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Umbralejo, el pueblo de pizarra que volvió a tener vida en la sierra de Guadalajara

A 70 kilómetros de la capital provincial y dentro del Parque Natural Sierra Norte, una aldea deshabitada a fines de los 60 fue rescatada por el Estado español con sus mismos materiales: hoy recibe visitantes, estudiantes y docentes.

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Diego RobertsTurismo · · 3 min de lectura
Umbralejo, el pueblo de pizarra que volvió a tener vida en la sierra de Guadalajara

Les cuento uno de esos lugares que parecen detenidos en el tiempo pero que, en realidad, están más vivos que nunca. Umbralejo es un pueblo de piedra enclavado en la sierra de Guadalajara, en el corazón de Castilla-La Mancha, que pasó del olvido total a ser protagonista de un proyecto de recuperación que ya lleva varias décadas. Está a 70 kilómetros de la ciudad de Guadalajara y forma parte del Parque Natural Sierra Norte, un área protegida que guarda un patrimonio natural y arquitectónico de los más singulares de España.

Un pueblo que nació del pastoreo y se vació con el siglo XX

Umbralejo arrancó como lo que era: un puñado de cabañas de pastores levantadas en la montaña. Con el paso de los años, esas construcciones se transformaron en casas, pajares y callejuelas irregulares edificadas con cuarcita y pizarra, los mismos materiales que le dan identidad al conjunto conocido como Arquitectura Negra, del que forma parte junto a otras siete localidades del extremo oeste del Sistema Central. Sus vecinos vivieron durante generaciones de la ganadería, de cultivos de secano y, más adelante, de la producción de carbón vegetal. Como tantos pueblos de montaña en España, el éxodo rural de mediados del siglo pasado lo golpeó de lleno: la falta de servicios, el aislamiento y la pobreza fueron vaciando las casas hasta dejarlas solas hacia fines de los años 60. Después vinieron inviernos largos y fríos que terminaron de deteriorar lo que quedaba en pie.

Lo interesante es cómo se salió de ese pozo. En los años 80, el Estado adquirió el pueblo entero y lo convirtió en un Aula de Naturaleza dentro del Programa Experimental de Recuperación de Pueblos Abandonados. Las obras se hicieron con un criterio que vale la pena destacar: se respetó el diseño original, los materiales y la estructura de cada edificio. Es decir, no se trató de hacer un pueblo nuevo con fachada antigua, sino de devolverle la vida a lo que ya estaba ahí.

Qué se puede hacer hoy en Umbralejo

El pueblo cuenta hoy con 70 edificios rehabilitados entre casas y pajares, y funciona como sede de estancias temporales para grupos de estudiantes y docentes que participan en proyectos de educación ambiental, salud, convivencia y recuperación etnográfica. O sea, no es un pueblo-museo vacío: hay gente que va a pasar días ahí, a estudiar el entorno y a aprender de la historia del lugar. Para el visitante de paso, lo más recomendable es recorrer las calles de piedra sin prisa y entrar al museo etnográfico, que está instalado en una vivienda original del pueblo y permite entender cómo se vivía acá adentro.

  • Recorrer las calles de piedra y observar de cerca las construcciones de cuarcita y pizarra, los materiales típicos de la Arquitectura Negra.
  • Visitar el museo etnográfico, montado en una casa original del pueblo, para entender la vida cotidiana de los antiguos vecinos.
  • Sumar rutas de senderismo por los alrededores del Pico Ocejón cuando el clima acompaña, porque los inviernos en la Sierra Norte pueden ser intensos y conviene ir en primavera o en otoño.
  • Aprovechar la visita para conocer otros pueblos del conjunto Arquitectura Negra, ya que Umbralejo es una de las ocho localidades que integran esta ruta en el oeste del Sistema Central.

Un dato práctico para tener en cuenta: la entrada al pueblo y al museo es gratuita, aunque para las actividades organizadas con grupos escolares o de educación ambiental suele ser necesario reservar con antelación a través de los canales del Aula de Naturaleza. Y ya que estamos en la zona, les recomiendo hacer una parada para comer en alguno de los pueblos cercanos de la ruta de la Arquitectura Negra, donde es fácil encontrar platos de la cocina castellana de montaña: migas, sopas de ajo, cordero a la brasa y, por supuesto, buenas carnes de la Sierra Norte. Si andan por Guadalajara en busca de un plan diferente, Umbralejo es de esos lugares que uno no se arrepiente de conocer y que dejan la sensación de caminar por una historia que todavía sigue escribiéndose.

DR
Diego RobertsTurismo

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