El crédito para las familias se contrajo 7,6% real en agosto y la mora trepó al 12,9%, en un escenario de tasas que rozan el 100% anual
Bancos y fintech concentran los préstamos en los perfiles con mejor historial y limitan los plásticos a clientes con deudas irregulares; en paralelo, el stock de préstamos personales acumula diez meses consecutivos de retroceso en términos reales, mientras que los créditos hipotecarios crecen por encima de la inflación.

El financiamiento para consumo se volvió más selectivo en la Argentina y las entidades concentran sus propuestas en los segmentos con mejor comportamiento de pago. Aun para esos clientes con trayectoria favorable, la tasa nominal anual se mueve en torno al 60% y el costo financiero total se ubica cerca del 90% al 100% anual, un nivel que el mercado describe como inusual incluso para los deudores más sólidos. La fotografía, según el Informe sobre Bancos que publica periódicamente el Banco Central de la República Argentina, combina una mora familiar de 12,9%, un saldo de crédito a las familias que cayó 7,6% en términos reales frente a agosto de 2024 y un stock de préstamos personales que acumula diez meses consecutivos de retroceso en términos reales.
Esa restricción también se percibe al momento de operar con tarjeta de crédito. Guillermo Barbero, socio de First Capital Group, explicó a este medio que algunos clientes con deudas irregulares tienen los plásticos suspendidos y que las entidades, además, aplican topes más bajos en las actualizaciones de límite, lo que reduce el margen disponible para nuevas compras. El relevamiento de First Capital Group, al cierre de agosto, muestra una baja real del 0,3% mensual y del 10,1% interanual en el saldo financiado a través de tarjetas, con un costo que, según Barbero, supera ampliamente la evolución tanto de los precios como de los salarios del período.
Mora alta y demanda contenida
Detrás del endurecimiento de las condiciones aparece el atraso en los pagos de las familias. De acuerdo con el Informe sobre Bancos del Banco Central, la mora de los créditos de hogares llegó al 12,9%, una cifra que las entidades leen como señal de estrés financiero. En respuesta, según Barbero, los bancos moderaron sus planes comerciales y concentraron los esfuerzos en la recuperación de clientes con dificultades para cumplir con sus obligaciones. Como contrapartida, las ampliaciones y las ofertas más agresivas se direccionan hacia quienes tienen calificaciones crediticias más altas, aunque la propia First Capital Group advierte que esos usuarios muestran una menor disposición a endeudarse, lo que configura una demanda más contenida en el segmento con mayor capacidad de pago.
- Crédito total a las familias: caída real interanual del 7,6% al cierre de agosto, según First Capital Group.
- Préstamos personales: diez meses consecutivos de retroceso en términos reales.
- Tarjetas de crédito: baja real del 0,3% mensual y del 10,1% interanual en el saldo.
- Mora familiar: 12,9% sobre el total de créditos a hogares, según el BCRA.
- Costo financiero total: se ubica en el rango del 90% al 100% anual aun para clientes con buen historial.
- Créditos hipotecarios: saldo de 8,6 billones de pesos, con suba real del 3,1% mensual y del 36,1% interanual.
El tramo hipotecario, en cambio, presenta una dinámica distinta. De acuerdo con el relevamiento de First Capital Group, el saldo de los créditos hipotecarios llegó a 8,6 billones de pesos y mostró un aumento real del 3,1% mensual y del 36,1% interanual, una expansión que contrasta con el resto de la línea de financiamiento a hogares y que se sostiene, entre otros factores, por la indexación de las cuotas frente a la inflación y por la mayor previsibilidad que ofrecen los créditos atados al Coeficiente de Variación Salarial y a la inflación. La diferencia, según los analistas consultados, es que este segmento tiene respaldo de garantía real sobre el inmueble y menores niveles de mora relativa.
En términos de política crediticia, el cuadro completo muestra un sistema que se desabastece de fondeo en pesos, con tasas reales muy alejadas del costo de los depósitos y con una industria que prefiere reducir exposición a consumo antes que asumir el riesgo de profundizar los indicadores de irregularidad. Para el bolsillo, el resultado de esta combinación es un escenario donde acceder a un préstamo personal exige mejores requisitos y un costo más alto, el uso de la tarjeta de crédito se ve condicionado por topes más bajos y la única línea familiar con crecimiento real en el año es la hipotecaria.
Qué significa para el empleo
El retroceso del crédito a las familias tiene efectos indirectos sobre el empleo, dado que el consumo de los hogares es uno de los principales motores de la actividad económica y, por ende, de la demanda de mano de obra en sectores como comercio, gastronomía y servicios personales. Cuando el financiamiento se encarece, los plazos se acortan y el acceso se restringe, los hogares tienden a postergar compras durables y a reducir el gasto corriente, lo que puede traducirse en menos horas trabajadas, menor contratación temporal y, en los casos más extremos, en ajustes de plantilla en firmas dependientes del consumo interno. A la inversa, la expansión real del crédito hipotecario, aunque positiva, tiene un impacto acotado sobre el empleo de corto plazo, ya que su efecto dinamizador se concentra en construcción, materiales e inmobiliarias y tarda meses en trasladarse al resto de la economía. En síntesis, mientras el crédito a las familias siga contrayéndose en términos reales, el escenario laboral permanece sujeto a una restricción que limita la recuperación del consumo y, con ella, la creación sostenida de puestos de trabajo en el segmento privado asalariado.
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