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El poder de compra de los sueldos privados depende del mes con el que se mire la serie

Una mejora del 9% desde enero de 2024 se transforma en una caída del 3,6% al sumar diciembre de 2023, cuando la inflación mensual rozó el 25,5%. Vivienda, servicios y transporte acumulan subas muy por encima del índice general y reconfiguran el presupuesto de cada hogar.

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Tomás PughEconomía e industria · · 5 min de lectura
El poder de compra de los sueldos privados depende del mes con el que se mire la serie

El periodista Tomás Pugh, sección Economía e industria, analiza un fenómeno que atraviesa los principales indicadores laborales del país: la evolución del salario real cambia de signo según el punto de partida que se elija para la comparación, lo que vuelve engañosa cualquier lectura unilateral de los guarismos oficiales. En el caso de los trabajadores privados registrados, la variación acumulada exhibe una mejora del 9% cuando el cálculo se inicia en enero de 2024, pero se transforma en una pérdida del 3,6% en el momento en que se incorpora diciembre de 2023 al relevamiento. La diferencia entre ambas mediciones, lejos de ser un detalle técnico, sintetiza el efecto del salto de precios de fines de 2023, cuando la inflación mensual llegó al 25,5% y dejó una huella persistente sobre la base de comparación.

El peso de los gastos fijos sobre el ingreso disponible

El análisis se vuelve aún más complejo al observar la composición del gasto. En la serie que toma enero de 2024 como inicio, el nivel general de precios acumula un aumento del 234,7%, mientras que el capítulo de vivienda, agua, electricidad y gas trepa cerca del 530%, y el transporte registra un incremento del 274%. Esa brecha explica por qué una mejora del salario medida contra el índice general no se traduce necesariamente en más dinero disponible: el resultado final para cada hogar depende de cuánto destina a los servicios tarifados y de cómo se distribuyen sus consumos a lo largo del mes. Pagar la vivienda, los servicios públicos y el transporte puede llevarse una proporción mayor del ingreso aun cuando el sueldo acompaña la inflación promedio, lo que vuelve insuficiente la mirada agregada sobre la recomposición salarial.

El comportamiento disímil de los distintos capítulos del Índice de Precios al Consumidor introduce una segunda capa de complejidad: no todos los hogares se ven alcanzados de la misma manera por la dinámica de los regulados, dado que la participación de la energía, el alquiler y el transporte en la canasta varía según la zona de residencia, la composición del grupo familiar y el modo de traslado cotidiano. De allí que un mismo porcentaje de recuperación nominal se perciba de forma muy distinta entre un hogar del Área Metropolitana que viaja en transporte público y otro que reside en una localidad del interior con tarifa de electricidad subsidiada.

Públicos, informales y el peso del punto de partida

El cuadro se completa con el desempeño de los asalariados públicos y de los trabajadores informales, dos universos que responden a lógicas distintas. Los empleados del Estado presentan pérdidas de poder adquisitivo en los dos escenarios analizados, con caídas reales que oscilan entre el 0,7% y el 16,5%, lo que configura un cuadro recesivo que no se revierte con ninguno de los recortes temporales posibles. Por el contrario, los asalariados no registrados exhiben mejoras reales de entre el 85% y el 115% según el período considerado, de acuerdo con los datos del INDEC. Ese grupo, que representa más del 44% de los trabajadores asalariados del país, partía de ingresos muy deteriorados, de modo que los porcentajes expresan una recuperación desde niveles bajos y no una recomposición comparable a la de los segmentos formales.

La diferencia entre ambas mediciones para el sector privado formal responde, en esencia, al efecto del mes de diciembre de 2023 sobre la base de cálculo: al incluir ese período, el incremento acumulado de precios ronda el 320%, un guarismo que supera con holgura la suba nominal de los salarios en el mismo tramo y explica el signo negativo de la comparación. Cabe subrayar que los porcentajes analizados no cuentan con una fecha de cierre especificada en el material de base, por lo que no permiten describir por sí solos la situación salarial actual ni anticipar su evolución en los meses siguientes.

Qué mide cada indicador y qué queda afuera

  • El RIPTE releva remuneraciones brutas de empleados formales con más de trece meses de antigüedad y excluye tanto a los asalariados con menor antigüedad como a los no registrados, lo que restringe su representatividad al núcleo más estable del mercado laboral.
  • El Índice de Salarios del INDEC distingue entre tres segmentos —privado registrado, público e informal— y ofrece una lectura más amplia, aunque su periodicidad y su metodología de relevamiento lo vuelven menos sensible a los cambios de corto plazo.
  • La evolución del sueldo no describe por sí sola la situación laboral: el SIPA registra más de 240.000 puestos privados perdidos durante el período analizado, una dimensión que queda fuera de la comparación salarial y que introduce una advertencia adicional sobre la calidad del empleo más allá del poder de compra del ingreso.

Qué significa para el empleo

El cuadro descrito por los indicadores oficiales sugiere que la recomposición del salario real es un proceso heterogéneo, que avanza con distinta velocidad según el segmento y que, en algunos casos, todavía se encuentra en terreno negativo. La pérdida de más de 240.000 puestos privados registrados durante el período analizado introduce una advertencia adicional: una porción de la población asalariada dejó de percibir ingresos formales, de modo que la mejora del 9% en el salario real del sector corresponde a quienes conservan su empleo, no al universo completo de trabajadores. Para los hogares que destinan una proporción elevada de su presupuesto a vivienda, servicios y transporte, la mejora nominal puede no alcanzar para recuperar capacidad de compra, en la medida en que esos capítulos acumulan subas muy superiores al índice general. En el segmento informal, las mejoras de entre el 85% y el 115% describen una recuperación desde niveles muy deteriorados, aunque ese universo, que supera el 44% de los asalariados, continúa percibiendo ingresos por debajo de la línea de formalidad y sin la protección de los mecanismos de seguridad social. En conjunto, la lectura de los datos indica que la situación del empleo asalariado exige distinguir entre dinámica salarial, composición del gasto y volumen de puestos de trabajo, tres dimensiones que los promedios tienden a homogeneizar y que, en la práctica, afectan de manera muy distinta a cada hogar según su ubicación, su composición y su patrón de consumo.

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Tomás PughEconomía e industria

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