Llagas en la boca: por qué aparecen, qué las distingue y en qué momento conviene consultar al especialista
Las aftas son lesiones frecuentes y, en la mayoría de los casos, se resuelven solas en pocos días. La repetición, el tamaño o la presencia de otros síntomas pueden revelar una enfermedad de base que requiere evaluación médica.

Las úlceras bucales, también conocidas como aftas, constituyen una de las consultas más recurrentes en la práctica odontológica y clínica general. Se localizan en la mucosa interna de las mejillas, en la superficie o el borde de la lengua, en las encías, en el revestimiento interno de los labios o en el paladar blando. De acuerdo con la descripción clínica recogida en la literatura especializada, presentan un centro blanquecino, grisáceo o amarillento rodeado por un halo rojizo, y en ocasiones van precedidas por una sensación de ardor u hormigueo en la zona afectada. A diferencia del herpes labial, estas lesiones no aparecen en la superficie externa de los labios y no se transmiten de una persona a otra.
Qué cambia en el aspecto y la duración de las aftas
Cuál es la forma habitual
En la mayoría de los episodios la curación llega de manera espontánea en el plazo de una a dos semanas. Cuando son pequeñas y de bordes redondeados —el formato más común—, la mucosa se recupera sin dejar marcas visibles. Existe, sin embargo, una variante mayor, menos frecuente, caracterizada por lesiones más profundas, más dolorosas y de bordes irregulares, cuya cicatrización puede extenderse hasta seis semanas. Una tercera forma, integrada por múltiples ulceraciones diminutas que tienden a agruparse, completa el cuadro clínico reconocido por los manuales de referencia.
- Estomatitis aftosa menor: lesiones pequeñas y redondeadas, de curación espontánea en una o dos semanas, sin secuelas sobre la mucosa.
- Estomatitis aftosa mayor: úlceras más profundas, dolorosas y de bordes irregulares, con tiempos de cicatrización que pueden alcanzar las seis semanas.
- Estomatitis aftosa herpetiforme: conjunto de ulceraciones diminutas que tienden a confluir y aparecen en número elevado.
A quién alcanza: los factores que predisponen a su aparición
Desde cuándo: el papel de los traumatismos y el estado general
Entre los desencadenantes mejor documentados se encuentran los traumatismos locales: mordeduras accidentales de la mejilla, cepillado dental agresivo, roces provocados por aparatos de ortodoncia o por prótesis mal ajustadas y quemaduras producidas por alimentos o bebidas a temperaturas elevadas. El estrés emocional, la fatiga y las variaciones hormonales asociadas al ciclo menstrual o al embarazo aparecen también como factores relacionados con la aparición de estas lesiones.
La alimentación y el estado nutricional ocupan un lugar relevante en el análisis de las causas. Las carencias de hierro, ácido fólico, zinc, vitaminas del complejo B y vitamina D figuran entre los factores asociados a la recurrencia. Un metaanálisis publicado durante 2024 en la revista BMC Oral Health, citado por el material de base, reportó que las personas con aftas recurrentes presentaban con mayor frecuencia déficit de vitamina B12, bajas reservas de hierro medidas a través de la ferritina y niveles reducidos de hemoglobina. Los autores del trabajo aclararon que la asociación estadística registrada no implica una relación de causalidad directa y que, en determinados indicadores analizados, la evidencia disponible continúa siendo limitada.
Cuándo hay que consultar: las señales de alerta y los cuadros asociados
Desde cuándo: persistencia, repetición y enfermedad de base
Cuando las lesiones son múltiples, reaparecen con frecuencia o se acompañan de manifestaciones en otras regiones del organismo, la explicación puede encontrarse en una condición subyacente. Entre las enfermedades asociadas a la estomatitis aftosa recurrente se mencionan la celiaquía, la enfermedad de Crohn, el lupus eritematoso sistémico, la enfermedad de Behçet, la artritis reactiva, distintas infecciones de origen viral, bacteriano o fúngico y los estados de inmunidad debilitada, entre los que se incluye el VIH/sida.
Florencia Pereyra, desde la sección Sociedad y educación, consigna que existen señales concretas que indican la necesidad de una consulta profesional sin postergaciones. Una llaga que persiste más allá de dos o tres semanas, lesiones que se extienden hacia los labios o que aparecen junto con fiebre, dificultad para tragar, pérdida de peso o inflamación de ganglios linfáticos configura un cuadro que merece evaluación médica. La identificación temprana de estos signos permite distinguir una molestia pasajera de la manifestación inicial de una enfermedad que demanda tratamiento específico.
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