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Una vista inesperada sobre Recoleta: la terraza que cambia la mirada sobre el cementerio más famoso de la ciudad

En el último piso de un hotel boutique frente al Cementerio de Recoleta funciona un mirador acristalado abierto al público. Desde ahí arriba se ven cúpulas, mausoleos y pasajes del predio sin pagar entrada ni hacer fila, y con audioguías que cuentan las historias de sus habitantes más famosos.

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Diego RobertsTurismo · · 4 min de lectura
Una vista inesperada sobre Recoleta: la terraza que cambia la mirada sobre el cementerio más famoso de la ciudad

El Cementerio de Recoleta es uno de esos lugares que todos los porteños y todos los turistas sienten que ya conocen. Lo caminamos por dentro alguna vez, lo cruzamos por la vereda mil veces, y hasta nos acostumbramos a verlo de pasada cuando vamos al Centro Cultural o al Museo de Bellas Artes. Pero casi nunca lo miramos desde arriba. Y resulta que desde arriba, el que es el cementerio más famoso de la Argentina cambia por completo.

En el piso superior del hotel Urban Suites, sobre la calle Junín al 1727, funciona un mirador acristalado abierto a visitantes externos, no solo a los huéspedes. La estructura es vidriada y tiene clima controlado, así que la propuesta se mantiene todo el año, llovizna o calor. La experiencia está pensada para durar unos 40 minutos, lo justo para colarla como pausa dentro de una recorrida por la zona: el Centro Cultural Recoleta queda a pocos metros, el Museo Nacional de Bellas Artes también, y la plaza Vicente López tiene sus bancos clásicos para sentarse antes o después.

Setenta cúpulas, 57 historias y códigos QR

La vista desde la terraza es la gran protagonista. Desde esa altura se distinguen las cúpulas, las estatuas, los mausoleos y los pasajes internos del cementerio, ese entramado de callecitas angostas que visto desde adentro parece un laberinto y que desde arriba se ordena como un mapa. En los días despejados, además, la mirada se estira hasta el Río de la Plata, así que el panorama termina siendo bastante más amplio que el del propio cementerio.

Para que la vista no se quede en una postal, los ventanales del lugar traen códigos QR que dan acceso a una plataforma digital llamada El Mirador de la Historia. Al apoyar el celular se despliegan 57 relatos sobre las personalidades enterradas en Recoleta y sobre los mitos que envuelven al predio. Los textos fueron investigados y redactados por el escritor Daniel Naler Roxlo, y están narrados en formato de audioguía en castellano, inglés y portugués, los idiomas que más suelen pedirse en la zona.

Qué se come y cómo se reserva

  • Por la mañana funciona una propuesta de desayuno con infusiones (café con leche, chocolate o té) acompañadas con medialunas o churros.
  • Al atardecer la oferta cambia: copa de vino y mini picada individual para cada visitante.
  • No es un restaurante, sino un servicio gastronómico acotado al horario del turno del mirador.
  • Se recomienda reservar el turno con anticipación, ya que el espacio tiene cupos limitados por la capacidad del piso vidriado.
  • La visita está abierta a turistas y a vecinos que quieran conocer una perspectiva distinta del cementerio.

El funcionamiento es sencillo: uno llega al hotel, sube al último piso, se acomoda en el mirador y empieza la recorrida con su celular. Como la mayoría de las audioguías usan los datos del teléfono, conviene llegar con batería cargada y, si se viene de afuera, con señal o wifi. Para los que quieran profundizar después, el propio mirador trabaja en coordinación con guías locales y con otros circuitos de miradores históricos de la ciudad, así que esta terraza puede ser el arranque de un recorrido más largo por Buenos Aires vista desde sus alturas.

Dónde comer cerca antes o después de la visita

Como la experiencia es corta, unos 40 minutos, lo ideal es combinar el mirador con una comida en la zona. Para almorzar, en el centro comercial de la Recoleta hay de todo, pero si buscan algo más de barrio, sobre Junín y las calles pegadas al cementerio funcionan varios cafés clásicos porteños con mesas a la calle, ideales para sentarse con un café con leche y unas medialunas después de la recorrida. Para la merienda, a pocas cuadras están las tradicionales confiterías de la zona, con tortas, scones y combos de té o chocolate que maridan perfecto con el final de la tarde sobre la terraza. Y si la visita cae al atardecer y se animan a la copa de vino con la mini picada que ofrece el propio mirador, después pueden cruzar al Centro Cultural Recoleta y cenar por ahí, que la oferta gastronómica del barrio es de las más variadas de Buenos Aires.

Yo, si tengo que ser honesto, me quedo con la sensación de que a veces los lugares más visitados de una ciudad son los que menos miramos con ojos nuevos. El Cementerio de Recoleta es parada obligada de cualquier recorrida porteña, pero pocas veces lo vemos como paisaje. Subir a esta terraza, dejarse contar las historias por la audioguía y terminar el día con una copa de vino mirando cómo se pone el sol sobre las cúpulas es, para mí, una de esas pequeñas invenciones turísticas que le hacen bien a Buenos Aires. Vale la pena reservar, tomar el bondi o el subte hasta la zona y darse el gusto de mirarla desde arriba.

DR
Diego RobertsTurismo

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