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Viernes, 16 de octubre de 2026
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La nueva economía de la memoria: por qué la inteligencia artificial obliga a volver a un estándar que parecía jubilado

La memoria DDR5 duplica el precio de la DDR4 y los fabricantes de procesadores revierten decisiones recientes para ofrecer plataformas más accesibles. La explicación está en el desvío de producción hacia los chips de inteligencia artificial.

BO
Benjamín OwenTecnología y ciencia · · 4 min de lectura
La nueva economía de la memoria: por qué la inteligencia artificial obliga a volver a un estándar que parecía jubilado

Una memoria RAM es, a grandes rasgos, la mesa de trabajo de una computadora: cuanto más grande y rápida, más cosas se pueden tener abiertas al mismo tiempo sin que la máquina se trabe. Durante años, comprar más memoria fue algo casi automático, como renovar útiles escolares al empezar las clases. Hoy ese trámite se volvió una decisión presupuestaria seria: un kit de 32 gigabytes del estándar más moderno, conocido como DDR5, ronda los 620 dólares, mientras que su antecesor DDR4, un diseño de 2014, se consigue por unos 260 dólares. La diferencia no responde a un capricho tecnológico: es consecuencia directa del crecimiento de la inteligencia artificial.

Los grandes fabricantes de chips de memoria, como Samsung, Micron y SK Hynix, están reorientando parte de su producción hacia la memoria de alto ancho de banda que requieren los aceleradores de inteligencia artificial, esos procesadores especializados que entrenan y ejecutan modelos de lenguaje y de imagen. Según declaraciones de una ejecutiva de Samsung recogidas en el material de base, ese tipo de memoria pasará de representar alrededor del 20 por ciento de la capacidad productiva del sector en 2025 a cerca del 30 por ciento en 2027. Cuando una fábrica decide dedicar más líneas a un producto, inevitablemente produce menos del otro: la memoria convencional que usan computadoras personales, teléfonos y consolas queda con menos oferta y, por lo tanto, más cara.

Cómo funciona la cadena que encarece la RAM

  • Los centros de datos que entrenan modelos de inteligencia artificial demandan memorias de alto ancho de banda, conocidas como HBM por sus siglas en inglés.
  • Los fabricantes de chips reasignan capacidad de sus fábricas para cubrir esa demanda, que es más rentable por unidad.
  • Al reducirse la producción de memoria convencional, sube el precio de los módulos DDR5 y DDR4 por igual, aunque el primero parte de una base más alta.
  • El aumento llega a las computadoras armadas de fábrica, que suben de precio o pierden capacidad de memoria sin modificar su valor.
  • El consumidor termina pagando el costo de un cambio de prioridades en una industria que opera a escala global.

El director ejecutivo de Micron, Sanjay Mehrotra, fue más allá en su comunicación a inversores: anticipó que la demanda de su compañía superará a la oferta durante los próximos dos años y que el 75 por ciento de la producción de Micron para 2027 ya tiene comprador comprometido, a precios superiores a los actuales. La propia Micron dejó de vender memoria RAM al consumidor final y concentra su negocio en centros de datos, una señal elocuente de hacia dónde se inclinó la balanza.

Frente a ese cuadro, Intel y AMD tomaron una decisión poco habitual en una industria acostumbrada a avanzar hacia adelante: volvieron a habilitar plataformas compatibles con DDR4. Intel había discontinuado en 2024 el zócalo LGA 1700, el conector físico de sus procesadores que admitía tanto DDR4 como DDR5, y ahora prepara nuevos chips compatibles con ese mismo zócalo para los primeros meses de 2027. El fabricante taiwanés de placas madre Gigabyte confirmó que dos de sus líneas darán soporte a esos procesadores. AMD, por su parte, relanzó en agosto de 2026 su plataforma AM4, también compatible con DDR4, después de años de migración hacia estándares más nuevos.

En la práctica, un zócalo es el enchufe donde se conecta el procesador a la placa madre, y la memoria se enchufa a su vez en ranuras cercanas. Cuando una plataforma se discontinúa, las placas compatibles dejan de fabricarse y los repuestos se encarecen. Resucitar una plataforma vieja implica volver a producir placas nuevas pensadas para un estándar que muchos usuarios creían retirado, algo que la industria no suele hacer porque contradice su lógica de progreso técnico.

El fenómeno ya se percibe en los equipos de consumo: las computadoras prearmadas subieron de precio y algunos fabricantes ofrecen configuraciones con menos memoria que antes al mismo valor. Teléfonos, dispositivos de streaming y consolas de videojuegos acusaron el encarecimiento por la misma razón, ya que todos dependen de los mismos tipos de memoria.

El regreso oficial de plataformas y zócalos más antiguos marca un punto de inflexión inusual: por primera vez en mucho tiempo, la tecnología más nueva no es necesariamente la más conveniente desde lo económico. Quedan, sin embargo, varios pasos por delante: que las nuevas placas y procesadores compatibles con DDR4 lleguen efectivamente al mercado argentino a precios razonables, que los usuarios domésticos encuentren DDR4 en stock suficiente y que el diferencial de precio entre ambos estándares se mantenga en los próximos meses. Hasta que la oferta de memoria convencional se reacomode, la decisión de comprar tecnología más vieja por necesidad, y no por elección, seguirá siendo una rareza que la industria no había enfrentado en décadas.

BO
Benjamín OwenTecnología y ciencia

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