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La jubilación mínima cerró agosto con una pérdida de poder adquisitivo superior al 40% respecto de 2019

Unas 2,9 millones de personas perciben el haber mínimo. Entre diciembre de 2019 y agosto de 2026, los precios subieron más del doble que el ingreso nominal. La comparación interanual muestra que los haberes más bajos perdieron 4,5% de poder de compra en los últimos doce meses.

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Tomás PughEconomía e industria · · 3 min de lectura
La jubilación mínima cerró agosto con una pérdida de poder adquisitivo superior al 40% respecto de 2019

2.468,6% fue el incremento nominal que acumuló el ingreso mínimo jubilatorio entre diciembre de 2019 y agosto de 2026, al pasar de $19.068 a $489.776, cifras que incluyen el bono de refuerzo. En ese mismo período, el Índice de Precios al Consumidor trepó 4.231,3%, de modo que el aumento de los haberes quedó muy por debajo de la suba general de precios y la pérdida de poder adquisitivo se acercó al 41%.

Para dimensionar el deterioro, el material de base plantea el siguiente ejercicio: si a fines de 2019 hacían falta $100 para adquirir una determinada canasta de bienes y servicios, hoy esos mismos productos cuestan $4.331. En cambio, los ingresos disponibles de quien cobra la mínima crecen hasta $2.569, un monto que apenas permite comprar el 59,3% de aquella canasta. La diferencia entre ambos números describe, en términos concretos, la pérdida acumulada.

Quiénes perciben la mínima y cómo quedaron los demás tramos

Aproximadamente 2,9 millones de personas, cerca de la mitad de los jubilados y pensionados del sistema contributivo, perciben el haber mínimo. El resto, unos 3 millones, cobra montos superiores. Aun así, el deterioro golpeó a todos los tramos. La jubilación máxima pasó de $103.064 a $2.824.694, un incremento nominal de 2.640,7%, y perdió 36,7% de poder de compra frente a diciembre de 2019. Un haber equivalente a tres veces el mínimo de entonces acumuló una caída cercana al 36%.

El bono de $70.000, que perciben quienes cobran el haber mínimo, no se actualiza desde marzo de 2024. Desde ese mes, la inflación acumuló 129,2%, con lo cual el poder de compra específico del refuerzo cayó cerca de 56%. Esta rigidez explica por qué los haberes más bajos perdieron 4,5% de poder adquisitivo en los últimos doce meses, en tanto que quienes no perciben bono empataron con la inflación gracias a los reajustes por movilidad, que acumularon 33,5% entre agosto de 2025 y agosto de 2026.

Una recuperación parcial que aún no compensa la caída histórica

Desde diciembre de 2023, los haberes sin bono ganaron alrededor de 14,3% frente a la inflación. Se trata de un margen positivo que, sin embargo, no alcanza para revertir el retroceso acumulado en años anteriores. El haber máximo llegó a perder 55,4% en términos reales entre septiembre de 2017 y diciembre de 2023; a agosto de 2026, esa pérdida se redujo levemente, hasta situarse en torno al 49%.

El mecanismo de actualización vigente aplica los índices de inflación con dos meses de rezago. En la práctica, esto implica que cuando los precios suben los haberes pierden poder de compra, y cuando bajan lo recuperan de manera parcial, con un desfasaje que tiende a profundizar el deterioro durante los períodos inflacionarios.

  • Haber mínimo: $489.776 con bono, frente a $19.068 a fines de 2019 (suba nominal de 2.468,6%, contra 4.231,3% de inflación).
  • Poder de compra de la mínima: 59,3% del nivel de diciembre de 2019.
  • Haber máximo: $2.824.694, con caída real de 36,7% respecto de fines de 2019.
  • Bono de $70.000: sin ajuste desde marzo de 2024, con pérdida específica cercana al 56%.
  • Pérdida interanual de los haberes con bono: 4,5%; haberes sin bono empataron con la inflación del período.

Qué significa para el empleo

Una pérdida acumulada de poder adquisitivo superior al 40% en el haber mínimo y cercana al 37% en el haber máximo redefine el umbral de subsistencia de los hogares compuestos por retirees y trabajadores independientes mayores. En un país con inflación estructural, cada punto de índice de precios al consumidor que no se traslada en tiempo real a la jubilación se traduce en presión sobre la cobertura de salud privada, sobre la economía informal y sobre la demanda de alimentos y bienes de primera necesidad. El sostenimiento del consumo de las 5,9 millones de personas que perciben haberes contributivos depende, en consecuencia, de que la movilidad jubilatoria mantenga su rezago cero o negativo respecto del Índice de Precios al Consumidor.

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Tomás PughEconomía e industria

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