabajo o dedicar una comida a estar presente, y luego evaluar qué efecto concreto tuvieron: más energía, mayor tranquilidad o sensación de control.
El quinto hábito reconoce que la decisión de detenerse no depende solo de la voluntad individual. La OIT recomendó que las organizaciones consulten a sus equipos sobre la distribución del tiempo y la carga laboral, en línea con los principios de gestión participativa. En paralelo, la Organización Mundial de la Salud (OMS) sostuvo que la prevención de los problemas de salud mental vinculados al trabajo requiere tanto medidas individuales como modificaciones en las condiciones laborales.
A quién alcanza y desde cuándo se aplica
A quién alcanza
Las cinco prácticas están dirigidas a trabajadores asalariados, profesionales independientes y responsables de equipos que experimentan saturación sostenida y perciben una caída en su capacidad de organizarse. Su aplicación no exige cambios estructurales inmediatos: el punto de partida es tan pequeño como detenerse un momento antes de continuar, según describió Cereceda. La propuesta combina acciones individuales, como las pausas y la redefinición de metas, con instancias colectivas, como la consulta a los equipos sobre la carga de trabajo que impulsa la OIT.
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