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El tacto como vía para calmar el miedo: qué dice la neurociencia sobre el contacto físico entre personas

La especialista en Neurociencias Afactivas Paula Salamone détaille cómo una caricia, un abrazo o tomar la mano pueden modificar la respuesta al estrés y por qué el cerebro procesa de manera distinta el contacto que llega de otro y el que uno se provoca a sí mismo.

FP
Florencia PereyraSociedad y educación · · 3 min de lectura
El tacto como vía para calmar el miedo: qué dice la neurociencia sobre el contacto físico entre personas

En distintas situaciones cotidianas, tomar la mano de un chico asustado, darle un abrazo a alguien que atraviesa un momento de angustia o simplemente apoyar la palma sobre el hombro de otra persona puede cumplir una función concreta sobre el estado emocional. Así lo explicó a este portal Paula Salamone, doctora en Neurociencias Afectivas, al referirse al papel del contacto físico en la regulación de las emociones y, en particular, en la reducción del miedo y la ansiedad.

Qué cambia en el organismo

Según describió la especialista, el efecto del tacto involucra a varias partes del sistema nervioso. Su línea de trabajo indaga de qué manera los estímulos que recibe la piel se vinculan con la actividad del cerebro, con la médula espinal y con las respuestas fisiológicas del resto del cuerpo. En ese marco, recibir una caricia o un masaje puede modificar reacciones asociadas al estrés y favorecer estados de relajación.

El fenómeno fue observado con particular claridad en investigaciones con niños que toman la mano de un adulto, un escenario asociado a una disminución del temor, de acuerdo con los estudios que mencionó Salamone.

A quién alcanza y desde cuándo

El alcance del contacto físico no se limita a una edad ni a un vínculo específico: cualquier persona puede verse beneficiada cuando ese intercambio ocurre en un contexto de contención. La especialista diferenció dos modos de estimular la piel que producen efectos distintos en el sistema nervioso.

  • Autocontacto: gestos como tocarse el cabello o acariciarse la barba son formas en las que una persona regula sus propias emociones. El cerebro los reconoce como acciones propias y, por eso, la respuesta fisiológica es diferente.
  • Contacto otra persona: cuando interviene alguien más, el cerebro procesa el estímulo como algo que llega desde afuera, lo que modifica la manera en que se regula la ansiedad y la respuesta al estrés.
  • Cosquillas como ejemplo: al provocárselas uno mismo, se anticipa el lugar, el momento y la forma del contacto, lo que reduce la sorpresa. Cuando las hace otro, queda un componente de incertidumbre que forma parte del juego y del intercambio social.

La costumbre también condiciona la manera en que se expresa la cercanía. Salamone contó que, durante su trabajo de investigación en Suecia, conversar con un colega a una distancia de tres metros era una práctica habitual, una muestra de cómo las diferencias culturales en el espacio personal no implican emociones distintas sino otras formas de expresarlas y de vincularse.

El cuerpo y la investigación en Argentina

En el país, Salamone integra el equipo Tango-i Lab, donde se estudia la relación entre el contacto físico y los síntomas de despersonalización, una línea que vincula la percepción del propio cuerpo con los modos de interacción. El grupo también se plantea si la falta de contacto durante el aislamiento por la pandemia dejó efectos posteriores, una pregunta que, según la especialista, todavía forma parte de la agenda de investigación y no cuenta con respuestas definitivas.

En el conjunto de lo expuesto por Salamone, una mano tendida, un abrazo o una caricia se inscriben como recursos disponibles en el acompañamiento cotidiano, con efectos sobre la ansiedad que la neurociencia empieza a precisar y que dependen, en buena medida, del contexto y de la cultura.

FP
Florencia PereyraSociedad y educación

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