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El último viaje de Rubén Rada: la familia confirma que hay más de diez discos inéditos y promete traerlos a la luz

Lucila Rada, la hija mayor del músico uruguayo, escribió una carta pública donde repasa los días que rodearon la despedida, el velatorio en el Palacio Legislativo y la caravana popular por las calles de Montevideo. Además, adelantó que el artista dejó una producción sin publicar que se dará a conocer de forma paulatina.

EH
Elena HughesCultura y herencia galesa · · 5 min de lectura
El último viaje de Rubén Rada: la familia confirma que hay más de diez discos inéditos y promete traerlos a la luz

Vine a buscar a mi viejo al conservatorio de Trelew en un colectivo de la línea 28, yo tendría ocho o nueve años, y él me esperaba en la puerta con un par de empanadas de jamón y queso envueltas en papel de diario. Recuerdo el olor a madera del hall y una palabra que me quedó dando vueltas en la cabeza, gwlad (patria, tierra de los suyos), que él me había explicado alguna vez como el lugar al que siempre se vuelve. Cada vez que escucho un tema de Rubén Rada me pasa algo parecido: reaparece un paisaje, un sonido de tambor, una manera de decir las cosas que, sin ser las mías, terminan sintiéndose propias. Por eso, cuando supe de su partida, no pude dejar de leer con detenimiento el mensaje que su hija Lucila publicó en las últimas horas, un texto largo, íntimo y cuidadosísimo, que funciona casi como un cuaderno de bitácora de estos días difíciles y que, a la vez, abre la puerta a lo que viene: más de diez discos inéditos que el propio Rada dejó listos y que la familia se propone ir sacando a la luz de manera gradual.

El instante 0 y el km 0 del duelo

El miércoles 26 de agosto, la familia de Rubén Rada recibió la noticia que nadie quería escuchar: había llegado el momento de la despedida. Estaban reunidos alrededor de él cuando ocurrió. Lucila, su hija mayor, describió ese instante como el punto más doloroso del proceso y lo llamó, con una imagen que a mí me golpeó, el instante 0 de una serie de días que después se transformarían en algo muy distinto a lo que tenían planeado. Antes de que pasara, la familia lo rodeó de afecto: lo vieron con una expresión que Lucila describió como pacífica y satisfecha, le hablaron, le dijeron lo que iban a sentir con su ausencia y repasaron, uno por uno, todo lo que les había dejado. Y la frase que más me quedó, porque habla de una vida completa, es esta: ni un solo gesto de amor, de generosidad, de humor o de talento le quedó pendiente.

Cuando salieron de la sala, los teléfonos ya estaban llenos de mensajes. La respuesta del público modificó, de raíz, la experiencia del duelo familiar. Lucila cuenta que se dieron cuenta de que el dolor era generalizado, y que el acompañamiento funcionó como un campo magnético de afecto que estiró aquel instante 0 hacia lo que ella llamó el km 0 de un camino colectivo. No es un detalle menor: en una época en la que solemos vivir los duelos en privado, esta familia decidió abrir la puerta y dejarse abrazar por una ciudad entera.

El Palacio Legislativo, la calle y el candombe

El velatorio se hizo en el Palacio Legislativo y, por lo que cuenta Lucila, fue mucho más que una fila de personas despidiendo a un músico. La familia recibió allí a gente de distintas generaciones y de sectores muy distintos: había rostros atravesados por una tristeza que ella describe, con muy buen tino, como sin amargura. Hubo abrazos, ofrendas, llanto compartido y también, claro, risas. La voz de Rada sonó en el salón, hubo momentos de baile, y la familia agradeció de manera especial a las autoridades del Palacio Legislativo por haber comprendido la dimensión del homenaje y por ceder el espacio sin poner ninguna traba burocrática.

Después, el cortejo recorrió la calle Isla de Flores hasta llegar al Cementerio del Norte. Una multitud acompañó el trayecto con candombe, con música y con gestos que la familia asoció directamente con la forma en que el propio Rada había expresado querer ser recordado, en línea con lo que había dejado planteado en su disco Muriendo de plena. Entre las imágenes que Lucila destacó en su carta hay dos que me parecen vale la pena traer:

  • Dos jóvenes que siguieron la caravana en monopatín, con un parlante que iba sonando a medida que avanzaban.
  • Personas que llevaron prendas rojas, como una manera de hacerse visibles en el medio de la multitud.
  • Un círculo de tambores que sonó de forma sostenida durante buena parte del recorrido.

La herencia musical: más de diez discos por delante

El mensaje de Lucila cerró con la parte que, siendo honesta, más me interesa como periodista y como oyente: Rubén Rada dejó más de diez discos sin publicar. La familia ya tomó la decisión de encargarse de que esa producción llegue al público de manera gradual, sin apuro, respetando los tiempos del duelo y los tiempos del archivo. La frase que eligió Lucila es casi una declaración de principios: toda la música que él tenía prevista, va a ir saliendo. No se va a quedar en un cajón.

Para los que crecimos escuchando sus temas, la idea de que todavía hay material inédito en conserva es una pequeña fiesta. Para los que recién se acercan a su obra, es la oportunidad de descubrir a un Rada que no conocían, en distintas etapas y con distintos climas. Lo que viene, según cuenta la propia familia, es un trabajo de selección y de edición que se hará con el mismo cuidado con el que se hicieron los velatorios y la despedida: escuchando a la gente, abriendo puertas, sin prisa pero sin pausa. Yo, mientras tanto, me quedo con la imagen de aquellos pibes en monopatín con un parlante, y me parece que si Rubén hubiera visto eso desde algún lugar, se hubiera reído con esa risa que tenía, y después hubiera dicho algo así como bueno, muchachos, acompáñenme nomás. Si andan por Montevideo en los próximos meses, dense una vuelta por la ciudad que él cantó: todavía está sonando.

EH
Elena HughesCultura y herencia galesa

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