Spider-Noir se quedó sin segunda temporada, pero el equipo ya soñaba con mandarla a Los Ángeles y a la Segunda Guerra Mundial
El showrunner Oren Uziel contó los planes que quedaron en el cajón: sacar al detective Ben Reilly de Nueva York, probar con el noir californiano o europeo y caminar hacia el conflicto bélico. La serie cerró su ciclo con cinco Emmy, récord para una ficción cancelada tras su primera entrega.

Tengo que confesar algo antes de arrancar: cuando era chico, en el valle, me tragaba las películas en blanco y negro que pasaban a horario insólito por el único canal que se veía bien en la antena. Eran detectives con gabardina, calles mojadas y ciudades que parecían diseñadas para que alguien cayera mal. Por eso, cuando me senté a leer las declaraciones de Oren Uziel sobre lo que podría haber sido la segunda temporada de Spider-Noir, sentí que volvía a esa mesa de la cocina, con el ruido de la lluvia afuera y la tele murmurando. Había algo entrañable en la idea de que un personaje con mallas siga jugando en ese mismo terreno visual, con esas mismas luces largas y esa misma melancolía urbana.
La ruta que Uziel tenía en la cabeza
Uziel, que cocreó la serie junto con el equipo de Prime Video, lo dejó por escrito en la entrevista que dio tras la cancelación: si la historia continuaba, el detective Ben Reilly dejaba Nueva York. Nueva York era el corazón de la primera temporada, fechada en 1933, y el showrunner quería abrir el mapa. Mencionó dos geografías posibles, ambas con tradición negra sólida: Los Ángeles, la ciudad de las carreteras infinitas y los estudios de cine que inventaron el género, y Europa, donde el noir también tuvo su propia camada de títulos con sombreros y sombras.
La elección de Los Ángeles tenía una ironía deliciosa que el propio Uziel señaló: la primera temporada se filmó justamente en Los Ángeles, con la producción trabajando para que cada calle pareciera Manhattan. ¿Por qué no, entonces, dejar de fingir? ¿Por qué no aprovechar esa ciudad tal cual es, con su luz dura y sus autopistas vacías, para contar otra historia dentro del mismo universo? Era una pregunta retórica, claro, porque la serie ya no tiene segunda temporada. Pero el solo hecho de que el creador lo planteara en público dice mucho del cariño con el que se pensaba cada movimiento.
El horizonte temporal: de 1933 hacia la guerra
Hay un detalle cronológico que me parece clave para entender por qué Uziel miraba hacia afuera. La primera temporada arranca en 1933, año que en la historia real es bisagra: fin de la prohibición, inicio del New Deal, el mundo camino al abismo. Desde ahí, la línea recta lleva inevitablemente hacia la Segunda Guerra Mundial, y el showrunner lo dijo con todas las letras. Para él, la temporada inaugural era apenas la introducción de algo mucho más grande, un conflicto bélico que podía darle a Ben Reilly casos, dilemas y enemigos a la altura de sus poderes.
El personaje, además, llegaba al final de los ocho episodios con sus habilidades de araña intactas, lo que en cualquier manual de guion significa una puerta abierta de par en par. No había un cierre dramático que justificara el silencio; había, en cambio, una mecha esperando el fósforo.
“Si fuera por mí, probablemente habría sido otra ubicación. Hay muchísimos noirs ambientados en Los Ángeles en los que podríamos habernos sumergido. Hay noirs europeos en los que podríamos habernos adentrado. Empiezas en 1933. ¿Hacia dónde se dirige eso? Se encamina hacia la época más cataclísmica. Había muchísima narrativa que podría haber surgido de ahí.”Oren Uziel, cocreador y showrunner de Spider-Noir
La paradoja de los Emmy
Lo que sigue es de esas ironías que parecen escritas por un guionista con humor negro. Prime Video canceló la serie apenas dos días antes de la gala de los Emmy, y Uziel temió lo peor: que el equipo tuviera que disfrazar la decepción con sonrisas forzadas durante toda la noche. No fue eso lo que pasó. La ceremonia, según sus palabras, se transformó en una celebración del trabajo hecho, y Spider-Noir terminó llevándose cinco estatuillas: efectos especiales, fotografía, diseño de títulos, edición de sonido y rendimiento de especialistas. Un número que, según los registros que circulan, la convierte en la ficción cancelada tras una sola temporada más premiada en la historia del premio. Cinco Emmy al cajón, ninguna segunda temporada en el horizonte.
- Efectos especiales.
- Fotografía.
- Diseño de títulos.
- Edición de sonido.
- Rendimiento de especialistas.
Sobre la posibilidad de que el proyecto reaparezca en otra plataforma, Uziel fue prudente y honesto a la vez: todavía no se habló del tema, no conoce los vericuetos legales ni las complicaciones de un movimiento así, pero imagina que algo podría llegar a discutirse. Lo dijo sin prometer nada, como alguien que aprendió a no hacer futurología con material ajeno.
Y acá me sale, inevitablemente, la parte emotiva que no puedo ni quiero disimular. Spider-Noir fue un objeto raro: una serie de superhéroes disfrazada de película de los años cuarenta, rodada con la paciencia y el amor por el detalle que requiere ese universo, y que se fue al aire en un momento en el que el streaming parece haber dejado de apostar por las propuestas que no garantizan algoritmos. Que haya sido reconocida por la Academia de la televisión en cinco categorías técnicas habla de un oficio que sigue vivo, y que se haya quedado sin (sin continuación) habla de un negocio que muchas veces no sabe qué hacer con lo que no entra en la plantilla. Como lector, como espectador, como alguien que creció mirando gabardinas bajo la lluvia, me queda la sensación de que Ben Reilly tenía una historia más para dar y de que, por ahora, va a quedar en ese cajón de proyectos que imaginamos mientras escuchamos llover.
Si alguno de ustedes todavía no vio la primera temporada, este es un buen momento para buscarla: están a tiempo de recorrer esa Nueva York falsa filmada en California, de acompañar al detective en sus primeros casos y de quedarse, como me quedé yo, con la imagen de un héroe en blanco y negro que merecía, al menos, una segunda vuelta por Hollywood.
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