La tarta de pollo que te salva la semana: cómo armar el relleno con lo que ya tenés en la heladera
Con carne ya cocida, unos cuantos vegetales y una tapa de masa se resuelve otra comida sin pasar por el negocio. Alternativas cremosas, combinaciones con choclo, opciones vegetarianas y una masa casera bien fácil para ponerle la firma propia.

Te confieso algo: pocas veces tiré el pollo que sobró del domingo. Y las que lo hice, me arrepentí al día siguiente, cuando abrí la heladera y encontré otra vez lo mismo que la noche anterior. Por eso, cada vez que me quedan restos de pechuga o de pata muslo, lo primero que se me viene a la cabeza es una tarta. Es de esas preparaciones que te sacan de un apuro sin pedirte nada raro: carne que ya tenés cocida, vegetales que están dando vueltas por la verdulera y una tapa de masa comprada o hecha en casa. Nada más.
Lo bueno de la tarta de pollo es que admite casi cualquier formato de cocción previa. Funciona con la carne hervida de la sopa del mediodía, con lo que sobró del pollo al horno del domingo, con esas presas que quedaron de un asado o con la pechuga que salteé rápida para los milaneses de los chicos. Toda va. Lo único importante, y acá viene el dato práctico que aprendí a fuerza de comerme alguna tarta seca, es prestar atención a la humedad antes de armar el relleno.
El truco para que el pollo no quede como suela
La carne cocida pierde hidratación con el correr de las horas, y se nota sobre todo cuando viene del horno o de la parrilla. ¿La solución? Cortarla en cubos o desmenuzarla y saltearla en la sartén con cebolla y un poco de morrón. Si durante ese paso ves que la preparación se está secando, agregale unas gotas de agua. Nada de litros: apenas un chorrito chico para que la carne vuelva a tomar cuerpo y quede tierna. Ese detalle, que parece menor, es el que separa una tarta jugosa de una que termina seca al primer mordisco.
- Calabaza asada más queso para un relleno cremoso que se integra perfecto con el pollo desmenuzado.
- Choclo amarillo con crema de choclo blanco, una combinación con distintas texturas y muy del paladar de los argentinos.
- Cebolla bien dorada como base para una versión austera, de pocos ingredientes y mucho sabor.
- Vegetales en tiras o en cubos, como zanahoria, espinaca, zapallito o morrón, para sumarle volumen a la preparación.
- Puré de berenjena, de morrón, de calabaza o de batata como cama del pollo, y queso, huevo o crema para unir todo.
Una masa casera que se hace con tres ingredientes
¿No querés usar la tapa comprada? Te entiendo perfectamente: a mí también me gusta cuando la masa tiene mi firma. La proporción que vengo usando es bien sencilla: dos tazas de harina por una taza de líquido, repartida mitad y mitad entre agua y aceite. Eso te da una textura más bien arenosa, que es lo que en una tarta de pollo porque no empacha y deja que el relleno sea el protagonista.
Y si te gusta meter mano, a la masa le podés sumar condimentos antes de estirarla: orégano, ajo en polvo, ají molido o unas semillas por encima. Ahí es donde la tarta deja de ser un aprovechamiento y pasa a ser un plato con identidad propia.
Ahora, el consejo final de siempre: una buena tarta pide un buen acompañamiento. Yo la suelo servir con una ensalada simple de hojas verdes y un vaso de vino tinto. Y si querés cerrar el día a lo grande, te recomiendo un restaurante de esos bodegones que sirven tortillas españolas con su relleno bien cargado, porque la idea es la misma, solo que en otro idioma. Buscá por tu barrio alguno con buena reputación y vas a ver cómo la tarta casera tiene primos ilustres en cualquier mesa del mundo.
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