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Nagoya puso a prueba a D1: el humanoide que guía pacientes y levanta platos en un hospital

A fines de agosto de 2026, un robot con inteligencia artificial desarrollado por la firma Zeals recorrió pasillos y comedores de un centro de salud japonés para evaluar su desempeño en tareas de atención y servicio. La experiencia abre la puerta a un desembarco masivo en oficinas y fábricas, con seguros y capacitación ya en carpeta.

BO
Benjamín OwenTecnología y ciencia · · 4 min de lectura
Nagoya puso a prueba a D1: el humanoide que guía pacientes y levanta platos en un hospital

Un hospital de la ciudad japonesa de Nagoya fue el escenario elegido para sacar a la calle a un robot con inteligencia artificial y ponerlo a trabajar en dos tareas muy concretas: orientar a los visitantes que llegan al edificio y retirar las mesas usadas en el comedor. La prueba se llevó a cabo a fines de agosto de 2026 y duró varios días, con el objetivo de medir cómo responde la máquina cuando se la saca del laboratorio y se la sumerge en la rutina diaria de un centro de salud.

El equipo elegido fue el D1, un humanoide fabricado por la empresa japonesa Zeals. Mide 129 centímetros de altura, se desplaza sobre ruedas y fue diseñado para moverse en interiores, donde los pasillos son anchos y los pisos son parejos. Dispone de una cámara que le permite reconocer rostros y de dos brazos mecánicos capaces de levantar hasta cinco kilogramos cada uno, suficiente para retirar bandejas y platos de una mesa de comedor. Su precio de lista arranca en los cinco millones de yenes, unos 32.000 dólares al cambio actual.

Cómo funciona el robot D1

  • Se apoya sobre ruedas con sensores que mapean el entorno, como cuando un auto moderno detecta las líneas del carril para no salirse.
  • Lleva una cámara frontal que funciona como sus ojos: identifica rostros y objetos para saber a quién saluda o qué mueble debe esquivar.
  • Sus dos brazos son como los de un brazo mecánico de cocina industrial: sostienen hasta cinco kilos y sirven para levantar bandejas o acercar objetos pequeños.
  • El cerebro es un modelo de inteligencia artificial que aprende con cada uso, por eso la empresa busca juntar 10.000 horas de operación antes de marzo de 2027.

Para Masahiro Shimizu, director ejecutivo de Zeals, el ensayo de Nagoya cumple una función doble. Por un lado, permite recolectar datos reales que sirven para entrenar al robot y mejorar su desempeño en futuras tandas. Por otro, busca confirmar que la máquina resulte útil en situaciones cotidianas y no se quede en una curiosidad de laboratorio. La empresa proyecta fabricar 100 unidades antes de marzo de 2027 y trabaja con distribuidores y socios que ofrecerán los equipos en modalidad de arrendamiento, una forma de pago habitual en Japón para maquinaria industrial.

La llegada de estos humanoides también obliga a pensar en la capacitación del personal que va a convivir con ellos. La compañía Kakuichi, con sede en la prefectura de Nagano y se dedica al acero y a sistemas de gestión energética, prevé sumar un D1 en abril de 2027, justo cuando se incorpore su camada de nuevos graduados. Con la ayuda de la firma Play Robotics, planea asignarlo a manufactura, ventas y otros sectores para que el equipo aprenda haciendo tareas reales. Su director ejecutivo, Riu Tanaka, sostuvo que ese despliegue requiere preparar antes a los empleados para que sepan sacarle provecho a la máquina.

Los seguros y el plan nacional

Otro frente abierto es el de los seguros. Mitsui Sumitomo Insurance se asoció con Zeals para lanzar pólizas específicas para los usuarios del D1. Masaki Oshiro, gerente de una sucursal de la aseguradora, identificó dos grandes familias de riesgos: los daños físicos que el robot pueda causar a personas o bienes, y las filtraciones de información que deriven de ataques informáticos contra el equipo.

Las pruebas en Nagoya se inscriben en una política más amplia del gobierno japonés, que fijó como meta alcanzar diez millones de robots con inteligencia artificial en funcionamiento antes de 2040. La meta apunta a cubrir el faltante de personal en hospitales y fábricas, un problema estructural por el envejecimiento de la población.

Qué falta para que llegue a la gente

Aunque el D1 ya puede guiar visitantes y retirar mesas en un hospital, todavía quedan varios pasos para que se convierta en un producto de uso masivo. La propia Zeals reconoce que necesita completar las 10.000 horas de operación planeadas y pulir el comportamiento del robot fuera de ambientes controlados, donde la iluminación cambia, el ruido sube y los visitantes se mueven sin aviso. A eso se suman la adaptación de los seguros, la formación del personal y la decisión de las empresas sobre si les conviene comprar el equipo o arrendarlo. Recién cuando esos engranajes encajen, un humanoide como el D1 podrá pasar de los pasillos de Nagoya a los de un comercio o una fábrica cualquiera.

BO
Benjamín OwenTecnología y ciencia

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