Gimnasia pasó el trámite, Lanús arrancó con el corazón lleno y el bolso vacío
El campeón debutó con un triunfo sin sobresaltos ante un Lanús que volvió a primera después de diez años y sintió el rigor de la máxima categoría.

La pelota subió al aire en el Rotili y, en un santiamén, ya volaba por 14 puntos. El viento no fue el único que sopló en Comodoro: el campeón salió a defender el título como quien defiende la última empanada del asado, con una intensidad que Lanús no pudo igualar en los primeros tres cuartos. El 92-74 final es la foto de un debut con dos lecturas: el visitante que llegó a sacarse la modorra del receso y el local que, de vuelta en la elite, recibió el cachetazo de bienvenida con la frente alta y el alma llena.
El primer cuarto fue un monólogo visitante. 26-12, con Marcos Chacón como martillo constante en el aro y una defensa que, parafraseando a mi vieja, no dejaba ni respirar. El segundo mantuvo el guion: otros 26 puntos del elenco de Favarel, con un Lanús que apenas si rascaba 15 y se iba al descanso largo con una mochila de 25 puntos bajo el brazo. A esa altura el partido tenía más suspenso que una serie de los lunes.
Los que se disfrazaron de figuras
- Marcos Chacón: 28 puntos, el francotirador de siempre, el que abre el aro como si fuera una lata de sardinas. El máximo anotador de la noche y de mi corazón.
- Gino Balbo: 15 tantos con oficio de veterano y una muñeca que todavía tiene cuerda para rato.
- Carlos Rivero: 13 con la solidez del tronco de un roble patagónico. Pintura asegurada, rebotes asegurados.
- Emiliano Toretta y Martiniano Dato: ocho por cabeza, la gasolina que necesitan los caballos pesados para no quedarse en boxes.
- Martín Franchino: 23 puntos del capitán granate, el que se puso el equipo al hombro cuando todavía tenía aire en los pulmones.
- Christian James: 17 puntos, el extranjero que vino a hacer ruido y no se calló.
- Junior Merchant: 11 tantos con esa mezcla de potencia y fineza que sólo algunos músculos largos entienden.
- Melvin Johnson: 10 puntos, un estreno discreto para un apellido que suele pedir más.
El tercer cuarto siguió por el mismo andarivel: 21-18 para la visita y asunto terminado. Recién en los últimos diez minutos, con el partido ya en el freezer, Lanús encontró el orgullo y se despachó con un 29-19 que sirvió más para maquillar el resultado que para modificar la historia. La hinchada local aplaudió igual, porque después de diez años en el sótano del básquet argentino, volver a la Liga es un golazo que se celebra aunque te metan cuatro en el clásico.
Los números del campeón son una hoja de ruta: 55% de efectividad en tiros de campo, 14 de 29 desde los tres (un 48% que es prácticamente anotar monedas al aire) y 26 asistencias que hablan de un equipo que todavía se divierte pasándose la bola. Eso, en una liga larga como la Liga Nacional, vale oro. Lo que debe sostener Gimnasia es exactamente eso: la defensa inicial que ahoga y la circulación de la mano que asfixia al rival. Lo que debe mejorar es la concentración cuando la diferencia se estira, porque en algún partido esa apatía del final se va a transformar en un susto con final en derrota.
Para Lanús el debut dejó dos mensajes. El primero, que los nombres están: Franchino sigue siendo el corazón, James tiene gol, Merchant promete y Johnson apenas se está sacando los zapatos. El segundo, que el salto de categoría se siente en los huesos. La defensa zonal visitante fue un tormento, y los 26 triples encajados en los primeros tres cuartos son una hernia de disco que el técnico deberá operar rápido si no quiere que la ilusión del ascenso se transforme en una larga temporada de golpes. La reacción del último cuarto, con 29 puntos, marca el camino: cuando el equipo se suelta y confía en su perímetro, compite. Eso hay que sostenerlo desde el primer minuto, no cuando ya no hay nada que perder.
Lo que viene
El 9 de octubre, en el mismo Rotili y otra vez con la localía como aliada, Lanús recibirá a Oberá Tenis Club, un rival de peso que suele complicar a los recién ascendidos. Será la primera prueba para ver si el último cuarto fue un espejismo o una promesa. Por su parte, el campeón sigue de gira y se cruzará con Peñarol en Mar del Plata, donde el clásico sureño siempre tiene más espinas que un rosal de octubre. Veremos si los de Comodoro siguen soplando fuerte o si el viento, por una vez, les sopla en contra.
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