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Una sesión breve de ejercicio nocturno atenúa el deterioro de memoria que provoca una noche de sueño corto, según un estudio canadiense

Un trabajo publicado en la revista SLEEP por investigadores de la Universidad Concordia muestra que treinta minutos de ciclismo moderado antes de dormir ayudaron a voluntarios privados de sueño a rendir en una prueba de recuerdo al día siguiente en niveles comparables a los de quienes descansaron ocho horas.

FP
Florencia PereyraSociedad y educación · · 3 min de lectura
Una sesión breve de ejercicio nocturno atenúa el deterioro de memoria que provoca una noche de sueño corto, según un estudio canadiense

Dormir pocas horas deteriora la concentración, los reflejos y la memoria. Una investigación reciente agrega un matiz a ese cuadro conocido: una sesión breve de ejercicio moderado realizada por la noche puede amortiguar parte del impacto negativo que la restricción de sueño ejerce sobre la capacidad de recordar información. El hallazgo corresponde a un estudio de la Universidad Concordia, con sede en Montreal, Canadá, y fue publicado en la revista especializada SLEEP.

La sociedad y la educación observan con atención estos resultados porque la falta de sueño constituye una preocupación creciente en adultos de distintas franjas etarias. La pesquisa canadiense ofrece una pista concreta sobre cómo intervenir en la ventana previa al descanso para reducir el costo cognitivo de una noche corta.

Qué cambia en la capacidad de memoria

El estudio evaluó la memoria declarativa, es decir, la que permite recordar datos concretos como rostros asociados a nombres. Los participantes debían retener ochenta pares de esa naturaleza antes de acostarse. A la mañana siguiente se enfrentaban a una prueba con ciento veinte pares, que mezclaba los estímulos ya conocidos con otros desconocidos. El grupo que durmió cuatro horas y media sin actividad física obtuvo el peor desempeño. En cambio, el grupo que realizó ejercicio antes de esa misma noche corta rindió en niveles estadísticamente similares a los de quienes habían dormido ocho horas y media sin moverse. La diferencia entre ambos grupos privados de sueño resultó estadísticamente significativa, de acuerdo con el informe difundido por SLEEP.

A quién alcanza el estudio y desde cuándo rige

La investigación reclutó adultos jóvenes de entre dieciocho y treinta y cinco años, sin trastornos del sueño diagnosticados. Los investigadores los distribuyeron en cuatro grupos: uno descansó ocho horas y media sin ejercicio; otro durmió cuatro horas y media también sin actividad física; un tercero combinó una noche completa con ejercicio; y un cuarto hizo ejercicio antes de la noche corta. La publicación del trabajo en la revista SLEEP formaliza el hallazgo a partir de la fecha de edición consignada por la publicación científica, y los autores describen los resultados como una línea de evidencia reciente sobre la relación entre movimiento, sueño y consolidación de recuerdos.

  • Sujetos: adultos jóvenes de entre dieciocho y treinta y cinco años, sin trastornos de sueño.
  • Grupos: cuatro condiciones que combinaron sueño completo o restringido con ejercicio o reposo.
  • Actividad física: treinta minutos de ciclismo de intensidad moderada, calibrados según la capacidad cardiorrespiratoria de cada participante.
  • Medición de memoria: prueba con ciento veinte pares de rostros y nombres realizada a la mañana siguiente.
  • Medición de sueño: polisomnografía durante toda la noche para registrar las fases del descanso.

Por qué el beneficio aparece recién a la mañana siguiente

Un dato central del informe de la Universidad Concordia es que la ventaja no se observó en una evaluación inmediata, realizada poco después del aprendizaje, sino solamente en la prueba de la mañana siguiente. Esa diferencia temporal sugiere que el efecto protector no se vincula con el modo en que el cerebro codifica la información durante el día, sino con el proceso de consolidación que ocurre durante el sueño. Los registros de polisomnografía mostraron que una mayor proporción de sueño de ondas lentas, la fase profunda del sueño no REM que predomina en la primera mitad de la noche, medió el beneficio observado entre el ejercicio y el rendimiento de memoria al día siguiente, según detallan los autores en la publicación de SLEEP.

Los propios investigadores aclaran que el ejercicio no reemplaza al sueño: quienes durmieron poco en el experimento siguieron durmiendo poco. Lo que varió fue la calidad del sueño que efectivamente tuvieron. Esa distinción resulta clave para interpretar los hallazgos, ya que ubica al movimiento como un modulador del descanso nocturno y no como un sustituto del tiempo de reposo. Florencia Pereyra, desde la sección de Sociedad y Educación, presenta esta línea de investigación con el propósito de aportar información verificada a lectores interesados en el cruce entre hábitos, biología y rendimiento cognitivo.

FP
Florencia PereyraSociedad y educación

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