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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Después del último respiro: The Good Place y la comedia que se atreve a preguntar qué hicimos bien

La serie de Michael Schur recorre cuatro temporadas y 53 episodios para mezclar filosofía, dilemas morales y situaciones absurdas, con un elenco encabezado por Ted Danson, William Jackson Harper, Jameela Jamil y Manny Jacinto.

EH
Elena HughesCultura y herencia galesa · · 4 min de lectura
Después del último respiro: The Good Place y la comedia que se atreve a preguntar qué hicimos bien

Me crié escuchando el viento bajar por el valle donde mi familia se asentó hace décadas, y todavía hoy, cuando una historia me lleva a pensar en cómo nos comportamos con los otros, me acuerdo de esas tardes en las que los mayores discutían, sin saberlo, cuestiones parecidas a las que plantea la filosofía. Esa sensación, la de mezclar la vida cotidiana con preguntas enormes, es justo la que vuelve a aparecer cuando uno se sienta a ver The Good Place, la comedia creada por Michael Schur que a lo largo de cuatro temporadas y 53 episodios se anima a meter la ética dentro de un chiste. Lo que propongo en esta nota es recorrer esa propuesta, entender de qué está hecha y por qué, aunque trate sobre el más allá, termina hablando tanto de acá abajo.

Una llegada al más allá que no sale como estaba planeada

La historia sigue a Eleanor Shellstrop, una mujer que después de morir despierta en un lugar reservado, según le explican, para las buenas personas. El problema es que ella sabe perfectamente que su vida no justifica ese destino: estuvo marcada por el egoísmo y por una falta de consideración bastante notoria hacia los demás. Esa distancia entre sus antecedentes y el lugar que le tocó es la que pone en marcha toda la trama y la que le da aire a la serie durante sus cuatro temporadas, porque a partir de ahí la convivencia con sus compañeros se vuelve un laboratorio de preguntas sobre cómo actuar bien.

Para acompañarla, Schur reunió a William Jackson Harper como Chidi, un profesor de filosofía que se pasa el tiempo intentando actuar de manera moralmente correcta y que se vuelve, casi sin querer, el tutor improvisado de Eleanor; a Jameela Jamil como Tahani, cuya imagen de perfección esconde inseguridades que la serie se ocupa de mostrar con paciencia; y a Manny Jacinto como Jason, un personaje poco preparado para los debates filosóficos, lo cual no impide que termine participando de ellos con una lógica propia. Encima de todos aparece Ted Danson como Michael, el arquitecto del vecindario donde transcurre esa nueva vida, y cuya presencia le da a la ficción ese tono entre bonachón e inquietante que la distingue de otras comedias.

Filosofía, chistes y criaturas fantásticas

Lo interesante de The Good Place es que no esconde sus referencias: el utilitarismo, el consecuencialismo y la ética deontológica aparecen nombrados en los diálogos y se cuelan en las decisiones de los personajes. Las menciones a Kant conviven con criaturas fantásticas y situaciones imposibles, y esa mezcla sostiene una propuesta que cambia a medida que avanza la historia e incorpora giros importantes en su desarrollo. La serie usa el disparate como vehículo para discutir cuánto pesan las consecuencias de un acto y qué posibilidades tiene una persona de modificar su manera de ser, una pregunta que, créanme, no es solo de la academia: la discutíamos en la mesa los domingos sin ponerle nombre.

A lo largo de las cuatro temporadas, las preguntas sobre la moral se entrelazan con otras que tienen que ver con el paso del tiempo, la pérdida y la importancia de quienes nos acompañan. La ficción cuenta con un desenlace que cierra el recorrido de sus protagonistas, y lo hace sin traicionar el humor que la sostiene desde el primer episodio. Esa combinación, la de tomarse en serio las preguntas y tomarse en serio los chistes, es lo que hace que The Good Place se pueda mirar varias veces y siga diciendo algo distinto en cada vuelta.

  • Cuatro temporadas y 53 episodios que sostienen una misma pregunta: cómo vivir después de la muerte.
  • Un elenco que combina a Ted Danson, William Jackson Harper, Jameela Jamil y Manny Jacinto alrededor de Eleanor Shellstrop.
  • Un cruce explícito entre utilitarismo, consecuencialismo, ética deontológica y humor absurdo.
  • Un arco que va de la sorpresa inicial al aprendizaje compartido, con un desenlace que cierra el recorrido.
  • Una serie para mirar varias veces: cada pasada deja ver una capa distinta de la discusión moral.

Si todavía no la vieron, les diría que se sienten con tiempo y sin apuro, porque es de esas series que premian la atención. Y si ya la recorrieron, me queda una sola cosa para compartirles, en el idioma que me vio crecer: hwyl (la palabra galesa que usamos para desear, al mismo tiempo, entusiasmo y buena fortuna). Los dejo con la pregunta que me llevo de esta ficción: ¿qué dilema de la serie les gustaría debatir? Sean bienvenidos a pasar por acá y contarme, que para eso está esta puerta abierta.

EH
Elena HughesCultura y herencia galesa

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