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Terapia acuática: cómo trabaja el cuerpo en el agua y en qué cuadros clínicos se prescribe como complemento rehabilitador

La hidroterapia se realiza en pileta bajo guía profesional y se apoya en flotabilidad, resistencia, presión hidrostática y temperatura. Especialistas la indican para lesiones articulares, dolor crónico, recuperación posquirúrgica y ciertas condiciones neurológicas, siempre dentro de un plan médico.

FP
Florencia PereyraSociedad y educación · · 2 min de lectura
Terapia acuática: cómo trabaja el cuerpo en el agua y en qué cuadros clínicos se prescribe como complemento rehabilitador

La terapia acuática constituye una modalidad de rehabilitación que se desarrolla en piletas de profundidad reducida bajo la supervisión de fisioterapeutas o terapeutas ocupacionales, según se describe en materiales de divulgación especializada sobre el tema. No requiere saber nadar ni se asimila a una rutina deportiva convencional: cada sesión se diseña a partir de una evaluación clínica individual y se ajusta al estado de salud, la condición física y los objetivos terapéuticos de la persona que la realiza.

Qué cambia respecto del trabajo en tierra

El agua modifica la ejecución del movimiento a partir de cuatro propiedades físicas que los profesionales denominan flotabilidad, resistencia, presión hidrostática y temperatura. La flotabilidad reduce el efecto de la gravedad sobre las articulaciones: con el agua a la altura de la cintura, una persona percibe que carga aproximadamente la mitad de su peso corporal, lo que facilita la realización de ejercicios que resultarían dolorosos o imposibles sobre una superficie firme.

La resistencia del agua, en tanto, permite trabajar la musculatura sin necesidad de pesas ni de otro equipamiento: distintos informes de divulgación explican que el medio acuoso ofrece hasta setecientas veces más resistencia que el aire. A su vez, la presión hidrostática puede contribuir a disminuir la hinchazón de tejidos blandos, y el agua tibia favorece la relajación muscular.

A quién alcanza: los cuadros en los que se indica

  • Lesiones de rodilla, cadera, tobillo, cuello, hombro y zona lumbar.
  • Dolor crónico, artritis, osteoartritis, fibromialgia, hernias discales y estenosis espinal.
  • Procesos previos o posteriores a cirugías ortopédicas.
  • Condiciones neurológicas como enfermedad de Parkinson, esclerosis múltiple y accidente cerebrovascular, donde el sostén del agua permite practicar coordinación y marcha con menor riesgo de caídas.
“La fisioterapeuta Jenea Smith, de la Universidad de Missouri, describió la modalidad como fisioterapia con el aporte de la ingravidez: señaló que el trabajo en pileta puede emplearse para fortalecer el tronco y mejorar el equilibrio antes de avanzar hacia ejercicios en tierra.”Jenea Smith, fisioterapeuta de la Universidad de Missouri

Desde cuándo y cómo se organizan los programas

Los programas suelen estructurarse en ciclos que, según los protocolos de divulgación consultados, van de dos a ocho sesiones, con el objetivo de que el paciente transite luego hacia ejercicios en suelo. Cada sesión puede combinar movimientos de movilidad articular, ejercicios de piernas y brazos, trabajo de equilibrio y práctica de marcha, siempre como complemento de un tratamiento médico previamente indicado.

FP
Florencia PereyraSociedad y educación

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