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Viernes, 16 de octubre de 2026
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El deshielo entre Paula Chaves y Zaira Nara: cuando dos amigas aprenden a volver a empezar

Las modelos se reencontraron frente a las cámaras en un desfile y dejaron atrás un distanciamiento de casi cuatro años. Una cronista del corazón reconstruye el camino, desde el primer cruce casual hasta el abrazo en vivo, y se pregunta qué hay detrás de las reconciliaciones que parecen guion de tv.

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Elena HughesCultura y herencia galesa · · 4 min de lectura
El deshielo entre Paula Chaves y Zaira Nara: cuando dos amigas aprenden a volver a empezar

Tengo que confesar algo antes de empezar esta nota: me crié en el valle escuchando a mi abuela decir que las amistades verdaderas son como los muros de piedra seca que delimitan los campos en Gales. Con el tiempo se mueven, se desmoronan un poco, pero cuando alguien tiene la voluntad de volver a colocar las piedras en su lugar, terminan sosteniendo lo mismo que sostenían antes. La imagen de Paula Chaves y Zaira Nara reencontrándose frente a las cámaras, con abrazo, risas y una camioneta compartida, me trajo esa memoria a la cabeza. Porque cuando dos amigas íntimas y comadres dejan de hablarse durante casi cuatro años y vuelven a encontrarse en público, lo que se ventila no es solo un arreglo privado: es un pequeño tratado de paz que la gente lee como si fuera una novela por entregas.

El jueves que cambió la foto

La escena ocurrió en el marco de un desfile. Paula Chaves estaba dando una entrevista cuando un cronista le señaló que Zaira Nara estaba en el lugar y armó, casi en el aire, un encuentro en vivo. Chaves lo recibió con naturalidad, como quien ya venía masticando la idea desde hacía rato. La reconciliación no era nueva: tenía historia previa, según sus propias palabras. "Nos juntamos, hablamos, todo muy bien", resumió, y aclaró que ese contexto no era el más apropiado para una conversación profunda, aunque reconoció que esa conversación profunda ya había tenido lugar.

Cuando Zaira se sumó a la transmisión, el tono fue de complicidad abierta. "Nos amamos", dijo, casi como si quisiera terminar con las preguntas antes de que empezaran. La situación rozó lo cinematográfico: Chaves le ofreció acercarla en su camioneta hasta el auto, que había quedado estacionado a veinte cuadras por un operativo policial. Las dos le propusieron al periodista "la exclusiva" del viaje compartido, en clave de humor, como si estuvieran guionizando una escena de road movie entre amigas.

“No hay orgullo. No hay rencor. Hay mucho cariño y mucho amor.”Paula Chaves

Cuando la insistencia periodística buscó meterse en los detalles más íntimos, las dos cerraron filas. "Basta, no nos gusta hablar de nuestra vida privada", dijo Nara con ironía. Y Chaves fue al hueso con una frase que parece escrita para quedar: "No hay orgullo. No hay rencor. Hay mucho cariño y mucho amor". La traducción es simple: lo que pasó quedó en el terreno de ellas, y lo que vuelve también.

El cruce previo en el atelier

El primer signo de acercamiento había ocurrido meses antes, lejos de las cámaras. Las dos coincidieron en el atelier de una diseñadora que las viste a ambas, uno de esos encuentros casuales que a veces dispara lo que parecía imposible. "Hubo un acercamiento, a veces la vida te cruza en momentos puntuales. Fue lindo para las dos, hay mucho cariño", contó Nara en esa oportunidad. Chaves describió ese primer paso como obra "del destino" y pidió reservar los detalles para la intimidad: "Es un tema nuestro y queremos preservarlo". Hubo algo de ese galés antiguo que mi madre usa para hablar de las cosas sagradas, el "hiraeth" (esa nostalgia por un lugar o un afecto que ya no está pero que todavía duele), en la manera en que las dos pidieron no convertir el reencuentro en material de archivo.

El episodio del jueves, con abrazo, risas y traslado compartido, pareció marcar el cierre de una etapa. "Está todo muy bien, por suerte", dijo Chaves antes de subirse a la camioneta. Esas palabras, que en cualquier otra boca serían huecas, acá funcionan como punto final de un capítulo que el ambiente artístico argentino venía siguiendo desde hacía casi cuatro años.

¿Genialidad o guión? Lo que vemos y lo que no

Ahora bien, la pregunta que el lector me hace con razón cuando le cuento este tipo de historias es si estas reconciliaciones son genuinas o si las arma el contexto mediático. Mi postura, se la adelanto, es conciliadora: creo que las dos cosas pueden ser verdad al mismo tiempo. Que la cámaras hayan estado ahí no convierte la escena en una puesta en escena completa. Las modelos dijeron algo que suena verdadero: hablaron cuando quisieron hablar, callaron cuando quisieron callar, y se llevaron el secreto a la camioneta. Eso no se finge del todo, aunque a veces se magnifique. Lo que sí hace el ojo público es acelerar los tiempos: una conversación que en otro contexto habría durado meses de cafés y mensajes, acá se condensó en una nota al paso y un viaje de veinte cuadras. Y eso, lejos de devaluar el gesto, a veces lo vuelve más visible, más didáctico para el resto. Porque a quien esté leyendo desde un pueblo del interior, o desde una cocina de Buenos Aires, le sirve ver que dos mujeres que se quisieron y se dejaron de ver pueden, si se lo proponen, volver a cruzar la calle y reconocerse.

Si te interesa ver la escena completa, el video del momento está circulando en distintos portales de espectáculos y vale la pena buscarlo. A veces, una reconciliación contada en primera persona por sus protagonistas dice más que cualquier crónica. Y si te animás, podés escribirme a la sección de Cultura y herencia galesa para contarme qué amistades tuyas atravesaron un deshielo parecido. Siempre se aprende algo nuevo cuando alguien se anima a cruzar la calle de vuelta.

EH
Elena HughesCultura y herencia galesa

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