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Despedidas que se bailan, se comen y se navegan: cinco rituales donde el duelo se vuelve encuentro

Desde las bandas de jazz que escoltan un féretro en Nueva Orleans hasta los círculos de surfistas que arrojan flores al mar, distintas tradiciones transforman la pérdida en un acto colectivo. Un recorrido por prácticas que la antropología y la psicología reconocen como formas válidas de transitar el duelo.

FP
Florencia PereyraSociedad y educación · 27 DE AGO DE 2026 · 3 min de lectura

El duelo no se procesa de la misma manera en todas las culturas. Mientras buena parte del mundo occidental asocia la despedida con el silencio, el recogimiento y el luto riguroso, otras tradiciones abren la puerta a la música en las calles, a los altares colmados de comida, al baile colectivo e incluso al humor dentro del funeral. Según la nota de base, estos rituales cumplen una función social y psicológica concreta: permiten compartir el dolor, dar cauce a las emociones y transitar la pérdida en comunidad, en lugar de enfrentarla en soledad.

Qué cambia respecto del duelo entendido como silencio

Lo que se modifica es la relación con la muerte y con los que quedan. En lugar de presentarse como una ausencia que debe sobrellevarse en la intimidad, la pérdida se convierte en una presencia temporaria que se homenajea. De acuerdo con la nota de base, en México el Día de Muertos —reconocido por la UNESCO como patrimonio cultural intangible de la humanidad— parte de la premisa de que las almas regresan transitoriamente al mundo de los vivos. Las familias arman altares con las comidas favoritas del difunto, flores, velas y objetos personales, y los cementerios se llenan de colores y de gente que pasa la noche junto a las tumbas. La muerte, en esa cosmovisión, no se vive como ausencia sino como presencia, aunque sea breve.

A quién alcanzan estas tradiciones y dónde se practican

  • En Nueva Orleans, Estados Unidos, una banda acompaña el cortejo desde la iglesia hasta el cementerio; la música arranca lenta y se vuelve festiva con el avance del recorrido, y familia, amigos y vecinos bailan junto al féretro como manera de honrar la vida que se fue y de acompañar a quienes quedan.
  • En México, durante el Día de Muertos, los altares hogareños y las veladas en los cementerios convocan a las comunidades a recibir a las almas con comida, flores, velas y objetos personales del difunto.
  • En Bolivia, cada 8 de noviembre se celebra la festividad de las Ñatitas en el Cementerio General de La Paz, donde los creyentes llevan cráneos humanos para recibir bendiciones y los agasajan con flores, coca, cigarrillos y velas, en la creencia de que cuidan el hogar y pueden interceder por quienes los veneran.
  • En Ghana, la creatividad se traslada al ataúd: las familias encargan féretros con la forma del oficio o la pasión del difunto —un pescado para un pescador, un avión para un piloto— y la ceremonia puede extenderse hasta tres días, con coreografías durante el traslado del cuerpo.
  • Entre los surfistas del Pacífico, la despedida se realiza en el agua: los deudos forman un círculo sobre sus tablas, arrojan flores al centro y cada uno dice unas palabras sobre el fallecido; si hubo cremación, las cenizas se dispersan en ese mismo lugar.

Desde cuándo y por qué estas prácticas acompañan a los vivos

La nota de base señala que estos rituales, con independencia de su forma, cumplen una función concreta: dan un marco colectivo a una experiencia que de otro modo puede resultar abrumadora. Compartir el dolor con otros, disponer de un momento y de un lugar habilitados socialmente para expresarlo, constituye —según la misma fuente— una herramienta válida para transitar la pérdida. De Nueva Orleans a La Paz, de los cementerios mexicanos al oleaje del Pacífico, la constante es la misma: el duelo se vuelve, en palabras del material de referencia, una celebración de la vida que se fue, en compañía de quienes quedan.

FP
Florencia PereyraSociedad y educación

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