Una review cada treinta visitantes: la queja que deja a la Argentina al tope del podio de los precios turísticos en la región
Un relevamiento de la UBA sobre más de un millón de comentarios en inglés ubica al país como el más señalado por el costo de sus atracciones y con la gastronomía peor evaluada, mientras la seguridad en los traslados internos aparece como el único atributo que sostiene la imagen.

Un equipo de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires procesó algo más de un millón de publicaciones que viajeros internacionales dejaron en idioma inglés en distintas plataformas de turismo y construyó, a partir de esa base, una radiografía comparada de la experiencia de viaje en cinco destinos de Latinoamérica: Argentina, Brasil, Costa Rica, México y Perú. El trabajo se propuso indagar qué temas se reiteran en las reseñas y de qué manera se expresan, antes que armar un ranking de tarifas o cotizaciones puntuales.
El primer indicador que concentró la atención fue el precio de las atracciones turísticas, y allí la Argentina se ubicó en el primer puesto de menciones asociadas a costos elevados: aproximadamente una de cada treinta reseñas referidas a entradas, museos o recorridos pagos incluyó alguna observación sobre lo que el visitante consideraba caro frente a lo que recibía a cambio. En el otro extremo se posicionó Costa Rica, donde las referencias a precios altos aparecieron con menor frecuencia y la saturación de los sitios también se mencionó por debajo del promedio regional. Brasil, en cambio, no quedó definido por el precio sino por el congestionamiento: la aglomeración fue el inconveniente que se repitió con mayor regularidad en los comentarios sobre atracciones.
“Qué es lo que encontrás en función de qué es lo que esperabas.”Daniel Aromí, investigador de la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA
Alojamientos bajo la media y una sola excepción
Al pasar al capítulo de alojamientos, el promedio regional dejó a la Argentina en una posición desfavorable en cuatro de los cinco atributos medidos: limpieza, ubicación, ruido y experiencias negativas, mientras que la única dimensión en la que el país superó, aunque sea de manera marginal, la media fue la amabilidad del personal. El propio equipo de investigadores advirtió sobre un sesgo que condiciona esa lectura: cerca de tres de cada cuatro publicaciones de la muestra provienen de la ciudad de Buenos Aires, por lo que el resultado describe sobre todo la experiencia porteña y no necesariamente la del resto del territorio.
Gastronomía, conectividad y el único punto alto
La gastronomía recibió una calificación baja en tres ejes simultáneamente: precio, velocidad de servicio y calidad percibida por quienes dejaron sus comentarios en inglés. El relevamiento separó deliberadamente las dimensiones de comida, transporte y hospedaje para impedir que el mal desempeño de una arrastrara la lectura de las demás. En el extremo opuesto, el atributo mejor evaluado del país fue la seguridad durante los traslados internos: la ausencia de quejas reiteradas sobre moverse dentro del territorio también es parte del resultado, ya que los turistas que no perciben un riesgo rara vez lo mencionan en sus reseñas. La conectividad quedó en un punto intermedio a nivel agregado, aunque al abrir la información por regiones emergen dificultades puntuales para llegar a la Patagonia, tanto en lo que respecta a los precios de los pasajes como a la cantidad de opciones disponibles.
Qué significa para el empleo
Para el sector turístico argentino, que emplea de manera directa e indirecta a cerca de 1,8 millones de personas y genera cerca del 9 por ciento de las exportaciones de servicios según datos del INDEC, el cuadro que arroja el relevamiento tiene lecturas contrapuestas. La señal más delicada es la asociación casi automática del país con precios altos en atracciones, porque erosiona uno de los atributos competitivos clave en la región, sobre todo frente a destinos como Costa Rica, que aparece con menciones de costos por debajo del promedio. Una reputación sostenida en esa dirección suele traducirse, según los analistas del sector, en una menor estadía promedio, en un turista que ajusta el consumo diario y en una presión sobre los operadores locales para sostener márgenes achicando plantillas o reduciendo servicios. En simultáneo, la valoración positiva de la seguridad en los traslados internos y la excepción de la amabilidad en el personal hotelero ofrecen un punto de anclaje para reposicionar la oferta: la experiencia de viaje parece depender más de la calidad de atención y de la tranquilidad de moverse que del precio de las entradas, lo que invita a discutir incentivos laborales y de capacitación por encima de eventuales bajas de tarifas.
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