Estornudos en perros: la mayoría de las veces son una respuesta emocional y no un síntoma de enfermedad
El adiestrador canino Tony Silvestre explica que el estornudo cumple una función comunicativa cuando el animal está alegre o excitado. Sin embargo, existen señales específicas que permiten distinguir cuándo se trata de un problema respiratorio que requiere atención veterinaria.

Florencia Pereyra. La escena se repite en miles de hogares argentinos: un perro estornuda durante el juego o al recibir a su dueño y, de inmediato, sobreviene la preocupación por una posible afección respiratoria. El adiestrador canino Tony Silvestre sostiene que, en la enorme mayoría de los casos, esa reacción no tiene relación alguna con la salud del animal, sino que forma parte de su lenguaje emocional y de la forma en que gestiona la presión acumulada en sus vías respiratorias.
Qué cambia en la lectura del estornudo
Silvestre, consultado sobre el tema, afirmó que cuando un perro estornuda no está enfermo sino que está expresando un estado de ánimo. La explicación, según describió el especialista, es de orden fisiológico: durante episodios de alta excitación, como el juego, las caricias o la expectativa de salir a pasear, el organismo del perro acumula presión en las vías respiratorias y el estornudo aparece como el mecanismo natural para liberarla y recuperar una respiración cómoda.
“Si no estornuda, significa que no te quiere.”Tony Silvestre, adiestrador canino
A quién alcanza y desde cuándo se manifiesta
- Mirada tranquila y cola en movimiento sin rigidez, indicio de bienestar general.
- Orejas en posición natural y postura corporal relajada durante el estornudo.
- Curiosidad sostenida durante los paseos e interacción calma con otros perros.
- Decúbito dorsal con exposición de la panza, señal de confianza plena hacia el entorno.
- Estornudos puntuales tras beber agua o nadar, asociados al ingreso de líquido en las fosas nasales.
El criterio práctico que propone el adiestrador resulta difícil de rebatir: si el estornudo surge en un momento de alegría o de actividad y el perro exhibe todos los indicadores de bienestar descritos, no existe motivo de alarma. En cambio, la consulta veterinaria se vuelve imprescindible cuando los estornudos se vuelven frecuentes, no presentan vínculo alguno con el juego o la emoción y se acompañan de síntomas adicionales como falta de apetito, decaimiento, fatiga persistente o respiración agitada incluso en reposo. La lectura conjunta del cuerpo del animal y la frecuencia del estornudo constituye, en definitiva, la herramienta más fiable para distinguir la comunicación emocional de un cuadro clínico que requiera intervención profesional.
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