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La suba del 1,9% en septiembre confirma un patrón en zigzag que el mercado proyecta hasta 2027

El índice de precios volvió a oscilar dentro del rango de 1,6% a 1,8% mensual y los analistas atribuyen la persistencia a la indexación de tarifas, prepagas, alquileres y paritarias, además del avance de los precios regulados, que este año acumulan 31,5%.

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Tomás PughEconomía e industria · · 5 min de lectura
La suba del 1,9% en septiembre confirma un patrón en zigzag que el mercado proyecta hasta 2027

La inflación de septiembre se ubicó en 1,9% y consolidó un comportamiento que se viene repitiendo desde hace meses, con alzas y bajas intermitentes que impiden observar una tendencia sostenida a la baja. Las cifras difundidas por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) muestran que el índice general oscila desde hace varios meses en una franja que va del 1,6% al 1,8% mensual, sin que ninguno de los registros recientes haya perforado ese piso de manera sostenida. De acuerdo con el Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) que publica el Banco Central de la República Argentina (BCRA), la dinámica se mantendría durante varios meses más, con estimaciones de 1,7% en octubre, 1,6% en noviembre, 1,8% en diciembre, 1,6% en enero y febrero de 2027, y 1,7% en marzo, en todos los casos contra el mismo mes del año anterior.

El movimiento registrado en septiembre representa una suba respecto del 1,7% de agosto, pero a la vez una baja frente al 2,1% de julio, lo que configura el patrón en zigzag que describen los especialistas. Ninguna de las estimaciones contenidas en el REM para los próximos seis meses proyecta un dato inferior al 1,6% mensual, lo que deja entrever que, en el mejor escenario esperado por el mercado, la inflación continuaría anclada en ese rango durante todo el período analizado.

Por qué la inflación no cede de manera pareja

Detrás del comportamiento oscilante operan varios mecanismos que trasladan los aumentos ya registrados hacia los meses siguientes. Jubilaciones, tarifas de servicios públicos, cuotas de medicina prepaga, alquileres y paritarias salariales se ajustan en función de la inflación ocurrida, lo que hace que los incrementos del pasado reciente no desaparezcan, sino que reaparezcan, con distintos rezagos, en los precios que pagan los consumidores en los meses posteriores. Ese fenómeno de retroalimentación es lo que los economistas denominan inflación inercial y constituye, según los analistas consultados, la principal dificultad para avanzar hacia tasas mensuales más bajas.

  • Tarifas de servicios públicos: actualizan sus cuadros tarifarios con periodicidad y atan parte de los incrementos a la inflación pasada.
  • Cuotas de medicina prepaga: se ajustan tomando como referencia la variación del índice de precios, lo que perpetúa la suba en los meses siguientes.
  • Alquileres: los contratos con ajuste anual o semestral reproducen la inflación acumulada, trasladándola a los nuevos valores locativos.
  • Paritarias salariales: las negociaciones reabren tomando como piso la inflación ya registrada, replicando los ajustes en los ingresos.
  • Cuotas escolares y otros servicios regulados: aplican topes o subas vinculados al índice general, manteniendo la inercia.

A esa inercia se suma la recomposición de los precios regulados, que en lo que va del año acumularon una suba del 31,5%, frente al 21,8% que registró la inflación núcleo. La brecha entre ambos indicadores muestra que el componente regulado del índice general crece a un ritmo más elevado que el resto de los precios, lo que ejerce una presión adicional sobre el costo de vida. La inflación núcleo, que excluye justamente los rubros con mayor volatilidad o con ajustes regulados, suele ser tomada como referencia para medir la tendencia de fondo, y su diferencia con el índice general da cuenta del peso que tienen las tarifas y otros segmentos regulados en la dinámica inflacionaria actual.

“Es bastante rápido bajar la inflación desde niveles muy elevados, pero después cuesta muchísimo más bajar lo que sería la inflación inercial. En los procesos de estabilización de la región que lograron resultados, la baja a un dígito anual tomó más de tres o cuatro años.”Juan Manuel Telechea, economista

La estacionalidad también interviene en el zigzag observado en las cifras mensuales. Rubros como indumentaria, turismo, frutas y verduras presentan aumentos concentrados en determinadas épocas del año, y eso genera saltos puntuales que interrumpen la tendencia descendente. A eso se suman las variaciones de la nafta y de la carne, que pueden registrar movimientos adicionales según factores climáticos, cambios en los precios internacionales o alteraciones en los mercados de exportación. El conjunto de esos componentes explica por qué un mes puede mostrar una baja y el siguiente una suba sin que haya cambiado el rumbo general del proceso de desinflación, según coinciden los especialistas.

“Un proceso de desinflación puede tener repuntes mensuales sin que eso implique un cambio de tendencia.”Diego Piccardo, Fundación Libertad y Progreso

En la misma línea, Fiorella Scalise, de la consultora EcoGo, explicó que la indexación de tarifas, alquileres, prepagas, cuotas escolares y salarios mantiene los aumentos atados a la inflación pasada en distintas proporciones, lo que impide que los registros mensuales converjan de manera estable hacia tasas más bajas. La coexistencia de contratos con ajustes dispares y de regulaciones que reproducen la inflación anterior produce un piso estructural que el propio índice general no logra atravesar con facilidad.

Qué significa para el empleo

La persistencia de la inflación mensual en el rango del 1,6% al 1,9% condiciona de manera directa la dinámica del mercado laboral. Las paritarias negociadas durante 2026 cerraron en muchos casos con cláusulas de ajuste atadas a la inflación pasada, lo que dejó a los salarios formales protegidos frente a la pérdida de poder adquisitivo pero, al mismo tiempo, trasladó a las empresas un costo laboral creciente que se actualiza de manera trimestral o semestral. En las firmas con márgenes ajustados, esa dinámica suele traducirse en una mayor cautela para incorporar personal o en una mayor rotación de contratos temporales, dado que los incrementos salariales comprometidos imponen restricciones a la planificación de costos. En el segmento informal, donde no existen mecanismos de indexación, la combinación de inflación persistentemente por encima de las expectativas salariales y de precios regulados en alza tiende a profundizar la pérdida de ingreso real, con el consecuente impacto sobre la demanda interna. A su vez, la brecha entre la inflación acumulada en precios regulados (31,5%) y la inflación núcleo (21,8%) sugiere que los componentes indexados del gasto de los hogares crecieron más rápido que el promedio, lo que reduce el margen para incrementos salariales reales y deja al mercado laboral en una situación en la que la recomposición del empleo depende, en gran medida, de que la inflación logre quebrar de manera sostenida el piso del 1,6% mensual que hoy muestran las proyecciones del REM.

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Tomás PughEconomía e industria

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