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Viernes, 16 de octubre de 2026
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«La isla olvidada»: cuando la amistad adolescente se cruza con la fantasía filipina de DreamWorks

Joel Crawford y Januel Mercado dirigen una película que pone en el centro a Raissa y Jo, dos amigas que atraviesan mundos fantásticos, enfrentan a una villana y lidian con una separación que ya marca sus vidas.

EH
Elena HughesCultura y herencia galesa · · 2 min de lectura
«La isla olvidada»: cuando la amistad adolescente se cruza con la fantasía filipina de DreamWorks

Cuando era chica y pasaba los veranos en el valle, las tardes de lluvia eran una invitación a meterme en la cocina de mi abuela mientras ella me contaba historias. Muchas veces empezaban con la misma frase, en galés (llawer o bwriad, literalmente «mar de recuerdos»), y después derivaban en viajes imaginarios donde dos amigas atravesaban bosques, mares y mundos desconocidos sin perder el hilo del cariño que las unía. Por eso, mientras me acomodaba para ver La isla olvidada, la nueva apuesta animada de DreamWorks, sentí que volvía a sentarme en aquella mesa y a dejarme llevar por una aventura construida sobre algo muy simple: lo que queda cuando hay que separarse.

La película sigue a Raissa y Jo, dos adolescentes filipinas obligadas a tomar rumbos distintos justo en el momento en que la amistad pesa más que nunca. A partir de esa herida, los directores Joel Crawford y Januel Mercado arman una road movie fantástica que cruza comedia, acción y drama sin sacrificar el tono cálido que sostiene toda la historia.

Un recorrido por mundos con identidad propia

Lo que distingue a La isla olvidada es su decisión de anclar la fantasía en un lugar real. Las protagonistas no saltan entre escenarios genéricos: atraviesan ambientes reconocibles de Filipinas, con sus costumbres, sus colores y su memoria cultural. La isla del título funciona como puerta de entrada a un viaje que las lleva de un mundo a otro, donde conocen a personajes secundarios con peso propio y terminan formando un grupo tan diverso como el de cualquier aventura adolescente que se precie.

En ese recorrido aparece la villana que las persigue, un conflicto que suma tensión a la trama sin opacar el vínculo central entre Raissa y Jo. La película alterna secuencias de acción y golpes de humor físico con momentos más callados, donde la separación y el trauma se hacen carne y muestran que las protagonistas no son heroínas perfectas: tienen fallas, dudan y se lastiman.

Narrativamente, La isla olvidada se anima a hablar de lo que se pierde y de lo que permanece cuando un vínculo se transforma. La fantasía sirve de marco para que las protagonistas se reencuentren con sus recuerdos compartidos y descubran que la amistad no se mide solo por la presencia, sino por todo lo que construyeron juntas antes de la separación.

Al cerrar la película, uno se queda con esa sensación que conocía de la cocina de mi abuela: la de haber hecho un viaje largo del que se vuelve con los bolsillos llenos de imágenes nuevas. Si todavía no la vieron, dense el gusto de acercarse al cine: La isla olvidada les va a regalar dos horas de aventura, carcajadas y, sobre todo, un recordatorio de que las amistades adolescentes dejan huellas que viajan con nosotros mucho después.

EH
Elena HughesCultura y herencia galesa

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