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Intercalar pausas breves de movimiento durante la jornada sedentaria mejora la atención y la memoria de trabajo

Una revisión de 25 ensayos clínicos con 1.115 participantes, coordinada por un equipo encabezado por Yongming Li, detectó mejoras pequeñas pero consistentes en el desempeño cognitivo al retomar tareas tras interrupciones de dos minutos, según un informe publicado por la Universidad de Queensland.

FP
Florencia PereyraSociedad y educación · · 2 min de lectura
Intercalar pausas breves de movimiento durante la jornada sedentaria mejora la atención y la memoria de trabajo

La periodista Florencia Pereyra, de la sección Sociedad y educación, informó que una revisión de 25 ensayos clínicos con 1.115 participantes —coordinada por un equipo encabezado por Yongming Li, de la Universidad de Queensland— detectó que intercalar pausas breves de movimiento durante la jornada sedentaria produce mejoras pequeñas pero consistentes en la atención y en la memoria de trabajo al retomar las tareas. El análisis, que reunió estudios con personas de entre 8 y 78 años, se concentró en interrupciones inferiores a diez minutos, muchas de apenas dos minutos, distribuidas cada media hora o cada hora.

Qué cambia

La propuesta estudiada consiste en distribuir momentos de movimiento dentro de períodos prolongados de inactividad física, sin reemplazar las recomendaciones generales de actividad física sino complementándolas. Las rutinas evaluadas incluyeron caminar, practicar yoga, subir escaleras, pedalear en bicicleta fija y hacer ejercicios de resistencia, y también otras más intensas como correr sin desplazarse o realizar saltos. Tras retomar las tareas, los participantes mostraron mejoras en distintas capacidades cognitivas.

A quién alcanza y desde cuándo

El alcance del informe abarca tres planos. En el plano educativo, según señaló Mark Hamer, investigador del University College London, la estrategia permite incorporar movimientos sencillos antes de continuar una lección, sin necesidad de equipamiento deportivo. En el plano laboral, las mejoras se observaron con mayor nitidez en los ensayos con rutinas sostenidas durante varias semanas. En el plano fisiológico, Mike Trott, investigador de la Universidad de Queensland, mencionó como hipótesis la liberación de dopamina y noradrenalina junto con un mayor flujo sanguíneo cerebral como posibles mecanismos detrás del efecto.

Qué se midió y con qué resultados

  • Atención sostenida y capacidad de cambiar de consigna al retomar la tarea después de la pausa.
  • Control de respuestas impulsivas, una función ejecutiva clave para la autorregulación en el aula y en la oficina.
  • Memoria de trabajo, es decir, la habilidad de mantener información disponible y utilizarla mientras se resuelve una tarea.
  • Magnitud promedio del efecto: 0,24 en la escala estadística del metaanálisis, un valor considerado pequeño dentro del umbral convencional de 0,2.

La frecuencia importa, aunque la diferencia es modesta

La revisión de Yongming Li también comparó la cadencia de las interrupciones y encontró que las pausas separadas por una hora mostraron una ventaja ligeramente mayor sobre las realizadas cada treinta minutos, una diferencia reducida pero relevante para planificar rutinas de oficina. El propio Mark Hamer consideró razonables las conclusiones y, al mismo tiempo, pidió cautela al interpretar un promedio que reúne edades y etapas cognitivas tan dispares, dado que el rango etario de los participantes abarcó desde la infancia hasta la adultez mayor.

FP
Florencia PereyraSociedad y educación

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