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Mirtha Legrand volvió a su casa: se cierra una espera que también fue la de toda una audiencia

La conductora, de 99 años, dejó el Sanatorio Mater Dei tras casi tres semanas de internación por un cuadro respiratorio. Juana Viale había quedado al frente de los sábados por la noche y los domingos al mediodía mientras su abuela se recuperaba.

EH
Elena HughesCultura y herencia galesa · · 4 min de lectura
Mirtha Legrand volvió a su casa: se cierra una espera que también fue la de toda una audiencia

Les cuento una cosa que siempre me pasa cuando paso unos días lejos de casa, aunque sea por trabajo. Es esa sensación de que el sillón del living te espera, y de que las plantas, los libros y hasta la luz de la lámpara parecen respirar distinto cuando volvés. Algo así, multiplicado por una vida entera dedicada a la pantalla, debe de ser lo que sintió Mirtha Legrand este martes a las 17, cuando cruzó la puerta del Sanatorio Mater Dei y tomó el camino de regreso a la suya. La habían visto partir el 18 de septiembre, con una descompensación respiratoria que la devolvió a una habitación de internación después de una primera alta fugaz. Y este martes, por fin, la volvieron a ver en su casa.

Porque acá no se trata solo de una paciente y un sanatorio, se los digo con sinceridad. Se trata de una mujer que el 29 de agosto condujo por última vez La noche de Mirtha y que, desde entonces, mantuvo una presencia silenciosa pero muy presente en el living de los argentinos: a través de los comentarios que le hacía llegar a su nieta después de cada emisión, según contó la propia conductora al aire. Esa continuidad invisible, la de una abuela mirando televisión y opinándole a la mesa, fue durante casi dos meses el lazo que mantuvo viva la idea de que la vuelta era cuestión de tiempo.

Una internación en dos tiempos

  • Septiembre: la conductora transitó un cuadro gripal que se complicó con bronquitis y motivó la primera internación.
  • Domingo 13: recibió una primera alta y volvió a su domicilio para seguir la recuperación en casa.
  • Jueves 18: una descompensación respiratoria motivó el regreso al sanatorio, donde permaneció casi tres semanas.
  • Tratamiento: antibióticos, controles clínicos y nutricionales, y rehabilitación kinesiológica diaria.
  • Jueves 25 de septiembre: el director médico Enrique Echagüe informó que la paciente aumentaba su actividad física.
  • Martes 30: se confirmó una mejoría de la neumopatía que había derivado del cuadro gripal.
  • Lunes siguiente: la institución comunicó que Legrand progresaba en rehabilitación y permanecía en una habitación común.
  • Martes a las 17: alta definitiva para continuar la recuperación en su domicilio.

Yo sigo este tema desde lejos pero con atención, porque me toca esa franja de la vida en la que uno empieza a mirar a los mayores de otra manera. Ya no como figuras distantes de la tele, sino como personas de carne y hueso, con nietos que les cuentan cómo les fue en el programa y con equipos médicos que hablan de avances en voz baja para no crear un hecho antes de tiempo. Esa cadencia, esa manera de ir paso a paso, es la misma que uno aprende cuando empieza a entender el valor del tiempo.

Juana Viale, la granddaughter (así decimos en galés nietos que sostienen la casa) al frente de la mesa

Mientras Mirtha estaba internada, su nieta Juana Viale quedó a cargo de los dos turnos fuertes del ciclo: las cenas de los sábados y los almuerzos de los domingos. El 3 de octubre, al frente del programa, Viale contó que su abuela estaba en una habitación común y que seguía las emisiones desde el sanatorio. Sobre la evolución, fue cauta y a la vez optimista: bien, mejorando momento a momento, día a día. Esa manera de hablar, tan de la casa, tan nuestra en cualquier idioma, fue lo único que necesitaron muchos para empezar a respirar más tranquilos.

“Bien, mejorando momento a momento, día a día.”Juana Viale, sobre la evolución de Mirtha Legrand durante el programa del 3 de octubre

El parte del 2 de octubre todavía no se animaba a poner fecha de salida. El del lunes siguiente informaba que la paciente progresaba en rehabilitación. La institución había previsto dar otra actualización el miércoles si no había cambios, pero el alta llegó antes, como tantas cosas buenas que uno no se anima a pronosticar. Y acá quiero hacer una pausa, porque me parece justo. Cuando uno cubre temas de salud de personas públicas, hay que hacerlo con respeto y con el mismo cuidado que si se tratara de la propia madre. Los partes se transcriben, no se exageran. Y los regresos a casa, se celebran con mesura.

Ahora, lo concreto: Mirtha Legrand continuará la recuperación en su domicilio, con controles ambulatorios y, según se desprende del trabajo de kinesiología que venía haciendo dentro del sanatorio, con un ritmo de actividad creciente. La pregunta que queda flotando, y que se hacen muchos televidentes, es cuándo volverá a la pantalla. Pero esa respuesta no la tiene nadie, ni siquiera ella. Y está bien que sea así. Hay regresos que se anuncian y regresos que se dejan venir, como una tarde de domingo en la que, sin que nadie lo planee, la abuela aparece por el pasillo y dice: acá estoy. Los que la vimos crecer en los living, los que aprendimos a recibir el año nuevo con su mesa vestida, sabemos que ese momento, cuando llegue, va a ser suyo. Y el nuestro, también.

Si les pasó lo que a mí, seguramente guardan en la memoria alguna mesa de Mirtha que les quedó tatuada. Una cena que miraron con la familia, un almuerzo que compartieron con un amigo, un comentario de la conductora que todavía repiten. Los invito a ir a buscarla en el recuerdo, mientras le deseamos una buena recuperación en casa, que es, en definitiva, donde siempre se está mejor.

EH
Elena HughesCultura y herencia galesa

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