Tarifas de colectivo: en qué ciudades el boleto mínimo supera los 3.000 pesos y en cuáles ronda los 750
Un relevamiento privado releva una brecha superior a los 2.400 pesos entre el pasaje más caro y el más barato del país, mientras que en el AMBA cae la cantidad de usuarios y se duplica con creces el costo real por pasajero desde 2022.

3.176 pesos por viaje en Pinamar y 743 pesos en los servicios de jurisdicción nacional del Área Metropolitana de Buenos Aires configuran, según el último relevamiento de la Asociación Argentina de Empresarios del Transporte Automotor, los dos extremos del boleto mínimo de colectivo en el país. La diferencia entre ambos valores supera los 2.400 pesos por pasaje, lo que equivale a decir que el mismo recorrido cuesta más de cuatro veces dependiendo de la ciudad en la que se tome el ómnibus, una brecha que el propio sector empresario atribuye a diferencias de mercado, distancias recorridas y composición de los costos operativos.
Tomás Pugh, Economía e industria, reconstruyó la tabla completa de tarifas y comprobó que, detrás de los números, asoma un patrón territorial: las ciudades turísticas y patagónicas encabezan el ranking de los boletos más onerosos, mientras los servicios del AMBA -regulados por la Nación- y varias ciudades del interior profundo ofrecen los pasajes más accesibles del relevamiento.
Las ciudades más caras y las más baratas, una por una
- Pinamar: $3.176, el boleto más caro del país.
- San Martín de los Andes: $2.900.
- Pergamino: $2.784.
- Eldorado: $2.500.
- Centenario: $2.478.
- Partido de la Costa: $2.410, con una suba del 20% respecto del mes anterior.
- Bariloche: $2.333.
- Orán: $2.200.
- Rosario: $2.150, con un incremento del 25% frente a septiembre.
- Córdoba: $2.150.
- Colectivos de jurisdicción nacional del AMBA: $743, el valor más bajo del país.
- Ciudad de Buenos Aires: $920, con una suba del 3,66% respecto de septiembre.
- AMBA bonaerense: $1.215, con un aumento del 4,39%.
- Ramallo: $950.
- La Rioja, Villa Mercedes y General Pico: $1.000 cada una.
Comparado con el mismo mes del año anterior, el cuadro exhibe una dinámica dispar: mientras las grandes capitales del interior rosarino y mediterráneo se mueven en el rango de los 2.150 pesos, los destinos turísticos de temporada registran los picos, en línea con la lógica de mercados más reducidos y de mayor estacionalidad. En el tramo intermedio, ciudades medianas de la pampa húmeda y del noroeste argentino se ubican entre los 1.900 y los 2.500 pesos, configurando un abanico que la entidad empresaria utiliza como referencia para discutir la segmentación de los subsidios nacionales.
Menos pasajeros y un costo real por usuario que se duplicó con creces desde 2022
La fotografia tarifaria se completa con un dato preocupante para el sistema del AMBA: en septiembre de 2026 el promedio diario de pasajeros en días hábiles fue de 8.232.858 personas, contra 9.158.089 en el mismo mes del año anterior; una caída del 10,1%, equivalente a 925.231 viajes menos por jornada. Los sábados la disminución alcanza el 12,1% y los domingos el 9,8%, con lo que la merma se replica en todos los días de la semana. En perspectiva, entre agosto de 2022 y agosto de 2026 los viajes mensuales en el AMBA pasaron de 241 millones a 200 millones, es decir, 41 millones de viajes menos por mes, un volumen que dejó de circular por las unidades y por las cajas recaudadoras de las líneas.
En paralelo, el costo real por pasajero, medido en pesos constantes, subió 225% en el mismo período: pasó de $244 a $794 entre 2022 y 2026. El subsidio real, en cambio, retrocedió 37%, lo que reconfiguró por completo la arquitectura de financiamiento del sistema: en 2022 el usuario cubría el 15% del costo total del servicio, mientras que en la actualidad esa participación trepa al 43%, un salto que laAsociación Argentina de Empresarios del Transporte Automotor interpreta como una transferencia de responsabilidad desde el Estado nacional hacia los hogares que todavía dependen del transporte público para movilizarse.
Qué significa para el empleo
Desde la óptica laboral, la combinación de tarifas altas en ciudades turísticas y un boleto relativamente bajo en el AMBA presenta dos lecturas distintas pero complementarias. En destinos como Pinamar, San Martín de los Andes o Bariloche, el costo del viaje presiona con fuerza a los trabajadores estacionales -que suelen perciblr ingresos acotados durante la temporada- y puede convertirse en un factor que limite la disponibilidad de mano de obra para los rubros de gastronomía, hotelería y servicios. En el AMBA, en cambio, la suba del 225% en el costo real por pasajero y la pérdida de 41 millones de viajes mensuales entre 2022 y 2026 sugieren un sistema que se encareció para el usuario y se contrajo en paralelo, con el riesgo latente de que miles de puestos ligados a la operación, el mantenimiento y la administración de las líneas queden expuestos a una nueva etapa de ajuste si la demanda sigue en retroceso.
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