Hot Wheels Infinite Rush: cuando la maqueta del living se vuelve un mundo entero
El nuevo juego de Milestone abre las puertas del garage y convierte los autitos en protagonistas de un mapa abierto con cuatro islas, más de 150 modelos para coleccionar y un entorno tan destructible como el patio de cualquier casa de los años setenta.

Tengo que confesar algo antes de arrancar: cuando era chica, en el valle donde me crié, la caja de zapatos con los autitos era un tesoro. Los armaba en fila sobre la mesada de la cocina y les inventaba rutas que atravesaban montañas de libros y puentes hechos con reglas. Eran rutas imaginarias, claro, porque una cosa es la fantasía de un pibe y otra muy distinta lo que propone Hot Wheels Infinite Rush, el nuevo juego de Milestone, donde esa fantasía finalmente tiene su propio continente. Y mirá, no es poca cosa.
La gran apuesta del título es romper con el esquema clásico de pista cerrada y armar en cambio un mundo abierto dividido en cuatro islas temáticas. Wheelswood, una ciudad llena de rascacielos y tránsito donde uno se cruza con colectivos y semáforos reales; Tentacle Bay, una zona costera con ecosistemas variados y hasta un faro; Gearville, un parque industrial metido entre dunas de desierto y chimeneas humeantes; y Drifty Temples, una región de inspiración oriental con curvas de montaña que parecen hechas a medida para el derrape. Cada zona se siente como un tablero distinto de la misma gran maqueta.
La conducción, esa cosa tan simple y tan difícil
El juego no cuenta una historia con capítulos ni tiene cinemáticas que pretendan conmover a nadie. La propuesta es explorar y acelerar, sin un hilo conductor formal. Eso puede sonar a queja en un primer momento, pero en las primeras horas funciona: uno entra, elige un auto, y se va. La novedad aparece en las cuatro categorías de manejo, cada una con su carácter. Los bólidos privilegian la velocidad pura y recargan el turbo con la aceleración sostenida; los derrapadores acumulan nitro cuando uno se anima a meter el coche de costado en las curvas; los equilibrados generan energía con casi cualquier maniobra, así que son la opción más cómoda para los menos expertos; y los Titanes, los todoterreno, vienen con turbo de regeneración automática pensado para los terrenos rotos. Cambiar de categoría sobre la marcha es inmediato, sin cargar tiempos ni interrumpir el viaje.
- Bólidos: máxima velocidad punta y turbo sostenido.
- Derrapadores: nitro acumulado en curvas cerradas.
- Equilibrados: energía a partir de cualquier maniobra.
- Titanes: regeneración automática para fuera de pista.
El catálogo: para coleccionistas de toda la vida
Para quienes crecieron ordenando los autos por color y modelo, el juego ofrece más de 150 vehículos, con prototipos de la propia marca y licencias de fabricantes reales, fichas históricas de cada uno y un editor de pintura, rines e interiores. Está el multicarril y está el garage soñado. Además, los modos multijugador, competitivos con ranking, cooperativos o directamente casuales, más un editor de pistas personalizadas, le dan vida útil al título mucho más allá de la campaña individual.
En lo técnico, el juego corre estable a 60 fotogramas por segundo, algo que en un arcade de velocidad no es un detalle menor, es casi una obligación. Hay asperezas, claro: algunas texturas tardan en cargar cuando uno se desplaza rápido y los tiempos de espera al reaparecer en la isla después de un evento se hacen notar, rondan el minuto. Pero el sonido rescata todo: el impacto metálico, el chirrido del derrape, el motor exigido en la recta. Cierra la experiencia con dignidad, como cuando uno cierra la tapa de la caja de zapatos y queda ese ruidito a satisfacción, que en galés decimos 'cysur' (algo así como contentamiento).
¿Vale la pena entrar? Si sos fan de la marca desde siempre, sí, no hay mucho para discutir: vas a reconocer tu propia infancia ahí adentro. Si lo que buscás es acción de velocidad sin demasiadas complicaciones, también. La falta de narrativa es una limitación, pero a la vez es una invitación: uno arma la historia que quiere con los autos que elija. Y esa, viniendo de alguien que creció armando rutas sobre la mesada de la cocina, me parece una de las mejores ideas que el género de los autitos pudo haber tenido en mucho tiempo. Animate a probarlo, aunque sea una tarde, y después me contás.
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