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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Mesa chica: por qué los argentinos ahora piden menos, comparten más y fotografían todo

Cuatro cocineros porteños coinciden en un cambio de hábito que ya se ve en los restaurantes: porciones más chicas, menos alcohol, platos divididos para bajar el ticket y un celular que decide qué comemos antes de sentarnos.

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Diego RobertsTurismo · · 4 min de lectura
Mesa chica: por qué los argentinos ahora piden menos, comparten más y fotografían todo

Les cuento algo que confirmé charlando con varios cocineros de Buenos Aires: el argentino promedio come menos que hace unos años, gasta con más cálculo y lleva el celular a la mesa como si fuera un comensal más. No es una sensación, es lo que estos chefs ven servicio tras servicio, y pone en perspectiva cómo cambió nuestra forma de salir a comer.

Porciones más chicas, dieta y poder de compra

La primera observación es directa: las cantidades que se piden se achicaron. Dante Liporace, que maneja los espacios Trade Sky Bar, Trade Sky Club y su restaurante en Palermo, me dijo que esta reducción cruza generaciones. Por un lado están los comensales de más de cuarenta que cuidan la alimentación por razones de salud; por el otro, los más jóvenes que ajustan lo que comen según lo que les queda en el bolsillo. En los dos casos aparece la misma palabra: conciencia.

Yo lo veo en mi propia mesa: una cena con amigos hoy arranca con menos platos sobre el mantel y termina antes. Antes quedaba comida sobrante; ahora, casi nunca.

Menos alcohol, pero más variedad

El segundo cambio tiene cifras concretas. El Instituto Nacional de Vitivinicultura registró que el consumo de vino por habitante cayó un 32% en la última década: pasamos de casi 24 litros por año en 2015 a 16,1 litros en 2025. Lo que sube, en cambio, es el consumo por copa. Germán Sitz, que está al frente de varios restaurantes porteños, lo resume así: la copa permite tomar menos y probar distintas etiquetas en una misma salida. Para mí, que disfruto de un buen Malbec, es una buena noticia: variedad sin empacho.

Compartir para que el ticket alcance

El factor económico se nota en algo muy concreto: se comparte más. Liporace ve que cuando el motivo es el gasto, los comensales reparten entrada, principal y postre. Narda Lepes, de Narda Comedor y Kõnã Corner, precisa el detalle: lo más habitual es compartir entrada y postre, y el plato principal es lo que más se omite. Esto último me llamó la atención: directamente se saltean el plato fuerte. Algo impensado hace un tiempo.

En este contexto crecieron los menús con precio fijo. Sitz me explicó que un menú ejecutivo de valor claro reduce la incertidumbre y facilita la decisión de entrar. Y agregó un concepto que vale la pena tener en cuenta: un ticket alto puede sentirse barato si la experiencia lo justifica, y uno bajo puede percibirse como caro si no hay valor real. La vara cambió.

El celular ya decide qué vas a comer

El último punto es el más visible: el teléfono se metió en la experiencia desde antes de llegar. Muchos comensales ya saben qué van a pedir sin abrir el menú porque lo vieron en redes. Leo Lanussol, del restaurante Ness, me dijo que la estética se volvió central y que hay platos que se piensan para la foto. Lepes, en tanto, contó que hay gente que hace fila por un plato instagrameable, aunque también señaló que existen comensales que se desconectan del todo.

Lo que me queda dando vueltas es esta idea: la sobremesa, por ahora, sigue resistiendo. Aunque comamos menos, bebamos con más medida y juguemos a repartir los platos, el momento de quedarse charlando después del café parece intacto. Y a mí, que soy de los que se quedan hasta que cierran el local, esa me parece la mejor noticia de todas.

  • Recomendado para la vuelta de página: si te tienta un vino por copa en vez de la botella, probá hacerlo en una cena con amigos. Sale más barato, se conversa más y se comparan etiquetas.
  • Para el ojo clínico: prestá atención al menú ejecutivo. Es la manera más concreta de cuidar el bolsillo sin resignar calidad.
  • Para la próxima salida: elegir un lugar con algún plato fotogénico no es frívolo; es parte de cómo se evalúa hoy la experiencia.
  • Para la sobremesa: pedir el café y quedarse un rato más. Es el único hábito gastronómico que, según los cocineros, todavía no cambió.

PD: Si andás por Palermo y te queda un rato, yo te recomiendo terminar la noche en alguna esquina con buena milanesa con papas fritas y un vaso de vino de la casa. Cena simple, a la vieja escuela, y rendís homenaje a los hábitos que todavía valen la pena.

DR
Diego RobertsTurismo

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