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Por qué Stephen King decidió matar su propio libro antes de que siguiera haciendo daño

La novela que escribió en la universidad, publicó bajo seudónimo y terminó retirando del mercado por los tiroteos escolares en Estados Unidos. La historia de "Rabia", el tomo que su propio autor considera demasiado peligroso para seguir circulando.

EH
Elena HughesCultura y herencia galesa · · 5 min de lectura
Por qué Stephen King decidió matar su propio libro antes de que siguiera haciendo daño

A veces me acuerdo de las tardes en el valle, cuando el viento bajaba por la cuesta y traía ese olor a tierra mojada que se pega a la memoria. Mi abuelo decía que había una palabra en galés para nombrar la tristeza que uno siente por las cosas que no se pueden arreglar: hiraeth, un anhelo profundo, casi sin traducción posible. Algo de eso aparece cuando uno piensa en un escritor que decide retirar de circulación un libro suyo, no por malo, no por aburrido, sino por lo que ese libro puede llegar a hacerle a alguien. Eso fue lo que hizo Stephen King con Rabia, y por eso la historia vale la pena contarla bien despacio.

Una novela escrita en los años de estudiante

La historia arranca en los años setenta, cuando King era todavía un joven que cursaba la universidad y daba sus primeros pasos como escritor. Rabia cuenta la de Charlie Decker, un alumno al que expulsan de su instituto y que responde al castigo sacando un arma de fuego de su propio casillero, matando a varias personas y tomando rehenes. La publicó en 1977 con el seudónimo Richard Bachman, aquel nombre falso que usó para esconder su identidad en los primeros libros, y nunca llegó a ser un éxito de ventas ni un título de referencia dentro de su obra. Era, en todo caso, un texto de juventud, una novela dura escrita por alguien que todavía estaba aprendiendo el oficio.

Lo que cambió todo: los tiroteos

Lo que cambió la relación de King con ese libro fue algo que ningún autor quisiera para ninguna de sus páginas. El libro empezó a aparecer, una y otra vez, entre las cosas de jóvenes que habían participado en tiroteos escolares en distintos colegios de Estados Unidos. El caso que terminó de convencerlo fue el de Michael Carneal, que en 1997 mató a tres personas en su escuela y tenía un ejemplar de Rabia entre sus pertenencias. "Al menos dos chicos que estuvieron involucrados en tiroteos escolares tenían el libro", reconoció el propio King, con esa crudeza que a veces tienen las cifras cuando se vuelven nombres y apellidos.

La decisión de retirarlo

A partir de ahí, King le pidió a su gente que dejara de publicar Rabia. Y acá viene un punto importante, que a mí me parece clave para entender la postura del escritor: él no dice que los libros o las películas vuelvan violentos a la gente. Sostiene, y lo dice textual, que la enorme mayoría de quienes consumen material de ese tipo no actúa de forma violenta. Lo que distingue es un subgrupo chico, reducido, de personas para las que ciertos contenidos pueden funcionar como catalizadores, como un disparador que termina de empujar algo que ya estaba ahí. Y fue justamente para no ser parte de ese empujón que tomó la decisión.

“No quería que 'Rabia' fuera uno de esos aceleradores. Sentí que era parte de eso, se convirtió en parte de un escenario de fantasía con estas personas y no quería que le pasara a nadie más.”Stephen King

Prohibido también en cine y en series

Pero acá hay un detalle que muchos pasan por alto y que a mí me parece de una coherencia notable. Si lo que a King le molestaba era que el libro funcionara como acelerador de hechos violentos, autorizar una película o una serie basada en Rabia habría sido exactamente lo mismo, nada más que en otro formato. Por eso la prohibición sobre cualquier adaptación audiovisual no es un capricho ni un tema de derechos, sino la consecuencia lógica de la decisión editorial. Si el papel hace daño, la pantalla también. No se puede apagar un incendio en una punta y dejarlo ardiendo en la otra.

El ensayo que lo dejó por escrito

En 2013, King volvió sobre todo esto en un ensayo que se llama Guns, donde habla de su posición sobre el control de armas en los Estados Unidos y, de paso, explica con más calma por qué sacó Rabia del mercado. Lo que dice es que la Primera Enmienda de la Constitución, esa que protege la libertad de expresión, lo dejaba legalmente habilitado a seguir publicando el libro sin problemas. Pero que su responsabilidad moral, esa cosa más vieja y más callada que las leyes, le pedía lo contrario. Es la diferencia entre lo que uno puede hacer y lo que uno considera que debe hacer, que a veces coinciden y a veces no.

Un libro que su propio autor considera demasiado riesgoso

Lo que termina pasando con Rabia es que queda en una categoría muy rara dentro de la obra de King, casi sin paragón. No es un libro que la crítica haya destrozado ni una novela que el público haya rechazado por mala. Es un título que su propio autor decidió que era demasiado peligroso para estar disponible, más allá de su valor literario. Y eso abre un debate que a mí me parece de los más interesantes que podemos dar hoy: hasta dónde llega la responsabilidad de un escritor sobre lo que hace un lector con lo que leyó. No es un debate con respuesta fácil, y por eso está bueno tenerlo en cuenta.

  • Rabia fue escrita por King en sus años de universidad y publicada en 1977 bajo el seudónimo Richard Bachman; nunca fue un bestseller.
  • El libro apareció de forma reiterada entre las pertenencias de jóvenes involucrados en tiroteos escolares en Estados Unidos, incluido el caso de Michael Carneal en 1997.
  • King retiró el libro de circulación y prohibió cualquier adaptación cinematográfica o televisiva, para no que la historia funcionara como acelerador de violencia.
  • En su ensayo Guns (2013) dejó por escrito que la Primera Enmienda le permitía seguir publicando el libro, pero que su responsabilidad moral le indicaba lo contrario.

Si te interesan estas historias de libros que tienen vida propia más allá de sus autores, quedate cerca que en esta sección vamos a seguir tirando del hilo. Hay autores y autoras que tomaron decisiones parecidas, por motivos distintos, y eso siempre da para conversar. Como decía mi abuela, que en paz descanse: los libros se publican, pero algunos se publican para no volver a leerse. Y a vos, ¿qué libro te parece que tendría que estar en esa lista? Te leo.

EH
Elena HughesCultura y herencia galesa

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