Hábitos cotidianos para preservar la memoria: orden, descanso, movimiento y vínculos
Especialistas consultados por medios internacionales coinciden en que reducir la fragmentación de la atención, dormir entre siete y ocho horas, ejercitarse y sostener la alimentación y los contactos sociales pueden contribuir a cuidar la capacidad de recordar.

Florencia Pereyra, Sociedad y educación. La conversación sobre la memoria suele quedar asociada a la edad o a los fármacos. Sin embargo, un conjunto de recomendaciones difundidas por especialistas apunta a la vida diaria como terreno principal de cuidado. Organizar el día con menos interrupciones, sostener el descanso, moverse con regularidad, cuidar la alimentación, mantener el contacto con otras personas y aprender habilidades nuevas son, según los expertos, medidas que pueden favorecer el funcionamiento de la memoria en adultos de distintas edades.
Qué cambia: ordenar la atención para reducir el ruido cotidiano
Revisar mensajes mientras se conversa o se responde un correo obliga al cerebro a cambiar de foco de manera continua. Gary W. Small, director de terapias innovadoras de salud conductual de Hackensack Meridian Health, explicó a medios especializados que esa alternancia aumenta los errores y genera un nivel de estrés capaz de perjudicar la memoria de corto plazo. La propuesta pasa por introducir límites concretos: dejar el teléfono lejos durante una tarea, reservar horarios para consultar el correo y reunir los trámites administrativos en un mismo bloque, de modo de evitar la fragmentación permanente de la atención.
“Esa alternancia aumenta los errores y genera estrés que puede perjudicar la memoria de corto plazo.”Gary W. Small, director de terapias innovadoras de salud conductual de Hackensack Meridian Health
A quién alcanza: adultos de cualquier edad que conviven con pantallas
La indicación alcanza a personas de todas las edades que utilizan dispositivos móviles y trabajan con varias pantallas en simultáneo, una situación cada vez más habitual en la vida urbana y laboral. Sara Mednick, profesora de Ciencias Cognitivas de la Universidad de California en Irvine, señaló que el simple hecho de intentar recordar un nombre antes de buscarlo en el teléfono ya representa un ejercicio: ese esfuerzo activa el hipocampo y la corteza prefrontal, áreas vinculadas con la formación y la recuperación de recuerdos.
- Dejar el celular fuera del alcance visual durante una tarea concreta.
- Reservar momentos del día para revisar correo y mensajería, en lugar de hacerlo de forma continua.
- Agrupar trámites y tareas administrativas en un mismo bloque horario.
- Intentar recuperar un dato o un nombre por cuenta propia antes de buscarlo en el dispositivo.
Desde cuándo y por qué: descanso, movimiento y alimentación
El cuidado de la memoria se apoya también en el descanso. Mientras se duerme, el cerebro organiza lo aprendido durante la jornada, por lo que la recomendación habitual es dormir entre siete y ocho horas por noche. Mednick agregó que una siesta de unos 30 minutos puede contribuir a fijar información, como complemento del sueño nocturno y no como reemplazo. En paralelo, Small explicó que el ejercicio aeróbico aumenta el aporte de oxígeno y nutrientes al cerebro y favorece la producción de proteínas involucradas en la comunicación neuronal. Una investigación de la Universidad de Illinois siguió durante un año a 120 personas de entre 55 y 80 años: quienes caminaron rápido durante 40 minutos, tres veces por la semana, registraron un hipocampo un 2 por ciento mayor que quienes realizaron estiramientos y tonificación. En la mesa, los especialistas destacaron el patrón alimentario MIND, que reúne componentes de las dietas mediterránea y DASH e incluye cereales integrales, vegetales de hoja y pescados grasos, como parte del cuidado de la atención y de la capacidad de almacenar recuerdos. Por último, recordaron que las conversaciones cara a cara y el aprendizaje de una habilidad, como tocar un instrumento o estudiar un idioma, exigen escuchar, interpretar y sostener la atención, lo que completa el abanico de estímulos cotidianos que pueden colaborar con la memoria.
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