Senillosa crece: un ingeniero analiza qué pasa cuando los servicios llegan después que los vecinos
Luciano Debbaudt comenzó a estudiar cómo el crecimiento de Senillosa puede impactar sobre su infraestructura y servicios. Su experiencia en sistemas sanitarios lo llevó preguntarse: qué debería prever hoy una ciudad para no tener que resolver mañana problemas anticipables

Luciano Debbaudt comenzó a estudiar cómo el crecimiento de Senillosa puede impactar sobre su infraestructura y sus servicios. Su experiencia en sistemas sanitarios lo llevó a poner el foco en una pregunta: qué debería prever hoy una ciudad para no tener que resolver mañana problemas que ya eran anticipables.
Senillosa está cambiando. Nuevos loteos, viviendas, mayor circulación, actividad comercial y el crecimiento general que atraviesa el corredor de la Confluencia empiezan a modificar progresivamente la escala de la ciudad.
Para el ingeniero químico Luciano Debbaudt, que vive en Senillosa desde hace casi una década, ese crecimiento abre oportunidades, pero también plantea un desafío menos visible: lograr que la infraestructura y los servicios crezcan al mismo ritmo que la ciudad.
Debbaudt comenzó a trabajar sobre esa pregunta como parte de un análisis personal que viene desarrollando sobre Senillosa y su evolución durante los próximos años.
Su punto de partida está relacionado con su propia experiencia profesional. Entre 2016 y 2019 estuvo al frente de la construcción de la Planta de Tratamiento de Líquidos Cloacales y sus redes en Senillosa. Posteriormente participó de su puesta en marcha y operación, y con los años asumió responsabilidades sobre sistemas sanitarios cada vez mayores dentro del EPAS.
Esa experiencia le permitió observar una diferencia que considera importante cuando se habla de crecimiento urbano: construir algo y lograr que funcione de manera sostenible no son necesariamente el mismo problema.
“Cuando aparece un nuevo barrio, uno ve las casas. Pero detrás hay que pensar por dónde llega el agua, qué pasa con las cloacas, la energía, los accesos, el transporte, el drenaje y qué capacidad va a necesitar toda esa infraestructura cuando ese barrio esté completamente ocupado”, explica.
Por eso, sostiene, una ciudad no debería pensar sus servicios de manera aislada.
Un loteo puede desarrollarse mucho más rápido que una red. Una calle puede abrirse sin considerar cómo se integrará al tránsito futuro. Una infraestructura diseñada para determinada población puede acercarse a su capacidad máxima si la demanda aumenta más rápido de lo previsto.
El problema no necesariamente aparece inmediatamente.
Y justamente allí está, para Debbaudt, la importancia de planificar.
“Muchas veces el sistema funciona hoy y entonces parece que no hay un problema. La pregunta correcta es si va a seguir funcionando con la ciudad que estamos construyendo.”
Pensar primero la ciudad y después las obras
El trabajo que Debbaudt comenzó a realizar no busca solamente identificar qué infraestructura falta actualmente.
También intenta observar hacia dónde está creciendo Senillosa, qué sectores pueden desarrollarse, qué capacidad tienen los servicios existentes y qué nuevas demandas podría generar ese crecimiento.
La cercanía con Neuquén y Plottier y la expansión de la actividad vinculada a Vaca Muerta agregan otra variable.
Más actividad regional puede significar nuevas oportunidades de empleo, comercio, producción e inversión para Senillosa. Pero también puede incrementar la demanda de vivienda, suelo urbano, movilidad y servicios.
Para Debbaudt, anticiparse significa pensar esas variables conjuntamente.
Una pregunta que recién empieza
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