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El gigante Art Déco que nunca fue palacio: así se vive hoy el Monumento a la Revolución de México

A 67 metros de altura, en pleno corazón de la Ciudad de México, se alza el arco triunfal más alto del mundo: una estructura que nació como Palacio Legislativo, quedó inconclusa por la Revolución y hoy es mausoleo, museo y mirador 360° sobre el Paseo de la Reforma.

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Diego RobertsTurismo · · 4 min de lectura
El gigante Art Déco que nunca fue palacio: así se vive hoy el Monumento a la Revolución de México

Te cuento algo que a mí me voló la cabeza la primera vez que lo vi de cerca: en la Plaza de la República, a metros del Paseo de la Reforma, se levanta un arco triunfal de 67 metros que es el más alto del mundo. Sí, leíste bien. Más que cualquiera de los que te puedas imaginar en Europa. Se llama Monumento a la Revolución y, como buen mexicano, tiene una historia llena de idas y vueltas que lo hacen todavía más interesante.

Lo que hoy ves terminado no se pensó nunca como monumento. Aquella mole de cuatro pilares y cúpula es el esqueleto del Palacio Legislativo Federal que la porfiriata mandó construir y cuya primera piedra se colocó en septiembre de 1910, justo cuando arrancaba la Revolución Mexicana. Las obras se frenaron en 1912, ya sin presupuesto, y durante casi veinte años la estructura quedó abandonada como un fantasma de hierro en medio de la ciudad.

De palacio inconcluso a ícono Art Déco

Entre 1933 y 1938, el arquitecto Carlos Obregón Santacilia tomó esa ruina moderna y la reconvirtió en lo que hoy conocemos. Rescató la cúpula y los cuatro pilares, les imprimió una estética Art Déco y les sumó cuatro grupos escultóricos, tallados por Oliverio Martínez, que representan la Independencia, las Leyes de Reforma, las Leyes Agrarias y las Leyes Obreras. El resultado es esa silueta tan particular, mitad fortaleza, mitad candelabro gigante, que ya es parte del skyline chilango.

Qué hacer cuando lo visites

  • Subir en el elevador panorámico hasta el mirador, a 65,7 metros, y 360 grados sobre el Paseo de la Reforma, el Ángel de la Independencia y la silueta del centro. Dato práctico: el ingreso al mirador suele estar alrededor de los 80 pesos mexicanos por persona, un precio muy accesible para la vista que te llevás.
  • Recorrer las ocho salas permanentes y una temporal del Museo Nacional de la Revolución, inaugurado en 1986, que recorre el período 1857-1920 con documentos, fotografías, banderas e insignias de la época. La entrada al museo es gratuita.
  • Bajar a las criptas donde descansan los restos de Venustiano Carranza, Francisco I. Madero, Plutarco Elías Calles, Francisco Villa y Lázaro Cárdenas. Es la cara más solemne del monumento, que funciona como mausoleo de figuras clave del siglo XX mexicano.
  • Animarte a descender hasta los sectores de cimentación del antiguo palacio, una visita guiada que muestra los cimientos originales y explica por qué la obra nunca se terminó.

Para llegar no hay pierde: la dirección es Plaza de la República s/n, alcaldía Cuauhtémoc, y la estación Revolución del Metro te deja literalmente a pasos de la entrada. Si vas en auto, hay estacionamientos en las calles laterales, aunque lo más cómodo es combinarlo con un paseo a pie por Reforma y el centro histórico, que están a tiro de piedra.

Dónde comer cerca, que es lo que todos preguntan

Si me hacés caso, después de la visita te sentás a recuperar energías en alguno de los clásicos de la zona. A pocas cuadras, sobre la misma Plaza de la República, funciona el Café La Habana, con su aire retro y unos tacos al pastor que son una institución. Si preferís algo más callejero, la zona de la avenida Bucareli, a cinco minutos caminando, está llena de fondas con tortas, quesadillas y tlacoyos a precios muy amigables. Y para cerrar con algo dulce, ningún mexicano te perdonaría que no pruebes un buen pan de muerto o un churro recién hecho en alguno de los locales cercanos. Me lo vas a agradecer.

Para tener en cuenta antes de ir

  • El monumento abre de martes a domingo, generalmente entre las 9 y las 17 horas, aunque conviene confirmar antes en la web oficial porque el horario puede cambiar por eventos o actos oficiales.
  • Llevá calzado cómodo: vas a subir al mirador y, si hacés la visita a las cimentaciones, también a descender varios metros bajo tierra.
  • Si viajás entre noviembre y febrero, una copa de abrigo liviano porque a 65 metros de altura siempre corre algo de viento, incluso en días cálidos.
  • Hay baños, tienda de recuerdos y espacios de descanso en la planta baja, así que es una visita apta para ir con chicos o con personas mayores.

Te lo resumo como se lo cuento a un amigo: es un monumento que resume en un solo lugar la historia convulsionada de México, con una de las mejores vistas de la ciudad y a un precio que no te deja excuses. Ahora bien, contame: ¿ya lo conocés o te sumo uno más a la lista para tu próximo viaje a la Ciudad de México? Yo, mientras tanto, ya estoy planeando cuándo vuelvo a subir.

DR
Diego RobertsTurismo

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