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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Teeto, la masa azul que se come el escenario y vuelve a los plataformas de otra época

El estudio neozelandés Eat Pant Games recupera el espíritu de los juegos de plataformas en 3D de mediados de los noventa con una propuesta centrada en absorber elementos del entorno, explorar sin apuro y sumar a un amigo en la pantalla dividida.

EH
Elena HughesCultura y herencia galesa · · 3 min de lectura
Teeto, la masa azul que se come el escenario y vuelve a los plataformas de otra época

Tengo un recuerdo muy vivo de mi infancia en el valle, cuando un primo me prestaba una consola prestada y yo me sentaba frente al televisor esperando ese momento exacto en que el personaje saltaba, planeaba y descubría un rincón secreto lleno de cosas para juntar. Eran juegos que premiaban mirar, no tanto correr. Esa sensación, esa paciencia, es la que vuelve a aparecer con Teeto, el plataformas tridimensional que presentó Eat Pant Games y que parece sacado de una tarde de domingo en la casa de la abuela (cartref), donde el tiempo se estiraba sin que nadie lo apurara.

Una mecánica central: absorber para mutar

Lo que distingue a Teeto de otros representantes del género no es la cámara ni el doble salto, sino una idea muy concreta: el protagonista es una masa azul capaz de absorber objetos del escenario, desde rocas hasta fuego, y cada elemento le modifica las propiedades. Esa transformación obliga a detenerse, mirar alrededor y decidir qué conviene consumir antes de avanzar. La exploración, entonces, deja de ser un trámite y pasa a ser el verdadero juego, porque cada decisión sobre qué absorber cambia la forma de resolver lo que viene después.

El movimiento se apoya en dobles saltos y planeos que dan margen para equivocarse y corregir. Esa misma lógica de absorción aparece en los enfrentamientos contra jefes, así que el sistema se sostiene de punta a punta y no queda como un truco aislado.

Veinticuatro niveles, cuatro actos y una compañía muy peculiar

La historia sigue a Teeto y a su compañera Nory, una coneja, mientras enfrentan una corrupción de sombras a lo largo de veinticuatro niveles repartidos en cuatro actos. El diseño de cada escenario incentiva una exploración pausada: los coleccionables y las criaturas para rescatar están escondidos en los rincones, y el juego premia a quien se toma el tiempo de revisarlos en lugar de pasar de largo. Para los que jugamos en los noventa, esa estructura recuerda mucho a etapas donde escondían vidas extra o monedas doradas detrás de una pared que parecía decorativa.

Un plataformas amable, pensado para compartir

La curva de dificultad es deliberadamente amigable. Es una decisión de diseño que puede dejar con ganas de más a los jugadores experimentados, pero que encaja con la intención de abrir la puerta a un público amplio, incluidas familias y gente que hace años no toca un juego de este tipo. El cooperativo local con pantalla dividida refuerza ese perfil social: los rompecabezas ambientales, los coleccionables y los niveles funcionan igual de bien en compañía, y hasta permiten discutir en voz alta qué elemento conviene absorber antes de dar el salto.

Teeto es, en definitiva, una carta de amor a los plataformas tridimensionales de la era de los sesenta y cuatro bits, pero contado con herramientas contemporaines y una mecánica propia que lo separa de los clones nostalgicos. Si te tienta un plataformas sin complicaciones, con espacio para mirar, absorber y compartir la pantalla con alguien, este título merece al menos una tarde. Y si lo probás, después me contás qué elemento te resulto más útil para mutar a Teeto.

EH
Elena HughesCultura y herencia galesa

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