Lindelof rompe el silencio: lo que la isla escondía y lo que nunca pasó en el cielo
El cocreador de Perdidos volvió a hablar sobre el final de la serie y aclaró de una vez por todas el verdadero significado de los flash sideways de la sexta temporada, esa línea narrativa paralela donde el vuelo nunca se estrella y los personajes no se conocen.

Tengo que confesarles que la primera vez que escuché el nombre de Oceanic 815 fue en la cocina de casa de mi abuela, en un valle galés donde la tele se encendía casi de milagro, y que cuando vi por primera vez esa imagen del ojo abriéndose en medio de la selva no pude dormir en toda la noche, así que entenderán que este tema me toca de una manera muy personal, porque para mí Perdidos nunca fue una serie de televisión sino una enorme pregunta filosófica disfrazada de aventura, y por eso me pareció importante volver sobre lo que Damon Lindelof acaba de aclarar más de quince años después de que se emitiera el último capítulo, porque todavía hay muchos fans que siguen discutiendo en los pubs de mi pueblo (tawelwch, que significa silencio respetuoso) sobre qué fue real y qué no fue real en aquella historia.
La teoría del purgatorio, desmentida punto por punto
Voy a ir directo al grano para que nadie se pierda: la teoría más popular que circuló durante años entre los espectadores decía que toda la isla era una especie de purgatorio y que nada de lo que vimos durante seis temporadas había ocurrido de verdad. Esa idea instaló la sospecha de que los sobrevivientes del vuelo estaban muertos desde el principio, atravesando una experiencia ultraterrena antes de pasar al más allá. Lindelof la desmintió en más de una oportunidad y su posición es bastante clara: en el último fotograma de la serie, Jack cierra los ojos y muere, y ese momento pertenece al relato principal, al hilo de lo que efectivamente sucedió en la isla. Por lo tanto, todo lo que vimos allí ocurrió de verdad, sin metáforas ni trampas.
“Todo lo que siempre te hemos mostrado, todo lo que ocurre en la isla, ocurrió. Absolutamente, al cien por cien.”Damon Lindelof, cocreador de Perdidos
Según explicó el propio Lindelof, la Iniciativa Dharma fue real, la isla fue real y, al terminar la serie, Hurley y Ben continuaban operando en aquel lugar como nuevos guardianes. No hubo ningún truco, ningún sueño colectivo, ninguna proyección mental: los números, el humo negro, los Otros, el corazón de la isla, todo eso existió dentro del universo de la ficción tal como lo vimos. Lo que nunca existió, lo que pertenece a otro orden de las cosas, es la línea narrativa donde el avión nunca se estrella y los personajes se cruzan en una versión distinta de Los Ángeles sin reconocerse entre sí.
Los flash sideways no son una realidad alternativa
- Los flash sideways de la sexta temporada representan la experiencia de los personajes después de morir, no una realidad paralela ni una paradoja temporal.
- La decisión de construir esa dimensión post mortem se tomó entre la tercera y la cuarta temporada, cuando los guionistas ya sabían que la serie terminaría con la muerte de Jack.
- La simetría entre el ojo que se abre en el primer episodio y el ojo que se cierra en el último les pareció la conclusión más coherente para toda la historia.
- El concepto del Bardo Thodol, conocido en Occidente como el Libro tibetano de los muertos, fue la clave para resolver cómo mostrar lo que le pasaba a Jack después de morir.
- Para que el recurso no se notara desde el principio, los guionistas introdujeron los viajes en el tiempo al final de la cuarta temporada y construyeron toda la quinta temporada sobre esa base.
- La intención era que el público interpretara los flash sideways como una paradoja temporal hasta que los propios personajes, al recordar situaciones que en esa línea nunca habían vivido, forzaran la pregunta sobre qué estaba pasando.
El concepto del Bardo, según la tradición budista, describe un estado intermedio en el que una persona muere pero todavía no sabe que está muerta, y en el que nadie puede advertirle lo que ocurrió, aunque puede recibir señales del entorno. Lindelof lo sintetizó en una frase que circuló por todos los medios especializados: La idea de Bardo es un lugar al que vas cuando mueres pero no sabes que estás muerto. Nadie puede decírtelo. Esa fue la llave que les permitió escribir la sexta temporada con la libertad suficiente como para mostrar a los personajes reencontrándose, recordándose y, finalmente, dejándose ir en una iglesia ficticia de Los Ángeles, donde cada uno emprende su propio viaje con los seres queridos que se le fueron adelantando.
Ahora bien, a mí lo que más me conmueve de esta explicación, y se los digo con total honestidad, es que los guionistas de Perdidos no eligieron un atajo fácil ni una explicación científica rebuscada para cerrar su historia, sino que fueron a buscar un texto antiguo, escrito hace siglos en una cultura completamente distinta a la occidental, para darle forma a uno de los finales más discutidos de la historia de la televisión. Eso habla de una ambición intelectual que hoy,, escasea en las series masivas, y por eso me parece justo reivindicar esta decisión cada vez que tenemos la oportunidad, porque Perdidos no fue un experimento fallido sino una apuesta enorme que todavía, más de quince años después, sigue dando que hablar.
Si nunca volvieron a ver la serie con esta explicación en mente, les propongo que se sienten una noche de estas, busquen los capítulos finales y presten atención a los pequeños detalles que en su momento parecieron errores o casualidades: las conversaciones que se repiten, los personajes que se miran como si se conocieran de toda la vida, las frases que parecen no tener sentido hasta que uno las conecta con los recuerdos de temporadas anteriores. Háganlo con alguien que quieran, porque esa es la mejor manera de entender qué quiso contar Lindelof cuando decidió cerrar los ojos de Jack para siempre. Y si se cruzan con alguien que todavía cree que la isla era el purgatorio, ya saben qué decirle.
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