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La batalla de Chile: tres películas para entender un país que se partió en dos

El documental de Patricio Guzmán recorre el gobierno de Salvador Allende y el golpe que instaló a Pinochet, combinando los debates del Parlamento con las asambleas de los trabajadores. Una obra clave del Tercer Cine latinoamericano.

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Elena HughesCultura y herencia galesa · · 4 min de lectura
La batalla de Chile: tres películas para entender un país que se partió en dos

Cuando era chica, en el valle, mi viejo me dejaba ver unos cassettes que llegaban de_library_ y que él miraba con una seriedad que a mí me parecía exagerada. Eran documentales largos, en blanco y negro, con gente hablando en salas llenas de humo. Años después entendí que muchas de esas imágenes venían de Latinoamérica y que contaban historias que acá, en Patagonia, sentíamos como propias. Una de esas películas se llama La batalla de Chile y la vi por primera vez ya grande, en una función de cineclub, con la misma sensación de estar delante de algo que importa. Por eso quiero contarles de qué se trata esta obra del documentalista chileno Patricio Guzmán, que sigue tan vigente como el primer día.

Tres partes para contar un país en crisis

Lo primero que hay que saber es que no estamos ante un documental único, sino ante un proyecto dividido en tres películas. La primera se llama La insurrección de la burguesía, la segunda El golpe de estado y la tercera El poder popular. Las tres funcionan como capítulos de un mismo relato sobre el conflicto político y social que vivía Chile durante el gobierno de Salvador Allende, y culminan con el golpe de Estado que en 1973 instaló la dictadura de Augusto Pinochet.

La particularidad de La batalla de Chile es que la cámara está ahí mientras pasan las cosas. Guzmán y su equipo filmaron en el momento mismo en que las tensiones crecían: registraron los debates en el Parlamento, donde se discutía cómo responder a la crisis, y también las asambleas en fábricas y poblaciones, donde los trabajadores organizaban su propia respuesta. Ese doble registro es lo que hace a la obra tan rica: conviven las decisiones de los representantes políticos con las discusiones de a pie de los (los trabajadores, en galés, palabra que mi abuela decía todo el tiempo para referirse a los que mueven el mundo con las manos).

  • La insurrección de la burguesía: el primer tramo, donde se muestra cómo los sectores de oposición al gobierno de Allende fueron organizando su estrategia para frenarlo.
  • El golpe de estado: la parte central del registro, con las jornadas previas y el día mismo del derrocamiento.
  • El poder popular: el cierre, centrado en las formas de organización que los propios trabajadores fueron construyendo desde abajo.

Un cine pensado para tomar posición

La batalla de Chile no es un documental neutro ni pretende serlo. Se inscribe en lo que se conoce como Tercer Cine, una corriente surgida en distintas regiones del mundo, con mucha fuerza en Latinoamérica, que proponía producir películas por fuera del modelo comercial de Hollywood. La idea era simple y a la vez revolucionaria: usar la cámara como una herramienta para registrar procesos históricos reales y para acompañar los cambios sociales, en vez de fabricar ficciones para entretener al público de los grandes cines.

En ese marco, Guzmán trabaja con la observación directa y con un montaje que combina lo cinematográfico, lo periodístico y lo explicativo. La película incluye escenas de violencia, debates acalorados en el Congreso y discusiones en fábricas, y las articula para que el espectador pueda seguir el conflicto en distintas escalas: tanto las grandes decisiones políticas como las pequeñas reuniones donde se decidía cómo parar una fábrica o cómo organizar una olla común. Esa combinación es la que vuelve a la obra una pieza tan útil para entender un proceso histórico complejo.

Por qué sigue siendo una película para ver

Han pasado más de cincuenta años desde el golpe contra Allende, pero La batalla de Chile se sigue proyectando en escuelas, universidades y cineclubes de toda Hispanoamérica. No es solo un archivo del pasado: es una forma de preguntarnos cómo se desarma una democracia, qué papel juegan los trabajadores cuando el horizonte se cierra y de qué manera el cine puede ser una herramienta para no olvidar. Yo les diría que si tienen la posibilidad de ver las tres partes juntas, no la dejen pasar: es de esas películas que después de terminarla cambian un poco la manera en que uno mira las noticias del presente.

“La película incorpora tanto los ámbitos de representación política como las instancias de organización de los trabajadores, y permite seguir el conflicto en distintas escalas.”Descripción de La batalla de Chile
EH
Elena HughesCultura y herencia galesa

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