Robo de sesiones en plataformas de inteligencia artificial: el riesgo de entrar sin escribir la contraseña
Un análisis reciente advierte que programas diseñados para extraer cookies y tokens permiten a los atacantes suplantar a usuarios ya autenticados. La amenaza expone historiales de chat, claves de servicios pagos y datos corporativos de cientos de empresas.

Proteger una cuenta de inteligencia artificial no termina en cambiar la contraseña. Un informe de ESET y otro de SOCRadar encendieron una señal de alerta sobre una modalidad de ataque que aprovecha las sesiones que quedan abiertas después de iniciar sesión, lo que les permite a los ciberdelincuentes entrar a la cuenta sin necesidad de conocer las claves. Para las empresas, las consecuencias pueden ir desde la filtración de información confidencial hasta el consumo no autorizado de servicios pagos contratados bajo la órbita corporativa.
Cómo funciona el robo de sesiones
El mecanismo empieza con programas maliciosos conocidos como infostealers, que son como ladrones que registran las llaves y credenciales que el usuario dejó olvidadas en la máquina. Estos softwares son capaces de extraer cookies y tokens de equipos con Windows o Mac. Las cookies son esos pequeños archivos que las páginas guardan en el navegador para recordar que ya iniciaste sesión, y los tokens son identificadores digitales que cumplen la misma función en aplicaciones y servicios conectados.
Una vez que el atacante consigue esos identificadores y los reutiliza, el servicio de inteligencia artificial lo reconoce como un usuario ya autenticado y, por lo tanto, no vuelve a pedir la verificación en dos pasos ni la contraseña. Es como si un extraño encontrara una copia de la llave de la casa: puede entrar directamente sin tocar el timbre ni forzar la cerradura.
SOC- Radar, una plataforma de monitoreo de superficie de ataque, examinó un período de 90 días e identificó 5.434 registros asociados con 1.500 direcciones de correo corporativo y 482 empresas distintas con cuentas expuestas. La preocupación no se limita al acceso en sí: las conversaciones guardadas pueden contener código fuente, borradores de contratos o información de clientes que los empleados incorporaron a sus consultas con el asistente de inteligencia artificial.
Qué medidas recomiendan los especialistas
- Acortar la duración de las sesiones para reducir la ventana de tiempo en la que un permiso robado sigue siendo útil.
- Renovar periódicamente los identificadores de sesión y forzar el cierre de los activos.
- Implementar un inicio de sesión único (SSO) que centralice los accesos y permita revocarlos desde un solo lugar.
- Limitar y cambiar con frecuencia las claves API, que son las contraseñas especiales que conectan aplicaciones externas con los servicios de IA.
- Revisar ingresos desde ubicaciones geográficas inusuales o fuera del horario laboral habitual.
- Investigar cualquier cuenta corporativa que aparezca en registros de filtraciones como si fuera un incidente en el dispositivo, no solo en la cuenta.
Si la dirección de correo de un empleado aparece en bases de datos de información robada, los especialistas recomiendan investigar el equipo involucrado antes de tomar medidas aisladas. Cambiar la contraseña puede resultar insuficiente si el atacante conserva una sesión válida todavía abierta. Otro paso fundamental es identificar qué cuentas de inteligencia artificial se están utilizando dentro de la organización sin que los responsables de seguridad lo sepan, una práctica conocida como TI en la sombra.
El problema se amplifica cuando los empleados conectan sus cuentas de IA con plataformas de automatización como Zapier, que vinculan distintos servicios entre sí. Una sesión comprometida en estos intermediarios puede habilitar accesos a correo electrónico, almacenamiento en la nube o sistemas de gestión, extendiendo el daño mucho más allá del chat inicial.
Qué falta para que esta amenaza llegue a la mesa chica de las empresas
Por ahora, la discusión sobre el robo de sesiones de inteligencia artificial todavía no ocupa un lugar central en las agendas de los comités de seguridad de la mayoría de las organizaciones argentinas. Faltan estadísticas locales que dimensionen el problema, campañas de concientización dirigidas a empleados que usan herramientas de IA en su trabajo diario y auditorías específicas que revisen qué servicios de inteligencia artificial están contratados o en uso dentro de cada compañía. También hacen falta políticas claras que obliguen a reportar cuentas sospechosas antes de que un atacante pueda moverse libremente dentro de los sistemas corporativos. Hasta que eso ocurra, la protección quedará en manos de la buena voluntad de cada usuario y de los equipos de seguridad que decidan ir un paso más allá del cambio de contraseña.
Comentarios
0Todavía no hay comentarios. Sé el primero.
Seguí leyendo



Cuál es el mejor internet para jugar en línea y no perder un segundo de partida
