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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Tres tiempos, un mismo árbol: el pulso vegetal de "El amigo silencioso"

La nueva película de Ildikó Enyedi cruza 1908, 1972 y 2020 en torno a un ginkgo y propone una mirada lenta sobre el vínculo entre las personas y las plantas, con Tony Leung, Léa Seydoux y Luna Wedler como guías.

EH
Elena HughesCultura y herencia galesa · · 3 min de lectura
Tres tiempos, un mismo árbol: el pulso vegetal de "El amigo silencioso"

Cuando era chica y pasaba los veranos en el valle, me quedaba largos ratos mirando el ginkgo que mi abuelo había plantado detrás del galpón. Él decía que ese árbol iba a estar ahí mucho después que todos nosotros, y la verdad es que la idea me resultaba casi incomprensible: cómo algo podía sostener su propia historia mientras la nuestra seguía corriendo. Cada vez que arranca "El amigo silencioso", esa sensación vuelve, porque la película de la realizadora húngara Ildikó Enyedi toma un ginkgo del jardín botánico de una universidad alemana y lo convierte en el punto de encuentro de tres vidas que, sin saberlo, se cruzan a través de las décadas.

La narración se distribuye en tres años bien marcados: 1908, 1972 y 2020. No hay un personaje que lleve la batuta durante todo el relato; en cambio, la cámara se detiene en experiencias distintas que comparten un mismo escenario y, sobre todo, una misma atención por el mundo vegetal. La duración, cercana a las dos horas y media, permite que cada historia respire con un ritmo calmo, casi de observación paciente, y que los vínculos con las plantas se vayan revelando de a poco, como quien aprende a mirar un árbol en distintas estaciones.

Tres historias, un mismo árbol

  • En 1908, una joven que es la primera estudiante universitaria cruza la observación de plantas antiguas con la fotografía, y empieza a entender que las imágenes pueden leer las formas de la naturaleza tanto como un científico con su lupa.
  • En 1972, un estudiante atraviesa una transformación personal a partir del cuidado de geranios, y el cultivo aparece como una manera de ordenar la propia vida mientras las plantas hacen lo suyo.
  • En 2020, un neurocientífico de Hong Kong, interpretado por Tony Leung, lleva adelante experimentos con bebés y con el ginkgo, y la investigación se suma a las otras dos historias como una nueva forma de preguntarse por la relación entre lo humano y lo vegetal.

El elenco completa ese recorrido con nombres que circulan entre distintos registros. Léa Seydoux y Luna Wedler acompañan a Leung en una propuesta que, según el material de base, se sostiene mucho más en los silencios y en los planos largos que en los grandes golpes dramáticos. Ildikó Enyedi, que firma tanto el guion como la dirección, ya llamó la atención internacional con "En cuerpo yaba", la película por la que recibió una nominación al Oscar, y acá vuelve a mostrar esa preferencia por historias donde lo cotidiano se vuelve filosófico sin levantar la voz.

A mí lo que más me interesa de una película así es justamente eso: la idea de que un árbol pueda ser testigo mudo (y de ahí el "amigo silencioso" del título, ese ginkgo que ve pasar generaciones sin opinar) y aun así terminar contando más que muchos diálogos. Si les gustan las películas de ritmo pausado, que se toman su tiempo para mirar cómo viven las personas y cómo viven las plantas, y si no les asustan las casi dos horas y media de contemplación, esta propuesta vale la pena. Yo, por las dudas, ya estoy reservando la butaca y pensando en volver a visitar el ginkgo de mi abuelo, que sigue ahí, paciente, esperando que alguien lo mire un rato largo.

EH
Elena HughesCultura y herencia galesa

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