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Construir un metro cuadrado demanda 1,41 sueldos y en cinco años la relación se redujo casi 29 por ciento

El valor de la obra medido por la Asociación Pymes de la Construcción de la Provincia de Buenos Aires volvió a ubicarse por debajo del equivalente a dos remuneraciones mensuales, mientras que un crédito UVA a 25 años arranca con una cuota superior a la mitad del salario neto promedio.

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Tomás PughEconomía e industria · 27 DE AGO DE 2026 · 4 min de lectura

Un metro cuadrado de construcción cotizó en junio a 2.254.981 pesos, equivalentes a unos 1.503 dólares al tipo de cambio vigente, y frente a un salario neto promedio de 1.590.179 pesos arrojó una relación de 1,41 sueldos completos, el nivel más bajo en cinco años según el cruce de la Remuneración Imponible Promedio de los Trabajadores Estables (RIPTE) con los valores que difunde la Asociación Pymes de la Construcción de la Provincia de Buenos Aires (Apymeco). El indicador, que compara de manera directa el ingreso laboral formal contra el costo de obra, registró en junio de 2021 un valor de 1,56 sueldos, con un sueldo neto de 70.146 pesos y un metro cuadrado a 109.693 pesos, de modo que la mejora acumulada desde entonces se ubica en torno al diez por ciento en términos relativos, aunque la brecha sigue siendo estructuralmente elevada para cualquier asalariado que pretenda financiar la totalidad de la construcción con ingresos corrientes.

El RIPTE bruto de junio alcanzó 1.915.878 pesos, lo que arrojó una remuneración neta estimada de 1.590.179 pesos una vez descontados los aportes y contribuciones obligatorias, y al contrastarlo contra el valor de obra informado por Apymeco se obtiene que un trabajador en relación de dependencia debería destinar su remuneración íntegra más un 41 por ciento adicional para costear sin financiamiento un único metro cuadrado construido, sin contemplar impuestos adicionales, honorarios profesionales ni el costo del terreno, componentes que en cualquier operación inmobiliaria típica incrementan el desembolso efectivo en proporciones significativas.

Una tendencia que se revirtió a fines de 2023

Entre junio de 2021 y noviembre de 2023 la relación entre salario neto y costo del metro cuadrado se deterioró de manera sostenida y alcanzó su pico de 1,99 sueldos, momento en el que el valor de la construcción superó con amplitud el ritmo de actualización de las paritarias formales y configuró el punto más crítico de la serie reciente para la clase asalariada, con un encarecimiento acumulado que dejó al metro cuadrado prácticamente a dos remuneraciones mensuales. A partir de ese máximo, la curva se invirtió y la proporción retrocedió cerca de un 29 por ciento hasta el 1,41 actual, en un proceso en el que los ingresos formales ganaron terreno frente a los precios de la construcción tras la desaceleración inflacionaria y la renegociación de diversos convenios laborales en distintos sectores de la economía argentina.

El crédito UVA como principal herramienta de financiamiento

En la práctica, la mejora en la relación salario-costo de obra no resulta suficiente para cerrar la ecuación de acceso a la vivienda por sí sola, y por esa razón el crédito hipotecario ajustado por Unidad de Valor Adquisitivo (UVA) continúa siendo la herramienta de financiamiento más utilizada por los trabajadores asalariados que aspiran a construir o adquirir una propiedad, tal como lo refleja una simulación difundida por el Ministerio de Economía en la que un préstamo de 120.920.000 pesos a tasa UVA más un siete por ciento adicional con un plazo de 25 años inicia con una cuota de 865.098 pesos, equivalente a poco más de la mitad del salario neto promedio vigente en junio.

El cuadro de fondo coloca al acceso a la vivienda propia como el principal desafío habitacional que enfrenta la mayoría de los trabajadores formales en la Argentina contemporánea, dado que ni siquiera la relación más favorable en cinco años permite financiar la construcción sin recurrir al crédito, y la carga inicial de una cuota UVA representa de por sí una proporción elevada del ingreso familiar antes de considerar otros compromisos financieros como alquileres, servicios, alimentos y transporte, por lo que la sostenibilidad del esquema depende en gran medida de la evolución futura tanto de los salarios como del tipo de cambio y de la inflación, variables que condicionan de manera directa la cuota ajustada por el coeficiente de actualización.

Qué significa para el empleo

La dinámica del sector constructor tiene impacto directo sobre la demanda de mano de obra formal, dado que un metro cuadrado más accesible en términos relativos tiende a reactivar el interés por proyectos edilicios y, con ello, la contratación de albañiles, oficiales, ayudantes y personal especializado, mientras que un crédito hipotecario con cuotas iniciales que representan más de la mitad del salario neto promedio restringe la base de trabajadores efectivamente habilitados a tomar deuda y limita, en consecuencia, el volumen de obras iniciadas por el segmento asalariado, lo que termina configurando un círculo en el que la accesibilidad al financiamiento condiciona tanto la inversión en construcción como los puestos de trabajo asociados a esa actividad productiva.

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Tomás PughEconomía e industria

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