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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Dos hombres y un barco que vuelve del pasado: la nueva película de Mark Jenkin

George MacKay y Callum Turner protagonizan "Rose of Nevada", la tercera entrega del realizador británico que vuelve a filmar la vida en los pueblos pesqueros de Cornualles, esta vez con un viaje en el tiempo como eje de la historia.

EH
Elena HughesCultura y herencia galesa · · 4 min de lectura
Dos hombres y un barco que vuelve del pasado: la nueva película de Mark Jenkin

Cuando era chica y mi familia me llevaba a pasar el verano a un pueblito del valle, yo me quedaba embobada mirando los barcos viejos que descansaban en la playa, varados como si esperaran a alguien. Eran cáscaras de madera, pintadas con los colores que les había dejado el sol, y los viejos del lugar me contaban historias de habían zarpado, de quién los había vuelto a traer. Por eso, cuando uno se cruza con una película como Rose of Nevada, no puede evitar sentir que esa memoria costera, esa fascinación por los barcos que regresan, sigue viva en el cine británico. Y encima, contada por alguien que conoce el tema desde adentro: el director Mark Jenkin, que ya lleva dos películas dedicándole su ojo paciente a la vida de los pueblos pesqueros de Cornualles.

Rose of Nevada es su tercer largo y, como en Bait y Enys Men, Jenkin vuelve a poner la cámara frente al mar, frente a la rutina de una comunidad que vive de lo que saca del agua. Pero esta vez le agrega una vuelta de tuerca que no es menor: el tiempo se rompe. O, mejor dicho, el tiempo se devuelve. En el centro de la historia está un pesquero que había desaparecido hacía treinta años y que, de un día para el otro, vuelve a aparecer en el puerto. Nadie lo esperaba, nadie sabe bien qué hacer con él, y los vecinos tienen que decidir rápido quién se hace cargo de la embarcación si quieren volver a faenar con ella.

Dos voluntarios con motivos muy distintos

El barco, que además le da nombre a la película, necesita tripulación, y conseguir gente dispuesta a embarcarse no es tarea fácil en un pueblo donde la pesca ya no es lo que era. Hasta que aparecen dos hombres, los protagonistas que interpretan George MacKay y Callum Turner, cada uno con sus propias razones para subir a bordo.

  • Un padre joven que necesita el trabajo para arreglar el techo de su casa, una de esas urgencias cotidianas que pesan más que cualquier aventura.
  • Un hombre que quiere escapar de su propia historia, alejarse de lo que dejó en tierra, aunque todavía no sepa bien de qué.

Sus necesidades los acercan al mismo trabajo, pero cada uno va a establecer una relación distinta con esa experiencia temporal que les toca atravesar. Porque acá aparece el otro gran tema de la película: el viaje en el tiempo no es solo un recurso de ciencia ficción, es una manera de preguntarse qué hacemos con las cosas que vuelven, con las oportunidades que creíamos perdidas y con las que aparecen cuando ya casi no las esperábamos.

Jenkin, que es de los realizadores que cuidan hasta la textura de la imagen, vuelve a rodar en 16 milímetros, con ese grano gastado, casi como de película vieja, y arma un montaje que no respeta la linealidad. Intercala secuencias, mueve el reloj para adelante y para atrás, y el tiempo se trastoca tanto en la aventura de los protagonistas como en la propia forma de contarla. La propuesta visual es parte del mensaje: nada vuelve igual, ni siquiera la manera de mirar.

La película no se queda en lo fantástico. También se detiene en las condiciones de vida de las comunidades costeras del Reino Unido, donde la falta de recursos y los peligros del trabajo en el mar conviven con una actividad de la que sus habitantes no pueden prescindir. En galés, a esa sensación de un lugar que sobrevive contra viento y marea se la suele llamar (y pido perdón si la pronunciación me sale larga) hwyl, un término que mezcla nostalgia, arraigo y ese orgullo callado de quien sigue viviendo donde siempre vivió. Algo de eso late en cada plano de Rose of Nevada.

Junto a MacKay y Turner aparecen intérpretes de sus trabajos anteriores, lo que le da a la película una sensación de continuidad, de elenco que se conoce, de familia cinematográfica. Y el resultado es una historia que cruza fantasía, necesidades económicas y vida costera con una sensibilidad muy británica, muy de Cornualles, y muy de ese cine que prefiere observar antes que explicar.

Si les interesa explorar una película sobre viajes en el tiempo que no parece una película de viajes en el tiempo, que prefiere mirar a la gente común y sus pequeños dramas antes que llenar la pantalla de efectos especiales, Rose of Nevada es una cita obligada. Yo, si fueran ustedes, no esperaba a que la pasaran por streaming y me iba directo al cine más cercano, que una historia así, con barcos que vuelven del pasado y pueblos que no se resignan, se disfruta mucho más en una sala oscura, con la pantalla grande y el silencio de los espectadores.

EH
Elena HughesCultura y herencia galesa

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