Saltar al contenido
Viernes, 16 de octubre de 2026
Actualidad y noticias, al instante
Buscar ⌕
Viento Sur Noticias

Viento Sur Noticias

Cuando De Niro y Streep se atrevieron a ser una pareja común en el Manhattan de los ochenta

Cuarenta y dos años después de su estreno, "Enamorarse" ("Falling in Love"), el drama de Ulu Grosbard escrito por Michael Cristofer, vuelve a estar disponible para revisitar a dos gigantes de Hollywood fuera de sus papeles más célebres, en una historia de rutina rota y decisiones imposibles.

EH
Elena HughesCultura y herencia galesa · · 5 min de lectura
Cuando De Niro y Streep se atrevieron a ser una pareja común en el Manhattan de los ochenta

Siempre me acuerdo de esas tardes en el valle del Chubut cuando mi abuela Welsh se sentaba a tejer junto a la estufa y me contaba, como si fuera un secreto, las películas que había visto de jovencita con mi abuelo en el cine del pueblo. Hablaba de esas historias de amor con una seriedad casi religiosa, como si cada enredo sentimental en la pantalla fuera un asunto de vida o muerte, y yo, que tendría unos ocho o nueve años, no entendía bien por qué le daba tanta importancia a las decisiones que tomaban unos desconocidos en una sala oscura a tres mil kilómetros de Trelew. Con los años, claro, entendí que aquellas historias no eran sobre los personajes, sino sobre la gente que las miraba, y que de eso, en definitiva, se trata el cine romántico para adultos: de lo que nos obliga a revisar de nosotros mismos mientras vemos a otros enredarse en lo que nadie les pidió.

Por eso, cuando uno se cruza con Enamorarse ("Falling in Love", 1984), la película de Ulu Grosbard que protagonizaron Robert De Niro y Meryl Streep, la tentación es pensarla como una rareza dentro de sus carreras, casi una pieza de museo a la que conviene volver cada tanto para entender algo sobre sus oficios. Lo cierto es que el film, que acaba de cumplir cuarenta y dos años y vuelve a estar disponible para quienes no lo vieron en su momento, nunca fue pensado como un espectáculo ambicioso: era un drama íntimo, de bajo ruido, apoyado casi por entero en sus dos protagonistas y en un guion de Michael Cristofer que decide no resolver las cosas con facilidad.

Dos gigantes, fuera de su zona de confort

De Niro y Streep ya se habían cruzado en pantalla seis años antes en El francotirador (The Deer Hunter, 1978), de Michael Cimino, pero aquella experiencia no tenía nada que ver con lo que Paramount les propuso en 1984: compartir protagónico en una historia sin guerra, sin violencia, sin grandilocuencia, solo con la incomodidad cotidiana de un sentimiento que aparece fuera de lugar. Frank Raftis, el personaje de De Niro, es un tipo común que viaja todos los días en tren hacia su trabajo en la ciudad; Molly Gilmore, la Streep, es una mujer que hace el mismo recorrido y que casualmente se cruza con él en una librería de Manhattan en época navideña, donde ambos intercambian por error los paquetes que llevan para sus familias. Lo que empieza como un malentendido menor se convierte en un punto de partida cuando, meses después, vuelven a encontrarse en los vagones, y la familiaridad crece al ritmo de la atracción, hasta que aparece el problema que ninguno de los dos buscó: los dos están casados.

El drama, y acá está lo interesante de la película, no está en el romance en sí sino en lo que ese romance obliga a revisar. Frank y Molly deben decidir qué hacer con algo que no eligieron, sabiendo que cualquier respuesta tiene consecuencias para los hijos, los matrimonios y los afectos que ya existen alrededor. No es una historia de pasión desbordada ni de tórridos: es una historia de personas adultas, responsables, midiendo el alcance de lo que sienten antes de actuar, y eso, lejos de restarle tensión, se convierte en el motor del relato. La ciudad, por su parte, funciona como parte del cuento: la librería, los vagones del tren y los puntos de encuentro hacen que algo extraordinario para sus protagonistas ocurra dentro de escenarios completamente ordinarios, una rutina rota desde adentro.

Alrededor de la pareja central, el elenco de apoyo se ocupa de ampliar el mundo que Frank y Molly comparten: están Harvey Keitel, Dianne Wiest, Jane Kaczmarek y David Clennon, que dan cuerpo a la red de matrimonios, obligaciones y lealtades dentro de la cual el vínculo de los protagonistas se mueve. No son personajes secundarios de relleno: son recordatorios constantes de que lo que Frank y Molly hacen o dejan de hacer resuena más allá de ellos.

Una recepción modesta y un legado discreto

  • Recaudación en Estados Unidos y Canadá, según Box Office Mojo: 11.129.057 dólares, con un debut cercano a los 2,3 millones.
  • Crítica dividida: Roger Ebert le otorgó dos estrellas sobre cuatro y cuestionó el guion, aunque rescató momentos puntuales de la interacción entre De Niro y Streep.
  • Comparación frecuente en la prensa de la época con Breve encuentro (Brief Encounter, 1945), el clásico inglés de David Lean sobre un amor imposible en el contexto de la vida cotidiana.
  • Disponible nuevamente para revisitar cuatro décadas después de su estreno original.

A mí, si me permiten la licencia confesional de quien escribe desde el sur y creció escuchando a su abuela contar películas, esta Enamorarse me sigue pareciendo una de esas historias que conviene revisitar de vez en cuando, no para descubrir nada nuevo sobre De Niro o Streep, que ya están más que consagrados, sino para recordar que el cine romántico para adultos no necesita promesas exageradas ni finales a la medida: solo necesita dos personas convincentes en pantalla y un conflicto que no se resuelve solo. Si andan por Buenos Aires y tienen una tarde libre, búsquenla, póngansela en casa con un buen mate al lado y déjenla correr: vale la pena sentarse a verla con los mismos ojos con los que mi abuela se sentaba frente al telón, atenta a lo que aquellas dos criaturas en la pantalla harían con sus vidas, como si fueran decisiones que también nos tocaran a nosotros. Hwyl, que en galés (cymraeg) quiere decir algo así como "ánimo" o "vaya con fuerza", y es la palabra que mi abuela siempre me decía cuando salía al frío del valle camino a la escuela.

EH
Elena HughesCultura y herencia galesa

Comentarios

0

Todavía no hay comentarios. Sé el primero.

Seguí leyendo