Joshua Slocum y la primera vuelta al mundo en solitario: un navegante que el mar no devolvió
En 1898, el canadiense Joshua Slocum completó la primera circunnavegación solitaria a bordo del balandro Spray, una embarcación que él mismo reconstruyó. Once años después desapareció en altamar y su final sigue envuelto en misterio.

El 24 de abril de 1895, un balandro pesquero de once metros de eslora abandonó el puerto de Boston con un único tripulante a bordo. No se trataba de una expedición oficial ni de un emprendimiento respaldado por una sociedad científica: era un capitán sin trabajo, de oficio adquirido a fuerza de décadas en la marina mercante, que decidía jugarse el destino en una empresa sin antecedentes documentados. Joshua Slocum, nacido en Nova Scotia y avecindado en los Estados Unidos, partía aquel día con el propósito de dar la vuelta al mundo en solitario, una hazaña que, según los registros náuticos de la época, nadie había completado antes.
Qué cambia. La elección de Slocum no fue solo un gesto deportivo. A mediados de la década de 1890, la navegación a vela cedía terreno de manera acelerada frente al vapor, y los capitanes formados en la escuela tradicional de los grandes veleros mercantes encontraban cada vez menos espacio laboral. Slocum, que había atravesado el Atlántico y el Pacífico como oficial al mando de distintas embarcaciones, se encontró varado en tierra con un barco que él mismo se había encargado de reconstruir. Decidió entonces que, si el oficio ya no tenía lugar en los mares del presente, él se fabricaría uno propio en los confines del océano abierto.
A quién alcanzaba la empresa
El protagonista absoluto de la historia fue Joshua Slocum, nacido en 1844 en la localidad de Wilmot, en Nova Scotia, y enrolado desde los dieciséis años como cocinero y grumete para escapar del trabajo agrícola familiar. Lo acompañaba exclusivamente el Spray, un balandro de once metros que había llegado a sus manos en estado de abandono en un campo de Massachusetts y que él mismo refaccionó durante trece meses, tabla por tabla, sin más capital que su propio oficio. No había tripulación, no había institucional y no había cronómetro marino en condiciones: Slocum navegaba con un reloj barato de hojalata al que le faltaba el cristal y que compensaba con estimaciones de posición, observaciones lunares y la memoria corporal que había construido a lo largo de cuatro décadas de mar.
Tampoco sabía nadar, según sus propias declaraciones. Decía que, en mitad del océano, la natación solo servía para prolongar la agonía. La confesión no era una boutade de lobo de mar: formaba parte de una filosofía de navegación en la que el marino debía confiar menos en el recurso heroico y más en el cálculo previo, la lectura del cielo y la paciencia frente al clima.
La ruta, los episodios y el regreso
La travesía se extendió durante tres años y cubrió más de 46.000 millas náuticas, según la medición consignada por el propio Slocum en su libro de a bordo. El itinerario lo llevó a cruzar el Atlántico, bordear el cabo de Hornos por el estrecho de Magallanes, atravesar el Pacífico y el índico y regresar finalmente a Newport, Rhode Island, el 27 de junio de 1898. Ningún navegante había completado con éxito ese recorrido en solitario hasta entonces, y la marca quedó incorporada a los registros de la navegación universal.
El viaje combinó episodios de ingenio artesanal con situaciones de riesgo cierto. En el estrecho de Magallanes, ante la presencia de grupos fueguinos que intentaban abordar la embarcación durante la noche, Slocum recurrió a un procedimiento poco convencional: esparcir tachuelas de alfombra por la cubierta. Los intrusos subieron descalzos, pisaron las puntas metálicas y huyeron, según el relato del propio capitán. Más adelante, en las cercanías del archipiélago de las Azores, una intoxicación alimentaria lo sumió en un estado febril durante el cual, según su testimonio, llegó a creer ver la figura de un piloto fantasma al timón. Cuando la fiebre cedió, el Spray proseguía con rumbo firme.
Desde cuándo y cómo desapareció
En el año 1900, Slocum publicó Sailing Alone Around the World, una obra que había comenzado como serie de artículos para revistas y que terminó convertida en libro de amplia circulación. El texto fue recibido con entusiasmo por lectores que valoraban un estilo seco, irónico y desprovisto de grandilocuencia, en el que el cálculo náutico convivía con el humor y la observación directa del paisaje. La fama, sin embargo, no lo retuvo en puerto. En noviembre de 1909, a los 65 años, el navegante zarpó nuevamente desde las costas norteamericanas con el Spray, esta vez con destino al sur. El mar no lo devolvió. No hubo testigos del final, ni restos confirmados de la embarcación, y la suerte corrida por Joshua Slocum continúa siendo, más de un siglo después, uno de los capítulos sin cerrar de la historia de la navegación a vela.
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