La aristocracia se mancha las manos: vuelve "The Gentlemen" con más barro, más ambiciones y menos caballeros
La serie de Guy Ritchie regresa con Theo James como un Eddie Horniman que ya no se hace el distraído: quiere expandir el imperio del cannabis, sacarse de encima a Bobby Glass y cruzarse con mafias europeas. Una segunda temporada más oscura, más ambiciosa y decididamente menos inglesa en las formas.

Les confieso algo: cuando era chica y visitaba a mis abuelos en el valle, me fascinaba esa idea muy británica del aristócrata que parece no enterarse de nada, ese señor de modales perfectos que habla del clima mientras el mundo se le incendia abajo. Por eso me enganché a "The Gentlemen" desde el primer episodio: era ver a ese arquetipo tan reconocible meterse de lleno en un negocio de cannabis con las manos cada vez menos limpias. Ahora, con la segunda temporada que ya está en pantalla, el cuadro se pone más turbio y más interesante. Y en galés, cuando algo se pone serio de verdad, decimos "difrifol" (peligroso, arriesgado), y esta temporada se gana la palabra.
Tres meses antes del hombre roto
La nueva entrega arranca con un retroceso: nos situamos tres meses antes de ese Eddie malherido, arrastrándose por un campo embarrado, que cerraba la primera temporada. Theo James vuelve a ponerse la piel del Duque de Halstead, pero el personaje que aparece en los nuevos capítulos ya no es el aristócrata que llegó casi por accidente al negocio de la familia Glass. A esta altura, Eddie está integrado al imperio cannábico, mantiene una relación cada vez más estrecha con Susie Glass y, sobre todo, tiene hambre de algo más.
Salir de las islas, aunque cueste caro
Esa hambre se traduce en un plan concreto: recuperar tierras alrededor de la finca familiar y llevar las operaciones fuera de Gran Bretaña. Para eso, Eddie tiene que moverse en una triple frontera donde las reglas no están escritas: el cannabis que empieza a ser legal, la política que se sienta a la mesa de cualquiera con dinero, y las alianzas con actores del crimen internacional. La serie muestra cómo el duque aprende en carne propia que los buenos modales, en ese mundo, se leen como debilidad. Y que acumular poder implica, inevitablemente, dejar de permitir que otros decidan por uno.
Bobby Glass, el patriarca que ya miró hacia otro lado
Uno de los ejes de la temporada es la tensión con Bobby Glass, el patriarca de la familia. Bobby está más concentrado en su despertar espiritual que en adaptar el negocio al nuevo escenario, lo que termina funcionando como un freno para las ambiciones de Eddie y de Susie. Es un choque de generaciones y de miradas: el viejo capo que cree haber encontrado respuestas más altas, y el heredero de guantes blancos que se está sacando los guantes a la vista de todos.
Llegan los europeos, y con ellos, más ruido
Para mover la trama hacia afuera, la temporada incorpora dos personajes que abren una puerta al crimen continental:
- Marco Moretti, mafioso italiano interpretado por Sergio Castellitto, que aporta peso y veteranía a la mesa de negociaciones.
- Cico Maldini, su colaborador, a cargo de Michele Morrone, que suma una cuota de imprevisibilidad y de amenaza más directa.
Con ellos, el universo criminal deja de ser un asunto de fincas y campos ingleses y se vuelve un mapa más amplio, donde las lealtades se negocian en otra lengua y con otros códigos.
Ritchie sigue fiel a su sello, pero aprieta la historia
Guy Ritchie no reniega de lo que mejor sabe hacer: el espectáculo visual, la violencia estilizada y un humor negro que funciona como mecanismo de defensa. Pero esta vez esas herramientas no son el fin en sí mismas, sino el vehículo para una pregunta más incómoda: qué le pasa a un tipo cuando empieza a ganar control sobre todo lo que lo rodea. La transformación de Eddie recuerda, sin citarlos textualmente, a esos recorridos clásicos del género donde el protagonista se aleja tanto de su punto de partida que la vuelta se vuelve improbable. Cuanto más poder acumula, más difícil parece la salida.
Al final de los nuevos episodios queda flotando una pregunta que a mí, personalmente, me dejó dando vueltas: hasta dónde puede llegar Eddie Horniman antes de que el costo de ese camino resulte irreversible. Si les gusta el género y no les asusta ensuciarse un poco los modales, mi invitación es simple: siéntense, pónganse cómodos y déjense llevar por este aristócrata que ya no pide permiso para entrar a ninguna habitación. La segunda temporada de "The Gentlemen" está dando que hablar, y merece ese rato frente a la pantalla.
Comentarios
0Todavía no hay comentarios. Sé el primero.
Seguí leyendo

Golpe a Marvel y el UCM: cancelan tres series esperadas de Disney+

Adiós al hombre que nunca se fue del todo: Chiche Gelblung y su última mañana de septiembre

Récord de ventas para Pokémon Scarlet & Violet pese a críticas técnicas
