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Siete de cada diez argentinos endeudados financian la canasta básica y los servicios con crédito

Un relevamiento de Zentrix muestra que los ingresos se agotan, en la mayoría de los casos, antes del día 20 del mes y que el 76% de quienes tomaron deuda lo hicieron para pagar alimentos, salud, tarifas y servicios.

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Tomás PughEconomía e industria · · 3 min de lectura
Siete de cada diez argentinos endeudados financian la canasta básica y los servicios con crédito

Tomás Pugh, Economía e industria. Un total de 1.466 respuestas válidas recogidas entre el 25 y el 31 de agosto por el Monitor de Opinión Pública de Zentrix permite trazar un mapa preciso del estado de las cuentas familiares en la Argentina de fines del octavo mes del año. La fotografía es elocuente: para dos de cada tres personas consultadas, los ingresos mensuales alcanzan como máximo hasta el día 20, y dentro de ese universo un 24% reconoció que el dinero se termina, a más tardar, el día 10. La comparación con el relevamiento de julio muestra, sin embargo, una leve mejora en la percepción sobre la economía del hogar, que pasó del 27,2% al 29,8% de respuestas positivas en apenas un mes.

El dato se vuelve más agudo cuando se lo lee a la luz de la composición socioeconómica y etaria de la muestra. Entre las personas pertenecientes a la clase baja, el 87,6% afirmó que sus ingresos se agotan antes del día 20; en el extremo opuesto, la clase alta apenas registró un 7,3% en esa condición. La brecha etaria reproduce un patrón similar: el 83,3% de los consultados de entre 18 y 39 años no logra superar esa fecha con lo que percibe, frente al 60,3% de los mayores de 60 años, lo que confirma que la presión sobre el bolsillo se concentra con mayor fuerza en los hogares más jóvenes y en los segmentos de menores ingresos.

El crédito como puente hacia la próxima quincena

En ese escenario, alrededor de seis de cada diez encuestados declaró haber contraído deudas durante los seis meses previos. Entre quienes recurrieron al financiamiento, los motivos exhiben una marcada concentración en la subsistencia: un 55,6% lo hizo para costear alimentación y salud, y otro 20,4% para abonar tarifas y servicios. Sumados, esos conceptos básicos representaron el 76% de las razones esgrimidas para endeudarse, una proporción que describe con claridad el tipo de gasto que está siendo derivado al crédito en la economía cotidiana de los hogares argentinos.

  • Alimentación y salud: 55,6% de los motivos de endeudamiento.
  • Tarifas y servicios: 20,4% de los motivos de endeudamiento.
  • Ambos rubros en conjunto concentran el 76% de los destinos del crédito.
  • En la clase baja, alimentos, salud, tarifas y servicios superan el 85% de los motivos para tomar deuda.
  • En la clase alta, esos mismos rubros quedan por debajo del 60%, con una distribución más pareja entre necesidades básicas y compra de bienes durables.

El cuadro se completa con la mirada que los propios encuestados tienen sobre sus ingresos. El 81,2% consideró que su remuneración no le gana a la inflación, y al ser consultados por sus preocupaciones principales, el 50,1% mencionó los ingresos y los sueldos, mientras que el desempleo fue señalado por el 40,9%. Se trata de guarismos que, leídos en conjunto, retratan una economía doméstica donde la principal fuente de tensión no es el consumo suntuario ni la inversión, sino la capacidad de sostener los servicios y la alimentación dentro del mes calendario.

Qué significa para el empleo

El comportamiento descrito por el Monitor de Zentrix tiene derivaciones directas sobre el mercado de trabajo y las condiciones de contratación. Cuando más de ocho de cada diez consultados percibe que su sueldo pierde contra la inflación, y cuando seis de cada diez familias deben endeudarse para sostener la canasta básica, el salario nominal deja de funcionar como ancla de planificación y el financiamiento al consumo opera como un amortiguador transitorio. En la práctica, ese esquema tiende a traducirse en una mayor rotación de personal, en una presión adicional sobre los acuerdos paritarios de corto plazo y en un ensanchamiento de la brecha entre los sectores que pueden ofrecer beneficios extra-salariales y aquellos que sólo pueden competir con ajustes nominales. El dato de que los jóvenes de entre 18 y 39 años sean los más afectados por la insuficiencia de ingresos antes del día 20 agrega un componente adicional: la precariedad se concentra en la franja etaria que, en condiciones normales, sostiene la mayor parte de la fuerza laboral formal, lo que obliga a revisar tanto las escalas salariales de entrada como los mecanismos de protección social vinculados al empleo joven.

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