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De la libreta de una abuela italiana a una marca de salsa artesanal en Centenario

Un comprobante de Gas del Estado de 1981 con anotaciones de producción llevó a una familia del Alto Valle de Neuquén a convertir una receta de cuatro generaciones en un emprendimiento que ya distribuye a todo el país.

FP
Florencia PereyraSociedad y educación · · 3 min de lectura
De la libreta de una abuela italiana a una marca de salsa artesanal en Centenario

Florencia Pereyra, Sociedad y educación. La historia de la salsa Mister Tomato comenzó mucho antes de que existiera como marca. Empezó en Ancona, una ciudad del centro-este de Italia, de donde partieron a principios del siglo XX Argentina Martarelli y Pompeyo Pieroni con destino al Alto Valle de Neuquén. Entre lo poco que llevaron consigo no figuraba ningún recetario escrito: la tradición de producir salsa de tomate en grandes cantidades cada verano se transmitía de generación en generación, de memoria y de práctica, y fue eso, precisamente, lo que sobrevivió al cruce del océano.

De acuerdo con el relato familiar reconstruido a partir del material de base, la costumbre pasó a sus cinco hijos y, más tarde, a Julia, una de las hijas, y después a Cristina, hija de Julia. Cada enero, las mujeres de la familia se reunían desde las siete de la mañana en torno a ollas enormes: seleccionaban los tomates uno por uno, encendían el fuego y hundían los cucharones en la preparación. La rutina se repetía año tras año con una disciplina que los propios protagonistas describen con humor: llegar tarde podía significar quedarse afuera y tener que esperar al domingo siguiente para participar.

Qué cambió: del comprobante al emprendimiento

Cuando Julia falleció en 2006, su casa permaneció cerrada durante años. Al recorrerla otra vez, su nieto Juanma encontró entre cajas de fotos y papeles viejos un comprobante de pago de Gas del Estado fechado en 1981, con sello del Banco Provincia del Neuquén. Lo significativo no estaba en el frente: en el reverso, Julia había anotado los detalles de aquella temporada de producción, con el detalle de cajones de tomates, botellas rotas, botellas limpias y botellas sanas. Ese papel, guardado durante cuatro décadas sin que nadie le prestara atención, funcionó como un registro fundacional inesperado.

“Fue como encontrar un tesoro”Juanma, nieto de Julia y parte del emprendimiento familiar

A quiénes alcanza y desde cuándo

El hallazgo empujó a los hermanos a dar un paso que hasta entonces no habían considerado: pasar del consumo doméstico a la venta. Para eso, primero se capacitaron en elaboración de conservas y seguridad alimentaria, con prácticas realizadas en la sala municipal La Celina de Centenario, según consta en el material de base. El primer lote de Mister Tomato fue de entre 30 y 50 botellas. El resultado fue revelador: se quedaron sin tomates y comprobaron que producir para el mercado exige una escala y una planificación distintas a las de abastecer la despensa familiar.

Al verano siguiente, según el informe del propio emprendimiento, llegaron mejor organizados: trituraron más de 15.000 tomates y embotellaron alrededor de 1.500 unidades. El último lote, elaborado en mayo, se agotó en su totalidad. La fórmula, sostienen, mantiene la base original: tomate triturado y albahaca, sin azúcar, sin sal agregada y sin conservantes. Para la producción optaron por el tomate San Marzano, un cultivo que trabajan con productores locales de la región.

La lógica de un nuevo mercado

El caso ilustra, en términos descriptivos, cómo una práctica doméstica puede sostenerse como negocio cuando se incorporan instancias formales de capacitación, controles sanitarios y proveedores estables. Mister Tomato dejó de ser una actividad de temporada para la familia y pasó a convertirse en un producto artesanal con presencia en ferias y comercios. El recorrido, reconstruido por los propios protagonistas, combina un hecho fortuito —el hallazgo del papel— con decisiones deliberadas: formarse, ajustar cantidades, profesionalizar la elaboración y, sobre todo, preservar la receta que durante décadas no necesitó escribirse para sobrevivir.

FP
Florencia PereyraSociedad y educación

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