El pogo de River que cruzó el mundo: la foto de un fan de Oasis que ganó un premio en Londres
Joshua Halling, oriundo de Manchester, esperó diez minutos en lo alto del estadio para capturar a un joven rodeado de saltos en el segundo show de la banda en Buenos Aires; la imagen se quedó con el Music Moment of the Year en los Abbey Road Music Photography Awards 2026.

Cuando era chico y bajaba con mi abuelo a los festivales del valle, lo que más me fascinaba no era el escenario sino esa masa de gente que se movía como un solo cuerpo, con los brazos levantados y las camperas flotando, y yo me preguntaba cómo hacía un fotógrafo para atrapar ese instante sin que se le escapara entre los dedos; cada tanto, mirando hacia atrás, aparece una imagen que vuelve a poner todo eso frente a mis ojos, y la que acaba de ganar un premio internacional en Londres tiene precisamente esa rara capacidad de devolverte esa sensación, la de estar parado en medio de algo que te excede y, al mismo tiempo, de pertenecer.
La foto es obra de Joshua Halling, un fotógrafo nacido en Manchester, la misma ciudad que vio nacer a Oasis, y muestra a un joven de remera blanca con el logo de la banda rodeado por un pogo desenfocado durante el segundo recital que el grupo de los hermanos Gallagher dio en el estadio de River Plate, en noviembre de 2025, en el marco de la gira de reunión que volvió a poner a la formación inglesa en las grandes canchas del mundo después de años de silencio y de peleas públicas.
Una espera de diez minutos en lo alto del estadio
Para conseguir el encuadre, Halling se instaló en un sector alto del Monumental y trabajó con un lente de 300 milímetros, siguiendo los movimientos del público hasta que la escena se armó sola, como suelen armarse las grandes fotos, sin aviso y casi sin tiempo; el propio fotógrafo lo contó al compartir su nominación en la red social X, donde describió con una mezcla de paciencia y de alivio el momento exacto en que la imagen apareció frente a su cámara.
“Pasé unos buenos 10 minutos posado en el mismo lugar esperando a que este encuadre encajara durante la segunda fecha de Oasis Argentina y valió totalmente la pena la espera.”Joshua Halling, en X
Una premiación con escala global
La distinción se entregó el 24 de septiembre de 2026 en la quinta edición de los Abbey Road Music Photography Awards, el certamen que organiza el mítico estudio londinense donde los Beatles grabaron la mayoría de su obra, y que este año reunió más de 24.500 fotografías provenientes de 42 países, una cifra que habla a las claras de cuánto creció el interés por registrar la música en directo, no solo desde el escenario sino también desde las tribunas y las filas de atrás, ese lugar donde muchas veces se cuentan las historias más verdaderas de un recital.
La imagen ganadora compitió con otras cuatro finalistas, varias de ellas vinculadas a figuras enormes de la escena internacional, y el hecho de que se haya impuesto dice mucho de lo que estaba mirando el jurado, porque el acento no está puesto en una estrella sino en alguien del público, alguien anónimo cuya remera blanca sirve de punto fijo en medio del movimiento borroso de los que saltan a su alrededor, un detalle chico que termina siendo enorme, como esas cosas de la vida que uno no planea y que sin embargo quedan para siempre.
Me gusta pensar que esa foto es también una manera de devolverle algo a la gente que va a ver a Oasis, esos fans que durante años sostuvieron la leyenda en plazas, bares y estadios mientras los Gallagher discutían en público y el regreso parecía cada vez más improbable, y que de golpe, en una noche de noviembre en Buenos Aires, se encontraron otra vez saltando con la misma fe de siempre, con la misma camiseta puesta, y alguien, desde lo alto del Monumental, decidió que ese instante merecía ser contado; si nunca fueron a un recital en el Monumental, déjenme decirles que vale la pena, aunque sea una vez en la vida, aunque sea para entender de una vez por todas por qué una foto tomada entre la multitud puede cruzar el Atlántico y ganar un premio en la ciudad donde alguna vez se inventó la música que estamos escuchando, esa que en galés llamaríamos hwyl (esa energía contagiosa que se siente cuando algo nos conmueve de verdad) y que en cualquier idioma suena igual de bien.
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