Una investigación de Northeastern asoció la práctica de instrumentos con mejores rendimientos cognitivos en chicos de entre 7 y 9 años
Un estudio comparó a 76 niños de 7 a 9 años y registró diferencias en pruebas de memoria, razonamiento, vocabulario y evaluaciones escolares a favor de quienes tocaban un instrumento. Los autores advirtieron que el hallazgo no prueba una relación causal y que el costo de la formación puede restringir el acceso.

Un trabajo de la Universidad Northeastern volvió a poner la lupa sobre el cruce entre formación musical y desempeño cognitivo en la infancia. La investigación reunió a 76 chicos de entre 7 y 9 años y observó resultados más altos en pruebas de memoria, razonamiento, vocabulario, aprendizaje visual y auditivo entre quienes practicaban un instrumento, en comparación con pares que no tenían esa formación. Las diferencias también se extendieron a evaluaciones escolares de lectura, escritura y matemáticas, con mejores marcas en comprensión, ortografía y reconocimiento de palabras.
Qué cambia con el hallazgo
La novedad del estudio, presentado por la Universidad Northeastern, radica en combinar pruebas cognitivas con evaluaciones escolares y con resonancias magnéticas. De acuerdo con el reporte, los autores pidieron cautela al interpretarlo, dado que el diseño no permite afirmar que las clases de música provoquen las mejoras observadas. La limitación es relevante para familias y policymakers que evalúen promover la formación musical como herramienta educativa.
A quién alcanza y desde cuándo rige
La muestra incluyó a 76 chicos de 7 a 9 años, distribuidos en dos grupos equiparados por nivel socioeconómico, edad y sexo. La mitad de los participantes tocaba un instrumento y dedicaba a la práctica un mínimo de 30 minutos semanales, mientras que la otra mitad no tenía formación musical; predominaron el piano y los instrumentos de cuerda. El universo estudiado corresponde a un tramo de la escolaridad primaria, por lo que los hallazgos no se generalizan de manera automática a otras edades.
- Memoria de trabajo: conservar información breve y utilizarla mientras se resuelve una tarea.
- Razonamiento y vocabulario: puntajes más altos en pruebas estandarizadas.
- Aprendizaje visual y auditivo: mejor desempeño frente a personas sin formación.
- Rendimiento escolar: diferencias en lectura, escritura y matemáticas, incluida comprensión lectora, ortografía y reconocimiento de palabras.
Por qué el instrumento podría implicar esas funciones
Para explicar el mecanismo, el estudio recupera el planteo de Psyche Loui, profesora de música de Northeastern, quien vinculó la práctica con las funciones ejecutivas: planificar, sostener la atención, controlar impulsos y adaptarse a cambios. Tocar exige leer una partitura mientras se sostiene el ritmo y se coordinan movimientos, lo que pone en juego varias tareas en simultáneo. La investigadora y educadora musical Anita Collins, citada en el material, sumó que esa actividad ejercita la escucha, la planificación y la autorregulación.
Los límites del estudio y la lectura de los datos
El informe de Northeastern aclaró que los participantes no fueron asignados al azar a recibir clases de música, de modo que las familias que ofrecen esa formación también podrían facilitar otras experiencias educativas. Aunque los investigadores compararon grupos de condiciones socioeconómicas similares, esa precaución no descarta otras explicaciones. A eso se suma el dato económico: el costo de la formación puede limitar el acceso y convertir la ventaja observada en un privilegio de quienes pueden pagarla.
En el plano neurológico, el análisis incluyó resonancias a 50 participantes y detectó una diferencia en una vía cerebral que conecta regiones asociadas con audición, lenguaje y movimiento, según describió el estudio de la Universidad Northeastern. Los autores remarcaron que se trata de un primer paso para explorar la relación entre música y aprendizaje y que futuras investigaciones deberán avanzar con diseños que permitan aislar el peso específico de la formación musical.
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