El chico del malambo que soñaba con subirse a un tren: llega a Buenos Aires la película que dejó inconclusa Lucas Vignale
Después de pasar por la Berlinale, San Sebastián y Nueva York, El tren fluvial se proyecta desde el 8 de octubre en la Sala Lugones y desde el 10 en el Malba. Milo Barría es la revelación de una historia que Toto Ferro terminó de armar solo, después de la muerte de su codirector.

A mí me criaron escuchando que el tren era una promesa, algo que llegaba de lejos y traía novedades. En el valle, mi abuelo decía que el humo de la locomotora era casi un saludo, y yo me quedaba en el andén como si fuera a perderme algo. Por eso, cuando vi por primera vez El tren fluvial, sentí que esa película estaba hablándole a esa criatura que fui: la que quería subirse a cualquier vehículo con ruedas y desaparecer hacia una ciudad enorme, aunque no supiera muy bien para qué.
La ópera prima que Lorenzo Toto Ferro terminó de armar junto a Lucas Vignale llega por fin a las salas porteñas, después de un recorrido internacional que incluye la sección Perspectives de la Berlinale, el Festival de Cine de Uruguay, el BAFICI (donde recibió una mención especial de FEISAL), Horizontes Latinos en San Sebastián y el ciclo New Directors/New Films que organizan el MoMA y Film at Lincoln Center en Nueva York. En Buenos Aires, las funciones están confirmadas desde el 8 de octubre en la Sala Leopoldo Lugones y desde el 10 en el Malba.
Un viaje en solitario hacia Buenos Aires
La película sigue a Milo, un chico de nueve años que practica malambo y carga sobre los hombros las expectativas de una familia que lo imagina como bailarín profesional. Lo que él quiere, en cambio, es otra cosa: subirse a un tren y conocer Buenos Aires, una ciudad que hasta entonces solo conoce a través del cine. Decide viajar solo, y ese trayecto se vuelve el corazón del relato.
El protagonista es Milo Barría, un chico al que Ferro y Vignale conocieron en General Madariaga mientras trabajaban en otro proyecto. Tenía ocho años y bailaba malambo. Según contó el director, de ese encuentro salieron elementos centrales del personaje: la relación con la danza y una idea sobre los trenes que acercó el propio chico. El elenco se completa con Rita Pauls, Mariano Barría y Fabián Casas.
Un rodaje que se escribía de noche
Ferro recordó que el equipo compartía hotel durante la filmación, conversaba sobre las escenas por la noche y revisaba lo grabado antes de preparar la jornada siguiente. Ese ida y vuelta podía terminar en escenas nuevas que se sumaban al guion. Para sostener el trabajo con Milo, alternaban las tomas con juegos y buscaban distintas maneras de mantener vivo su interés, una lógica que terminó dejando huella en la película.
Una película que se presenta sin uno de sus directores
La llegada a Buenos Aires llega con una ausencia que pesa. Lucas Vignale murió el 14 de junio, a los 28 años, en un choque de dos helicópteros en Río de Janeiro. Había acompañado a Ferro en la exhibición de Nueva York. Para el actor y director, seguir mostrando la película es una manera de mantener vivo algo de lo que fue Lucas, una forma de que su nombre siga apareciendo en cada función, en cada pantalla que se enciende.
Lo que hay que tener en cuenta antes de ir
- Fecha de estreno en la Sala Leopoldo Lugones: desde el 8 de octubre.
- Fecha de estreno en el Malba: desde el 10 de octubre.
- Es el debut de Lorenzo Toto Ferro como director de largometrajes, en codirección con Lucas Vignale.
- Protagonizada por Milo Barría, con Rita Pauls, Mariano Barría y Fabián Casas en el elenco.
- Recorrido previo: Berlinale (Perspectives), Festival de Uruguay, BAFICI (mención FEISAL), San Sebastián y New Directors/New Films en Nueva York.
Si les pasa como a mí, que cada vez que un film argentino mira hacia la infancia con esa mezcla de ternura y firmeza, salen del cine con una especie de saudade (ese término galéshado que usamos para nombrar la melancolía por lo perdido o por lo que pudo haber sido y nunca terminó de cuajar), entonces dense una vuelta por la Lugones o por el Malba. Es una película que se deja ver como quien mira pasar un tren desde el andén: con la sensación de que algo se está yendo, pero también de que todavía queda tiempo para subirse.
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